Qué ver en Dublín en tres días: Del Trinity College al Temple Bar. Los encantos de la vieja Dublín
Una de nuestras ciudades preferidas. La capital de Irlanda está en plena ebullición y cambia con una rapidez pasmosa. La apertura de nuevos espacios para los visitantes y la recuperación de los antiguos puertos recomiendan una revisita a una de las ciudades más vibrantes y divertidas de toda Europa. Esta pequeña guía dividida en tres días se inicia en el corazón histórico de la capital (ver iconos de color azul en el mapa). Dublín no es una capital al paso. Requiere su tiempo. El que quiera irse de aquí teniendo una idea sólida de lo que es esta ciudad debe pasar aquí tres jornadas. Y la primera la vamos a dedicar a explorar su casco histórico para ir descubriendo el porqué de su forma de ser. Y no hay mejor manera de acercarse a la idiosincrasia dublinesa que empezar por la efigie de una de sus heroínas populares.
Nosotros tuvimos la suerte de pasar aquí bastante tiempo (por eso nuestro inglés es como es) y de visitar la ciudad en varias ocasiones. Y siempre que pisamos la capital irlandesa nos vamos directamente a la esquina de Suffolk Street y Sant Andrews. Ahí se encuentra la Estatua de Molly Malone, una vendedora callejera de mariscos que murió de fiebres en un tiempo indeterminado… En 1880 una canción sobre su historia se convirtió de facto en el himno no oficial de la ciudad y Molly, una especie de leyenda urbana (no se tienen pruebas de que existiera) que define el espíritu sufrido y burlesco del irlandés. Se dice que, en realidad, los moluscos que vendía Molly Malone no venían del mar, precisamente y que murió de una enfermedad de transmisión sexual por su trabajo. Ya que estás aquí, entra en la Iglesia de San Andrés para empezar a disfrutar de los encantos de la vieja Dublín.
Una universidad y un libro.- El Trinity College (College Street) es uno de los iconos históricos más potentes de la ciudad. Este enorme complejo de claustros, bibliotecas, salones y aulas constituye la universidad más antigua del país y es una de las más prestigiosas de Europa. Y también es un reflejo de las tensiones históricas del país ya que fue fundada por ingleses para las élites protestantes de la isla: entre 1592 y 1790 la admisión de católicos estaba prohibida. Visitar el Trinity es otro de los obligados en cualquier viaje a Dublín, porque aquí se guarda una de las maravillas medievales más importantes del mundo: el Libro de Kells. La Biblioteca del College guarda este tesoro del siglo IX y ha creado en torno al volumen toda una experiencia inmersiva que incluye elementos multimedia de última generación y que culmina en el propio manuscrito iluminado, un evangelio donde la doctrina católica se combina con la riquísima e hipnótica iconografía céltica. La ‘Long Room’ de la biblioteca completa esta espectacular visita.
Desde el Tinity, la vieja Dublín se articula en torno a tres calles con solera: Grafton Street, Kildare Street y Merrion. En este barrio de gente con posibles vas a encontrar esas casas georgianas y victorianas tan características que en la capital irlandesa se expresan de manera alegre a través de sus puertas pintadas de colores chillones. ¿Qué ver en esta zona de la ciudad? Más allá de callejear e ir buscando en el suelo, por ejemplo, lugares donde se desarrolla esa obra magna que nunca hemos logrado terminar que es el Ulises (puedes ver una estatua de Oscar Wilde en la esquina noroeste de Merrion Square), recomendamos dos visitas: St Stephen Green, el parque más bonito de la capital y, sobre todo, el National Museum de Irlanda.
En busca de la Fíbula de Tara.- Cada vez que visitamos la ciudad nos pasamos por la sección de Arqueología del Museo Nacional de Irlanda (Kildare Street, 35). No lo podemos evitar. Este museo ocupa un gigantesco edificio de estilo clasicista y es de los mejores de su clase en toda Europa. Y es que lo que ofrece la historia del país no es poco. Nosotros cada vez que pasamos por aquí vamos como un tiro a ver una pieza que nos encanta: la Fíbula de Tara, un broche de plata dorada con incrustaciones de ámbar, cristal y oro que es una obra maestra de la iconografía céltica. Otras piezas notables son el Cáliz de Ardagh (siglo VIII), la canoa de Broighter y los hombres de las turberas, cuerpos de sacrificados que se conservaron de manera increíble en los pantanos. Las colecciones vikingas y medievales también son impresionantes.
El Castillo de Dublín y la Biblioteca Chester Beatty.- Por la tarde nos acercamos a Ship Street para ver uno de los monumentos más controvertidos de la capital irlandesa. Los dublineses aman y odian al mismo tiempo el Castillo de Dublín (Dame Street, 2). Esta imponente fortaleza que ha sido restaurado en profundidad se construyó en el siglo XIII sobre la vieja Dyflinn, el asentamiento vikingo que fue el germen de la ciudad. El castillo fue el epicentro de la dominación inglesa sobre Irlanda durante más de 700 años. Y por eso esa relación tan extraña que hay con estos muros que son casi contemporáneos a los primeros momentos de la invasión normanda de la isla (se inició en 1167 – 1177). Del castillo destacan su gran Torre del Homenaje (Record Tower) y la Capilla Real (neogótica del siglo XIX).
Otro gran hito de esta parte de la ciudad es la Biblioteca Chester Beatty (Castle Street, 2). Si eres amante del arte no dejes de visitar este enorme complejo que alberga una de las colecciones dedicadas a los textos sagrados de las diferentes religiones del mundo más grande del planeta. Es una maravilla que para los que gustan de estas cosas puede ser una trampa en la que las horas pasan sin darte cuenta. Su biblioteca es una de las mecas de los teólogos de medio mundo que vienen aquí a bucear en millones de textos de temática religiosa.
Una noche en Temple Bar.- Para terminar la jornada de paseo por el centro histórico de Dublín nos acercamos a la mítica Temple Bar, uno de los lugares más fascinantes y vivos de la capital. Las imágenes paradigmáticas de esta zona llena de pubs y pequeñas salas de teatro y conciertos es el propio The Temple Bar (Temple Bar, 45) que ha dejado de ser un pub para convertirse en un fenómeno turístico y cultural que trasciende su carácter de bar y The Auld Dubliner (Temple Bar, 25) con su icónica fachada cuajada de banderas. Ambos son lindos de ver por fuera y por dentro, pero hay otros pubs donde las masas son menos molestas como The Old Storehouse (Crown Alley, 3) o The Palace (Fleet Street, 21).
El Museo del Rock Irlandés (Curved Street).- Otro icono de Temple es el Museo del Rock Irlandés. En este país la música es una religión y el potente rock local, con monstruos de la talla de U2, The Pogues, The Cranberries o Thin Lizzy cuenta con su propio museo que es curioso de ver. Merece la pena.
Fotos bajo Licencia CC: Mike O'Sullivan; huggs2; Matt Davies; Paul Downey; Jenni Konrad; James Stringer; Aapo Haapanen; Fredseigenkijksewereld;
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