Ceuta: el Gobierno llega tarde y el PP va sin frenos
¿Se imaginan qué habrían pensado si un gobierno del PP o del PP y Vox hubiese dejado durante tres semanas a miles de personas malviviendo en una playa de Ceuta? Es de suponer que los partidos de izquierdas hubieran alzado la voz y criticado con vehemencia unas imágenes como las que hemos visto este agosto. La deshumanización en forma de chabolas improvisadas en la playa, con niños y niñas durmiendo donde podían o les dejaban.
El Gobierno no ha estado a la altura en Ceuta. La instalación de unas primeras carpas para atender a migrantes, 21 días después de que llegasen, prueba algo evidente y es que no basta con fotos de ministros reunidos con el presidente o un desfile de visitas a Ceuta para hacer unas declaraciones que aclaraban poco o nada. Durante muchos días su único propósito, a la hora de trasladar los mensajes en público, fue la de negar la evidencia, la de una ciudad desbordada.
Para empezar, aún no está claro por qué llegaron tantos miles de migrantes y, a falta de explicaciones convincentes, hemos deducido que la prioridad del Ejecutivo fue desde un principio evitar un conflicto mayor con Marruecos para así garantizarse su colaboración. Desde el cambio de estrategia, por no llamarle abandono, con el Sáhara, ese ha sido siempre el propósito del Gobierno y ni con el sospechoso espionaje con el software Pegasus al presidente y algunos ministros se cambió de opinión.
Todavía hoy no existe un cálculo oficial sobre la cantidad de migrantes que deambulan por Ceuta. El Gobierno de la ciudad habla de unos 10.000, una cifra que el Ejecutivo central sitúa en la mitad. Sean 10.000 o 5.000, si esto no es una crisis humanitaria, ya me dirán qué lo es.
Lo ha sido desde que llegaron y por eso el primer día debería haberse actuado. Pero no se hizo y tampoco sabemos por qué. Ahora parece que el Ejecutivo ha empezado a reaccionar de verdad, probablemente porque es consciente que la normalidad que prometió no ha llegado y, además, va para largo.
La ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, se ha instalado estos días en la ciudad para estar presente durante la operación para intentar desalojar la playa del Trampolín y trasladar a las personas que ahí malvivían a las carpas provisionales que se han instalado. Cama e higiene, es lo mínimo tras tantas jornadas.
Hay que felicitarse también por el plan para trasladar a 500 niñas a la península. Ellas son las más vulnerables entre los vulnerables. Unos voluntarios tuvieron que montar guardia de noche para protegerlas y vecinos del barrio del Príncipe improvisaron un refugio para resguardarlas. Médicos, también voluntarios, las atendieron. Eso ha pasado estos días en la España del 2026, la Europa del 2026.
¿Y qué hubiese hecho Alberto Núñez Feijóo si hubiese tenido que gestionar esta crisis? Si fuese verdad lo que le hemos escuchado habría incumplido la ley, algo que es irresponsable y delictivo. Porque su propuesta es una deportación masiva, sin tener en cuenta ni la situación personal de cada migrante, por ejemplo, si tiene derecho a asilo, ni tampoco la edad. Le gustase más o menos, si algún día llega a presidente tendrá el “deber”, por ley, de garantizar la protección de los menores migrantes. Lo saben bien sus presidentes autonómicos e incluso los consejeros de Vox que han metido en sus gobiernos. Y si no, se lo recuerda la Fiscalía de Menores, cuya labor es especialmente destacable.
El discurso de Feijóo y el de Vox en este ámbito, como en tantos otros, es cada vez más indistinguible, algo que más allá de tácticas electorales, teniendo en cuenta la cantidad de ciudadanos que apoyan sus recetas racistas, nos convierten en una sociedad más insensible y moralmente más cuestionable.
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