Los Botín encienden su Faro en la antigua sede del Banco Santander con el surrealismo de Leonora Carrington y la polémica Colección Gelman

Leonora Carrintong hubiese estado satisfecha porque el acto de inauguración de Faro Santander acusó cierto aire surrealista, como las obras de la artista que exhibe el espacio expositivo que se abre al público en el corazón del Banco Santander, la antigua sede de la entidad frente al Centro Botín, otro emblema de la marca de la casa que se inauguró en 2017. Tres protestas con pancartas reivindicativas para todos los gustos y los periodistas confinados en un salón del sótano del edificio, que solo vieron los discursos a través de una pantalla.

La apertura oficial ha hecho ruido en una mañana brumosa del norte preparada para recibir al rey Felipe. A las once de la mañana, de camino al museo, había tres concentraciones diferentes, lo suficientemente alejadas del epicentro para no generar réplicas auditivas a su Alteza Real y al resto de invitados que pasaron bajo el arco de la calle Martillo hasta la puerta de acceso al edificio, fuertemente custodiado por francotiradores en la terraza, el espectacular y habitual despliegue de seguridad que conlleva cualquier aparición real.

Frente a Hacienda ondeaban las banderas republicanas. Un furgón policial vigilaba de cerca a catorce manifestantes. Monarquía o democracia, rezaba la pancarta. A pocos metros rugía un coro de vuvuzelas sin partitura de la policía local de Santander que, paradójicamente, se manifestaban en el lugar menos acostumbrado, al otro lado de la pancarta, con la Policía Nacional, enfrente al grito de 'Viva el rey, viva España, Gema Igual nos engaña'. La alcaldesa de Santander se hacía, así, protagonista de la sonora pitada de los empleados públicos que representaban también el descontento de técnicos de servicios sociales, ordenanzas y vigilantes.

Además, frente a la Grua de Piedra, la tercera estación del viacrucis reivindicativo de la mañana en Santander. Una exposición alternativa sobre los otros cuadros que financia el Banco Santander, una ácida crítica protagonizada por tres ciudadanos y una pancarta estratégicamente sujeta a dos pilastras. Imágenes enmarcadas que denuncian lo que -en su opinión- pretende ocultar la creciente apuesta cultural de la entidad: la especulación inmobiliaria, la guerra y la crisis climática.

Con este aperitivo los autobuses de invitados -la familia Botín, Pedro Jota Ramírez y Antonio Garamendi, entre otros- descendían de los autobuses y accedían al edificio por la calle del Martillo, bajo el polémico arco que el juez ha ordenado reabrir al tráfico. Hoy seguía cerrado con unas vallas, para que los curiosos esperasen detrás de ellas a ver salir al rey, en esas clásicas imágenes de telediario.

A los medios de comunicación invitados a cubrir el acto se les dirigió al sótano una hora antes. Allí quedaron confinados, en un salón con catering y vistas a una pantalla en blanco. En ningún momento pudieron ver el museo, ni la terraza de la azotea -que ha elevado el volumen sobre la cubierta para abrir una cafetería escaparate con vistas a la bahía- donde los invitados disfrutaron de un cóctel. Por no ver, ni siquiera vieron al rey. Ni de refilón. Solo unos segundos -y de espaldas- a través de la proyección. En otro momento surrealista tuvieron que seguir a ciegas desde la planta -1 a lo que estaba pasando sobre sus cabezas en el piso superior. Arriba y Abajo, como la mítica serie de televisión británica.

Cuando empezó la proyección del acto no funcionaba el sonido, así que durante algunos minutos fue como ver una película muda, cuando un alumno de la Escuela de Música Reina Sofía tocaba el violonchelo. “Está interpretando la banda sonora del Titanic”, broméo un periodista en la sala.

Cuando comenzó a hablar la presidenta del Banco Santander ya se recuperó el sonido: “Aunque los Botin pasemos tiempo fuera de aquí, siempre volvemos a Cantabria”. Ana Botín recordó las reuniones de los domingos por la tarde con su padre Emilio en el 'consejillo', una de las salas del edificio, la sede central del banco. Confesó que les costó mucho tomar una decisión sobre el derribo de los despachos de su padre y de su abuelo. Dos soberbias estancias, de estilo británico que finalmente fueron sacrificados y que ahora se pueden ver a través de realidad virtual.

Tres colecciones para el Faro del Banco Santander

Era un edificio de muchas puertas y cerraduras -dijo- que estaba cerrado para la gente y que ahora se abre con Faro Santander. Un espacio expositivo que alberga la colección de pintura del Banco Santander, una muestra que es el resultado de más de 160 años de coleccionismo que tendrá una presencia permanente en el centro. Desde Lucas Cranach el Viejo, 'La predicación de san Juan Bautista' (1537-1540), a la pintura 'Soñé que revelabas', de Juan Uslé (2018), junto a obras de Tiziano, el Greco, Velázquez, Zurbarán, Chillida, Goya, Miró, Tàpies o Torner.

El reclamo de la inauguración es la Colección Gelman que trae a Santander -después de cierta polémica con el Gobierno de México por el tiempo que van a permanecer las piezas fuera del país- obras de Frida Kahlo, Diego Rivera, María Izquierdo, Rufino Tamayo, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Gunther Gerzso y Francisco Toledo, además de un fondo fotográfico que se podrá visitar hasta el 10 de enero de 2027.

El surrealismo de Leonora Carrington completa la oferta expositiva inaugural y mostrará en público 'Villa Pilar', un cuadro que la artista pintó en Santander en 1940 mientras estuvo ingresada en el polémico sanatorio psiquiátrico del doctor Morales. Precisamente esta pieza, rescatada de un trastero de Nueva York, pertenece a su familia y es la primera vez que se exhibe. Aunque en Santander este cuadro ya se había podido ver al alguna ocasión, cuando el propio médico lo exhibió en una charla en 'las Matildes', el popular Club de lectura del Centro Cultural Matilde de la Torre que dirige Marisa Samaniego.

Ana Botín evocó el origen del edificio, que data de 1795 y ha sido hotel y club de regatas antes de convertirse en la sede del Banco Santander. Su abuelo también modificó completamente el inmueble que, en realidad, son dos edificios distintos a los que conectó a través de un pasadizo que configuró un arco sobre la calle del Martillo, que después se bautizó como Marcelino Sanz de Santuoula. El primer Emilio Botín rehizo los interiores e incorporó sobre la azotea del edificio cuatro esculturas femeninas que representan la navegación, el comercio, la cultura y el arte.

El banco está próximo a cumplir 170 años. “Hemos crecido porque se tomaron decisiones difíciles”, subrayó la presidenta de la entidad. Mientras se transformaba la sede del Paseo Pereda, también se ha estado transformando el banco, apuntó. “Hemos crecido desde esta ciudad” -señaló- “y nuestra ambición es llegar pronto a los 500 millones de clientes”. “Quiero pediros a todos que os abrais una cuenta Openbank”, apostilló en línea con el impulso a la filial del Santander.