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Colección Gelman: por qué el patrimonio mexicano agita la cuenta atrás del nuevo museo de los Botín en Santander

Imagen parcial de la obra 'Diego en mi pensamiento', 'de Frida Kahlo, parte de la colección Gelman Santander.

Elsa Cabria

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El 20 de mayo de 2021, Ana Botín, presidenta del Banco Santander, puso lo que se llama primera piedra de la conversión de la antigua sede social del banco, inaugurado en 1923, en Santander. Vestida con chaqueta azul piscina y pantalón blanco, sonreía mientras mostraba una caja, a modo de cápsula del tiempo, con fotos de su abuelo, para presentar el proyecto: “Será un gran centro público de cultura, arte, innovación y tecnología, ocio y emprendimiento... Un espacio abierto a la ciudad de Santander y a Cantabria. Una forma de aunar, a nuestra manera, cultura y banca”, dijo Botín, en el edificio más característico del emblemático Paseo Pereda.

Alrededor de 10.000 metros cuadrados, de los cuales 3.000 serían para espacios expositivos. Una planta, para exposiciones del acervo de la Fundación Banco Santander, una inmensa colección con obras de Chillida, El Greco o Miró, entre muchos otros. Y otra planta, para exposiciones temporales, además de un restaurante y una cafetería, en la azotea, mirando a la bahía. Por la planta para exposiciones temporales han empezado, cinco años después de unas obras que se han alargado más de lo previsto, las complicaciones.

El proyecto del arquitecto David Chipperfield transformaría el antiguo banco, a solo 200 metros en línea recta del Centro Botín, el primer centro cultural de la familia en la ciudad, ubicado en medio del paseo marítimo. Entonces, se iba a llamar Espacio Pereda, pero en 2023, pasó a llamarse Faro Santander: “Este edificio es el mejor testigo de nuestra evolución como banco, desde lo que éramos hasta lo que somos”, dejó Ana Botín por escrito en su web oficial, tras el cambio de nombre.

Ana Botín, presidenta del Banco Santander, en el acto de la primera piedra de Faro Santander, en 2021.

Desde entonces, el edificio de una de las calles más paseadas de Santander, ha estado en obras y con su emblemático arco cerrado al paso de personas y vehículos. Pero mientras en Santander las críticas han venido por el exterior, por los cambios sobre la imagen de un inmueble protegido y las sospechas ya confirmadas de que no vuelva a haber tráfico rodado debajo del arco —pese a ser el paso de una línea circular de autobus de uso frecuente—; en México, el conflicto ha llegado por su interior, por parte de las obras temporales que se exhibirán en el futuro museo, “espacio museístico” o “espacio para el arte y la cultura”, como se le ha denominado también.

Todo empezó con un anuncio a inicios de 2026. El 21 de enero, la Fundación Banco Santander confirmó que pasaba a gestionar una de las colecciones privadas de arte del siglo XX más importantes de México, propiedad de la acaudalada familia Zambrano, que se expone actualmente en el Museo de Arte Contemporáneo del país norteamericano. En un comunicado, la fundación informó de que la colección Gelman “formará parte de la programación inaugural de Faro Santander y se mostrará en museos de todo el mundo”.

Desde ese momento, la colección en la que hay, por ejemplo, 18 obras protegidas de Frida Kahlo, pasó a llamarse “a largo plazo” Colección Gelman Santander. En un proceso seguido por la Secretaría de Cultura de México y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), la Fundación Banco Santander informó de que se encargaría de “la conservación, investigación y exhibición” de la colección que, en parte, se presentaría en Santander, además de en otros museos internacionales.

Protección del patrimonio mexicano

El anuncio desató una enorme polémica y dudas sobre la propiedad de las obras y sobre la temporalidad de la exposición de las piezas en el exterior. En México, aunque una obra sea de propiedad privada, puede tener un nivel de protección legal altísimo, como parte del patrimonio cultural nacional, con categoría de monumento artístico, circunstancia que limita el tiempo que estén expuestas fuera del país. Ese era el caso de varias de las 160 obras de la Colección Gelman Santander. Y el comunicado no dejaba claro cuándo regresaría la colección a México.

Durante los siguientes cuatro meses, los paseantes de Santander han visto cómo avanzaba la obra de Faro Santander. Caminaban ajenos, en su gran mayoría, a un conflicto que en México ha hecho que 400 personas vinculadas al mundo del arte mexicano firmaran para se hiciera público el convenio entre el Gobierno de México y el banco sobre el tiempo que estarían las obras fuera del país. Una polémica que obligó, a finales de marzo, a la secretaria de Cultura de México, Claudia Curiel, a informar de que “el convenio marco suscrito a cinco años es de conservación y supervisión, pero la Ley de Aduanas, para exportaciones temporales, obliga a regresar cada dos años”.

Después de estas declaraciones, la Fundación Banco Santander emitió un comunicado el pasado 3 de abril asegurando que, una vez la colección estuviera fuera de México, regresaría, como tarde, en 2028. Dato que ha tenido que ratificar de nuevo la presidenta del país, Claudia Sheinbaum, este mismo lunes.

El banco, a través de su fundación, quiso zanjar el conflicto en medio de la Semana Santa: “Reiteramos que ningún acuerdo suscrito prevé el cambio de propietario, ni el traslado definitivo de la colección a ningún punto fuera de México”. Pero, en este tiempo, ni la secretaria de Cultura del Gobierno mexicano ni el banco han hecho público el convenio alcanzado con la familia Zambrano como propietaria, ni tampoco si en algún momento el convenio planteaba un periodo prorrogable a los cinco años que indicó la secretaria de Cultura, como se ha denunciado en algunos medios de comunicación mexicanos.

Dudas sobre la inauguración

La inauguración de Faro Santander iba ser el 22 de junio de 2026, o así se había trasladado extraoficialmente. “Me hace gran ilusión anunciar que esta -la colección Gelman- será la primera gran exposición de Faro Santander antes del verano”, dejó escrito Ana Botín en la web de la fundación. Pero el comunicado oficial de la Fundación Banco Santander enviado el 3 de abril ha sembrado la duda, porque avanzó un acuerdo para alargar la exposición de la colección en el Museo de Arte Contemporáneo de México, en lo que parecía un gesto tras meses de tensiones: “Es un honor y una gran satisfacción para Fundación Banco Santander presentar con gran éxito la colección en el Museo de Arte Moderno de México antes de poder mostrarla en Santander este próximo otoño”.

La colección Gelman se llama así porque es el apellido del millonario matrimonio formado por Jaques y Natascha Gelman que creó, en origen, la citada colección, en la que hay obras de célebres artistas como Diego Rivera, María Izquierdo, Rufino Tamayo, José Clemente Orozco, Gabriela Iturbide y David Alfaro Siqueiro. De hecho, Diego Ribera realizó un retrato de Natascha Gelman que forma parte del acervo. La valiosa colección de arte pasó después a manos del principal asesor en arte de Natascha Gelman que, en 2023, la vendió a la familia Zambrano, que es de Monterrey.

Las incógnitas que el Gobierno mexicano y el banco han tratado de disipar sobre la colección han llegado a tal nivel que, hasta que en enero el banco anunció que gestionaría la colección y que se llamaría a largo plazo Gelman Santander, se desconocía que los Zambrano eran propietarios del conjunto.

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