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Pepe, ante la amenaza de un segundo desahucio a sus 74 años: “Los bancos venden dinero, no pisos”

Elsa Cabria

8 de octubre de 2026 21:22 h

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“No quiero ser una Maricarmen, hay muchas 'Maricarmenes', no quiero ser referente de nadie, es algo que me ha pasado a mí, pero no quiero ser un ejemplo, simplemente es una historia”. El que marca distancias con el desahucio que ha marcado la agenda de este septiembre en España, se llama Pepe. Su historia de vida incluye un largo proceso de desahucio que concluyó saliendo forzosamente de su casa a los 70. Ese año, se mudó a uno de los tres bloques de la calle Hermanos Calderón, que han pasado de alquiler asequible a manos de un fondo de inversión que presiona a los inquilinos con dos opciones: irse o comprar el piso.

A punto de cumplir 75, dice que tiene “fortaleza mental”, que la ha tenido siempre, pero mira fijamente para hacerse la pregunta que le gustaría no tener que plantearse, porque su contrato vence en 2028: “Tengo 74 años, imagina que me vuelve a pasar lo mismo”. Lo mismo es otro desahucio. Si se tiene que marchar, anticipa una respuesta: “Vamos a interpretarlo como que nos hemos comprado otro piso en otra zona”, cuenta.

Pepe nació en 1952, “en la zona de Torrelavega”. Casado y con hijos, trabajó toda su vida como agente comercial. Sentado en una silla alta de una cafetería del centro de Santander, habla a unos metros de la acampada por el derecho a la vivienda que resiste desde finales de septiembre en la capital de Cantabria. Está acompañado de un vecino de Hermanos Calderón, calle que queda a las afueras de la ciudad. Ambos viven en unos bloques que representan el primer caso masivo de compra de 107 viviendas por un fondo privado en Santander.

En 2009, Pepe y su mujer heredaron el 50% de un piso de sus suegros, el otro 50% lo heredó el hermano de su mujer. Entonces, trabajaba como autónomo y decidió pedir una hipoteca y puso su piso, en Santander, como aval para comprar la vivienda, y pagó a su cuñado. “En resumidas cuentas, arreglamos el problema de mi cuñado, pero el que me compliqué fui yo: la parte proporcional de él la perdí embargando mi vivienda. Pasó, salió mal”.

Era el inicio de la crisis del ladrillo, Pepe se quedó sin trabajo y, algunos meses, no pudo hacer frente al pago de la hipoteca. “Los bancos venden dinero, no venden pisos. Entonces, llegó el tocho”. Cuando dice “el tocho”, se refiere a la notificación de embargo: “Me tenía que ir. No tiene la culpa nadie, nada más que, quizás, yo por una mala gestión, y me vi ahí en medio”.

Los dos primeros meses tras la notificación, la fuerza mental que dice que le caracteriza, desapareció. “Me negué rotundamente a salir de casa, tuve una temporada que no me sentía cómodo, es que no veía ningún tipo de salida”. Durante esas cuatro semanas, evoca, tenía insomnio. Pepe se levantaba de madrugada a dar vueltas. “Y volvía a la cama... y volvía a la ventana... y vivía en un cuarto que hace un quinto... Ese malestar, esa sensación de impotencia, de todas esas cosas que te pueden ocurrir”.

“Arrastro los desahucios, pero estoy bien”

Pepe esbozó esas noches frente a la ventana durante la primera asamblea pública por el derecho a la vivienda que se organizó la semana pasada en Santander. Entonces, le ofrecieron el micrófono desde el Sindicato de la Vivienda de Cantabria, y dijo a la juventud presente: “Arrastro los desahucios, tengo mala suerte, pero hoy estoy bien. Estoy aquí por luchar por los jóvenes y ya más no me pueden quitar, ya me lo quitaron. No os dejéis intimidar por nada”.

Frente a la ventana, recuerda mientras toma un café junto a la plaza Porticada de Santander, tenía dos opciones: “Dar un paso atrás o un paso al frente”. Pero dio un paso atrás. Cuenta hoy que le ayudó su “extraordinaria” familia. Le recordó su carácter y algo más: “El banco te puede quitar la casa, pero no te puede quitar la familia”, le dijeron.

Su forma de actuar es “de carácter, de tirar 'pa'lante'. Yo no veo las dificultades, mientras veo una apertura de algo que hay una solución de algo, yo atajo siempre por ese lado”. Entonces, a través de un familiar, consiguió un empleo fijo en el departamento de ventas de una empresa. Y, en paralelo, contactó con la entonces incipiente Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH) de Cantabria.

Y, durante dos años, este hombre que se describe como “de derechas”, empapeló de carteles las cristaleras de varios bancos y cuenta que entró en ellos con la PAH a protestar por el derecho a la vivienda, porque “más allá de ideologías, hay derechos que hay que preservar”, defiende. “He colaborado con la PAH con todas las consecuencias.”

Pepe dejó de colaborar activamente con la PAH cuando inició el proceso judicial, en 2011, que se alargó una década. No logró salvar su casa. En 2021, doce años después de las noches frente a la ventana, se presentaron en su casa “seis u ocho personas”, no llamó a nadie de la plataforma para evitar el desalojo. “Ya te vas cansando de pleitear, ya no te sientes cómodo, la vida tiene otro sistema. La vida es para vivirla, para disfrutarla. Decir disfrutarla. Pensé: aquí tiene que parar todo”.

En Hermanos Calderón, “como un recién casado”

Entonces Pepe alcanzó un acuerdo con el juzgado. Su mujer y él se marcharon. Entró a vivir de alquiler asequible en los bloques de la calle Hermanos Calderón y poco después, se jubiló. Todo parecía que iría bien. Tuvieron que volver a comprar muebles para su nuevo piso. Adaptó una habitación como su despacho, “un rinconcito” donde dibujar y escribir. Se sentía, dice, “como un recién casado” por una razón: “porque ya piensas que esta casa es donde te vas a quedar. Ya dices: aquí ya hay calidad de vida, jubilado, calidad de vida y bienestar.”

Cinco años después, fue notificado de que su piso, como los otros 106 de alquiler asequible, pasaban a manos del fondo de inversión Mosaic Propco, junto con otros bloques en varias ciudades más. Entonces, “tras la alarma inicial”, se unió con sus vecinos en la Plataforma de Afectados de Hermanos Calderón. “Yo ya voy en grupo. Si tenemos que volver a cambiar, como te digo, pensaremos que nos hemos comprado otro piso en otra zona”.

“Ya estoy muy arraigado a la zona con mis vecinos, mis amistades, mi farmacia, mi médico, mi grupo de la partida, pensaba que ahí es donde me iba a quedar ya mis últimos días”.

“Indistintamente de las ideologías que yo pueda tener y respetando las ideologías que tengan los demás, el derecho de la vivienda es fundamental. Es un derecho que tenemos todos ciudadanos, el de derechas, el de izquierda, el de arriba y el de abajo”, dice Pepe convencido. “No hay que ser de izquierdas para ir a una manifestación como la del otro día. Soy respetuoso con todo el mundo y con los jóvenes, puesto que tengo familia joven, igual –en algún momento– te tienes que poner de lado, sí, pero respetándolos”.

Mosaic Propco carece de contacto directo para saber si contempla alternativas habitacionales para personas que ya han sufrido desahucios o si ha considerado mantener los alquileres asequibles en Hermanos Calderón. Así, elDiario.es ha trasladado estas consultas a Básico Living, gestora de los alquileres para Mosaic, que ha redirigido la consulta a su matriz Básico Real Estate, que ha declinado hacer ningún comentario. También se ha enviado las mismas dudas a la representante legal de Mosaic que aparece en las escrituras de la compraventa de los pisos, que trabaja para TMF, proveedor de servicios administrativos, que también ha declinado hacer comentarios.