ENTREVISTA
Jefe de Inmunología del Hospital Valdecilla y director científico del Idival
Marcos López Hoyos, investigador: “El cáncer no tiene cura, tiene control”
El director científico del Idival confía en que la investigación permita cronificar la enfermedad, al tiempo que no descarta la aparición de nuevos virus que afecten a las vías respiratorias como hizo la COVID
Marcos López Hoyos, inmunólogo y director del Idival. JFR
Al final nos vemos las caras. Recibe en su despacho del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, como hiciera cinco años atrás, en una primera entrevista, pero ahora sin mascarilla y sin el azote de la COVID golpeando a la puerta. Marcos López Hoyos es jefe del Servicio de Inmunología de este centro hospitalario en Santander y director científico del Instituto de Investigación Sanitaria Valdecilla (Idival). Ha dedicado mucho tiempo al estudio del virus que desató la pandemia mundial, pero en aquella primera conversación, él, como otros tantos, apenas conocía sus características. Ahora es un viejo conocido de la casa, que sigue mutando, pero ya no despierta el temor de entonces. Aunque no haya una amenaza inminente sobre el horizonte, López Hoyos no descarta la aparición de un nuevo virus infeccioso de las vías respiratorias. No obstante, la COVID ha dejado la principal herramienta para combatirlo: la vacuna ARN mensajero, una vacuna que, al igual que su especialidad, la inmunología, cada vez tendrá mayor protagonismo en la lucha contra el cáncer.
Doctorado en Medicina por la Universidad de Cantabria en 1997, este investigador se especializó en el Hospital Valdecilla. Su campo de trabajo ha sido el estudio de los mecanismos de tolerancia inmunológica implicados en las enfermedades autoinmunes y en el rechazo del trasplante de órganos sólidos. Ha presidido la Sociedad Española de Inmunología y, actualmente, es también profesor titular de Inmunología en la institución académica en la que se formó y dirige el proyecto Cohorte Cantabria, un estudio polivalente y multidisciplinar de medicina de precisión que pretende implicar a 50.000 ciudadanos en su campo de trabajo.
Se han cumplido recientemente cinco años del estado de alarma declarado por la pandemia mundial de la COVID. ¿Qué sabemos ahora que no sabíamos entonces?
Seguimos estudiando cuál ha sido la respuesta, qué tipo de memoria inmunológica ha quedado, porque está claro que, si en marzo de 2020 era un virus desconocido para el ser humano y no nos habíamos expuesto a él y no teníamos defensas, salvo la inmunidad natural o innata, ahora ya hemos estado expuestos, hemos tenido infecciones, nos hemos puesto vacunas y esto nos ha generado una memoria inmunológica. Este virus ya no es tan extraño para el ser humano y podemos responder.
Pero ahí sigue.
Sigue, pero ya no es un desconocido. Ya estamos inmunizados. El problema que podemos tener es que mute más, pero no se espera. Es un virus que muta menos que el de la gripe, por ejemplo. Pueden venir otros virus, no necesariamente coronavirus, pero sí que es cierto que van a venir virus infecciosos, sobre todo de las vías respiratorias.
¿Hay algún 'candidato' en el horizonte sobre el que prevenirse?
El candidato será cualquier virus que llegue por vía respiratoria. Sí que es cierto que se habla de casos de gripe aviar en Estados Unidos y estamos vigilantes, pero a día de hoy no hay ningún problema. En invierno es cuando tenemos más riesgo de infecciones virales respiratorias que ponen el sistema sanitario en tensión, pero no hay ahora mismo nada en el horizonte, aunque puede ocurrir en cualquier momento.
¿Y la COVID persistente?
Eso es otra cosa. La COVID de larga duración es el síndrome o el cuadro de secuelas 'postCOVID'. El 'long COVID' o 'COVID largo', como lo llamamos, produce sintomatología sobre todo en el ámbito neurológico, como 'niebla' o confusión y pérdidas de memoria, o cuadros musculares... Son secuelas de la infección.
Que existen, claro.
Sí, sí, existen. Existen, se están estudiando, hay grupos de investigación del 'COVID largo'.
Se lo comento por la derivada del reconocimiento de la enfermedad a la hora de recibir asistencia, cobrar prestaciones, bajas laborales...
Habrá cuadros que sean secuela de la COVID y cuadros que puede que no. Eso es lo que hay que investigar y definir los mecanismos patogénicos para poder saber cómo actuar sobre ello.
Una de las consecuencias de la pandemia fue el cambio revolucionario en la producción masiva de vacunas, sobre todo las de ARNm. ¿Cuál es su balance de este hecho?
Ha sido una de las buenas lecciones y de las cosas que hemos sacado en claro de esta pandemia. Las vacunas de ARN mensajero se llevaban estudiando más de 20 años con el objetivo de usarlas contra el cáncer. Hace posible producir en poco tiempo una vacuna a partir de la secuencia genética. Esto es aplicable al cáncer, porque la respuesta inmunitaria nos defiende contra el SARS-CoV-2, pero también frente al cáncer. Hay moléculas del tumor propias [de cada uno]: si somos capaces de reconocer la mutación en una persona en un cáncer, seremos capaces de generar una vacuna para generar los linfocitos que actúen contra ese tumor específico. Tras los millones de dosis puestas de ARNm hemos visto que es efectiva, porque nos han sacado de la COVID, y segura. Algo importante, porque había ciertos reparos éticos y de seguridad sin sentido, porque una vacuna de ARN mensajero no se integra en el ADN de las personas.
¿Se refiere a los que consideraban la vacunación como una transgresión del propio cuerpo?
Se ha demostrado que es segura y que así podremos tratar el cáncer, no solo otras infecciones.
¿Hasta qué punto serían específicas?
En principio, sería para las moléculas más frecuentes de un cáncer, pero es adaptable. De momento, hay ensayos preclínicos muy precoces, porque estamos en una fase muy temprana. La rapidez con la que se actuó contra la COVID fue debida a un momento en que todos nos dedicábamos a ello. Ahora hay otras actividades y la regulación y aprobación de una vacuna lleva su tiempo.
¿Qué más trajo la COVID?
La otra cosa buena que trajo, dentro de lo mala que fue, es darnos cuenta de que no se podían escamotear recursos en materia sanitaria ni en investigación. Aprendimos que teníamos que ser autosuficientes y que la investigación es importante. Fueron mensajes claros.
¿Y cómo afectó a la investigación en inmunología?
Está claro que, en la respuesta ante infecciones, se ha puesto en primer plano dentro de las líneas principales de investigación. La gente se ha dado cuenta de que la respuesta inmunitaria que proporcionaron las vacunas fue lo que nos salvó.
La gente se ha dado cuenta de que la respuesta inmunitaria que proporcionaron las vacunas fue lo que nos salvó
¿Cree de verdad que la población se ha concienciado o ya se ha olvidado?
Sí, hay quien se ha olvidado, pero ante cualquier amenaza reaccionará. Las vacunas nos han sacado de esto y me gustaría decir que, aun en las campañas de vacunación, todavía hay gente que no se vacuna.
También los sanitarios. ¿Por qué?
Los sanitarios, los primeros. No digo tanto de COVID, pero de la gripe, que ha mutado mucho, deberíamos vacunarnos. Y están los brotes de sarampión, que es una enfermedad que evitamos con la vacunación. La vacuna es efectiva si más del 90% de la población está vacunada. El no vacunarse es un acto de puro egoísmo. La inmunidad de rebaño hace que cada uno sea un escudo de los demás.
Volvemos a los defensores de la libertad.
Que el que habla de libertad me hable cuando tenga hijos y mueran de sarampión...
¿Está ocurriendo?
Hubo un caso famoso en Girona, pero ha habido más. Hay casos sobre todo en Estados Unidos.
¿En un mundo de fake news y 'conspiranoicos', ¿qué podría decir al ciudadano?
Que se base en los datos científicos y objetivos. Los que hablamos desde la base de los datos hablamos con ciencia, no con opiniones de barra de bar. Todo lo que hablamos y ponemos en marcha está en relación con la ciencia. Lo demás son opiniones. La ciencia se escudriña, lo debatimos todo... Se dice que a río revuelto, ganancia de pescadores.
¿En qué líneas de investigación trabajan en el Idival?
Trabajamos sobre todo con enfermedades inmunomediadas: las alergias, las enfermedades autoinmunes, las infecciones, incluso el cáncer. Mi grupo estudia mecanismos y biomarcadores de respuesta inmunitaria asociados a enfermedades. El sistema inmunitario participa en todas las enfermedades, por eso tengo relación con neumólogos, internistas, intensivistas, neurólogos, nefrólogos, psiquiatras... porque hay inflamación en cualquier órgano y la respuesta inflamatoria es una respuesta inmunológica.
Marcos López Hoyos, jefe del Servicio de Inmunología del Hospital Valdecilla.
¿Cómo se ha desarrollado esta especialidad?
Yo soy un afortunado porque empecé con la inmunología en el año 93, cuando se hablaba solo del sida y estaban los linfocitos CD4 y CD8 que producían inmunodeficiencia secundaria. No había más. En este tiempo he vivido el desarrollo de la inmunología, gracias a las herramientas tecnológicas, de genética molecular y de bilogía celular, he vivido la evolución de los conocimientos. Se han disparado. Ahora se conocen muchos subtipos de linfocitos y se conocen células de la respuesta natural de las que antes no hacíamos caso y ahora son muy importantes. Hemos aprendido a estudiarlas en el laboratorio para aplicarlas en el diagnóstico, a enfermedades inmunomediadas, incluso a los trasplantes. La neuroinflamación y la respuesta inmunitaria que pensábamos que no llegaba al cerebro ahora sabemos que llega.
¿Y el Alzhéimer?
Estamos encontrando mejores marcadores, que se hacen ahora en suero, en sangre. Está cambiando mucho el campo en eso y en la respuesta inmunitaria hemos comenzado a conocer muchos componentes que antes no conocíamos o no les dábamos importancia y que ahora aplicamos para el diagnóstico y la terapia.
¿Y cómo les reciben los colegas de otros departamentos?
Bien, colaboramos. Yo soy el director científico del Idival y tengo una visión panorámica de lo que se hace en el entorno de Valdecilla. Soy corresponsable de un grupo, junto al jefe de Reumatología, Ricardo Blanco, y de él forman parte reumatología, interna, intensivos, dermatología, nefrología, neumología e inmunología.
¿El cáncer tiene cura?
El cáncer no tiene cura, tiene control.
¿Se refiere a cronificarlo, como se hizo con el sida?
Exactamente. Hoy en día se vive con el sida y se maneja. Es casi imposible curar las enfermedades crónicas, lo que se hace es controlarlas. Se puede curar una enfermedad aguda, como una apendicitis o un trauma, pero las enfermedades crónicas e inflamatorias, no.
¿Por qué es tan importante controlar los mecanismos inflamatorios?
Sabemos ahora que la inflamación crónica de bajo grado es mala...
Estamos hablando de fumadores...
... Fumadores, obesidad, que es una enfermedad. La respuesta inmunitaria es el balandrista que se balancea y que está para defendernos de todo lo que es peligroso, y lo peligroso [extiende el brazo izquierdo] son las infecciones, los tumores y todo lo que sea tóxico para el organismo; pero al tiempo [extiende el brazo derecho] tiene que regularse por el otro lado de balandro, siendo capaz de responder y parar la respuesta en el momento adecuado. Hay una tercera función, que cada día conocemos mejor: donde se produce la inflamación es en nuestro organismo, el organismo es el campo de batalla, y la respuesta inmunitaria ayuda a reparar ese campo de batalla.
¿Qué línea de investigación atrae más su atención?
Lo que es muy importante hoy es que estamos tocando muchos brazos de la respuesta inmunitaria en numerosas enfermedades, pero sin un sentido patogénico o biológico. Sería bueno que desarrolláramos una medicina personalizada, de precisión, con biomarcadores para cada patología en cada momento, y saber qué tratamiento hemos de dar. Ahora que cada día tenemos más herramientas, tenemos que dirigir la medicina.
Una medicina muy sofisticada también es muy cara...
Está claro. Hay que invertir a largo plazo, pero se han descubierto cosas antes impensables. La enfermedad de Crohn, la colitis ulcerosa, por ejemplo, con un análisis de heces vemos un marcador y ya no tenemos que hacer un test invasivo. Otra cosa, estamos acostumbrados a hacer análisis de sangre, pero va a llegar un momento en que el estudio, por ejemplo de los anticuerpos, va a poder hacerse en saliva que van a evitar que la gente acuda al hospital o al centro de salud a sacarse sangre y recoja su saliva en casa y la mande en un sobre.
¿Y el papel de la medicina predictiva y la Inteligencia Artificial?
Esto está ahí. Ya se aplica en muchas cosas para el desarrollo de modelos predictivos a partir de IA.
¿Es fiable?
Como todo en la vida, estamos empezando. Hay que irlo puliendo y tener cuidado para saber lo que funciona y lo que no. Pero la IA aplicada a las imágenes se utiliza mucho en Radiología y en laboratorios.
¿Se prescindirá de lo humano?
No se va a prescindir por un motivo: porque al final llega un momento de interpretación y de uso. Todavía tiene que entrenarse mucho. Nos va a facilitar muchos procesos. ¿Se podrá prescindir? Sí, pero yo ya me habré muerto para entonces.
¿Una máquina va a poder decir: 'Va a tener usted esto dentro de tres años'?
Una máquina, sola, no. Durante mucho tiempo, el ser humano va a tener que estar para interpretar.
Le cambio la pregunta: ¿Un ser humano, con ayuda de una máquina, va a poder predecir una enfermedad?
Eso es lo que estamos buscando. En algunas enfermedades, ya existe. Y por eso cada día tenemos más enfermedades raras, porque estamos encontrando nuevas enfermedades o subtipos asociadas a cambios de marcadores o firmas genéticas. Ahora bien, en medicina nunca vamos a dejar una cosa de la mano: el contacto con el paciente. Cura más estar un rato mirando al paciente a los ojos y explicarle con calma, que ponerle 40 pastillas.
En medicina nunca vamos a dejar una cosa de la mano: el contacto con el paciente
¿Cuál ha de ser el papel de lo público-privado en la investigación?
Es fundamental. El sistema público no tiene dinero para todo.
¿Eso no orienta la investigación en direcciones más rentables económicamente?
No, porque también existe la investigación clínica independiente, que es lo que yo intento fomentar en el Idival. Lo importante de la relación con la industria es llegar a ser 'partner' de verdad y que nos necesite porque es una fuente de financiación para investigación independiente. Lo que yo quiero es que la colaboración con la industria nos sirva para posicionarnos como referencia y, además, esa relación con la industria permite el acceso a medicamentos que sería imposible financiar desde lo público. Lo que pasa con la inmunoterapia del cáncer ha venido de ahí. Es una relación que ha de estar reglada, negro sobre blanco, pero no pensar en ella como fuente de financiación exclusivamente, sino como oportunidad de colaboración para posicionarnos y proporcionar medicación a los pacientes que de otro modo no tendrían.
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