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El Prismático es el blog de opinión de elDiario.es/aragon. 

Las opiniones que aquí se expresan son las de quienes firman los artículos y no responden necesariamente a las de la redacción del diario.

Nuestra Cincomarzada

Imagen de archivo de la Cincomarzada

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Desde aquella “memorable jornada” del 5 de marzo de 1838 en el que la ciudad de Zaragoza se opuso a las tropas carlistas de Cabañero —y que de manera magistral analizó el historiador Raúl Mayoral—, la celebración de la Cincomarzada se ha convertido en la fiesta zaragozana por antonomasia. Enraizada en el ánima popular, el modelo festivo del Cinco de Marzo entronca con la sencillez rural del Sermón de las Tortillas de Teruel, de las roscas del Bajo Aragón o de las culecas del valle del Jalón: romper la rutina cotidiana, marchar en común a buscar el cobijo de un árbol o el calor del tibio sol de marzo, compartir condumio, reunirse y ser común. Este acto de irrumpir de manera colectiva en el espacio público, de apropiarse de la ciudad por parte de sus ciudadanos, permite que nos reconozcamos en el otro, que compartamos el orgullo de converger en la vecindad. En definitiva, el orgullo de ser zaragozanos y zaragozanas. Porque la Cincomarzada, inserta en el ámbito popular, no deja de ser una celebración colectiva de la vida, una exaltación de la libertad y de la ciudadanía. Un modelo festivo alejado de la creciente mercantilización del ocio, de la cultura del espectáculo o del recurso al artefacto turístico de fácil consumo. 

En la actual democracia española, una sociedad compleja y diversa se expresa a través de innumerables opiniones. Incluso, tal y como la actualidad refleja, la arena pública puede verse ensombrecida con discursos abiertamente racistas, homófobos y machistas. Es por ello comprensible que determinados sectores no compartan los valores de la Cincomarzada. Que no se sientan cómodos en esa celebración de lo común, en el festejo de las libertades ciudadanas. En definitiva, en la práctica de la democracia. Esto fue lo que hizo el franquismo en 1937, cuando el Ayuntamiento de Zaragoza, a instancias de la Central de Empresarios Nacional-sindicalista de Falange Española de las JONS, suprimió las celebraciones del Cinco de Marzo. Recuperada en 1979, la Cincomarzada es la fiesta zaragozana por antonomasia, distintiva de nuestra ciudad y de los valores democráticos de su ciudadanía. En este sentido, sería exigible que el actual Ayuntamiento de Zaragoza se comprometiera y apoyara de manera decidida una de las fiestas locales de mayor tradición y pluralidad. Y, del mismo modo, convendría que las fobias y desapegos de algunos no redundaran en la exclusión de los más. En definitiva, sería deseable que la cultura de la cancelación tan presente en determinados idearios excluyentes no acabe dañando esta exaltación colectiva de la libertad, la democracia y la ciudadanía que es nuestra Cincomarzada.

Gustavo Alares López, historiador y profesor en el Centro Universitario de la Defensa.

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