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“¡No está muerto quien pelea!”: el aragonés que sobrevivió a su fusilamiento en Valpalmas en el verano del 36

Julián Marco, rodeado de milicianos y carabineros, en una foto publicada en 'Mi Revista'.

Claudia Bandrés

21 de abril de 2026 23:01 h

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Cinco Villas orientales (Zaragoza), 28 de agosto de 1936. Pasadas las 5 de la mañana, un camión se detiene a un kilómetro de Valpalmas. Bajan varias personas, algunas de ellas armadas. Suenan disparos de fusil. Después, el silencio, que solo rompe el sonido del motor del vehículo al arrancar. El ruido se entremezcla con las voces de los hombres que se marchan en el camión, tarareando. En un rato volverán a por los cuerpos de las once personas a las que acaban de arrebatar la vida. Pero solo encontrarán diez.

Noventa años después, Camille Castro cruza los Pirineos, desde Pau, para averiguar qué fue de sus antepasados. Su bisabuela tenía 14 años cuando estalló la Guerra Civil española y sus padres decidieron mandarla a Francia. Victoria Marco Samitier, de Casas de Esper (Ardisa), no volvió nunca a vivir en su país natal, aunque sí vino a visitar a sus hermanos alguna vez. Uno de ellos, Julián, fue fusilado con 17 años pero sobrevivió. El empeño de Camille por conocer la historia de su familia —y la suerte de contar con fuentes escritas de la época— nos ha llevado a descubrir cómo fusilaron al hermano de su bisabuela, y cómo un cúmulo de circunstancias provocaron que salvara la vida.

Julián Marco Samitier se encuentra el 19 de julio de 1936 en la localidad de Piedratajada trabajando de jornalero. Los primeros días de sublevación fascista apenas se notan en este municipio de la comarca de Cinco Villas, donde lo único extraordinario que parece que va a suceder son las fiestas grandes que se van a celebrar unos días después. Por esta razón, se une a 25 compañeros y en una camioneta se trasladan a los pueblos cercanos con el fin de evitar lo que muchos y muchas llevaban días temiendo que ocurriera. Van a Gurrea de Gállego, donde los fascistas han fusilado a varias personas de izquierdas. Una vez allí, desarman a la Guardia Civil y montan guardia junto a varios vecinos. Los sublevados no se dan por vencidos y el 23 de julio la guerra llega a esta localidad altoaragonesa. Se desplazan siete camiones de fascistas con ametralladoras, morteros y cañones para tomar el pueblo. Los milicianos nada pueden hacer contra un despliegue de tal envergadura y, tras aguantar el fuego media hora, evacuan la localidad. Julián logra escapar, no sin antes ver cómo un compañero suyo cae, a su lado, inerte por una bala en la cabeza.

El lugar exacto, a menos de un kilómetro de Valpalmas, en el que se produjo el fusilamiento.

De vuelta en Piedratajada, los patronos aprovechan las jornadas de trabajo de Julián y sus compañeros para hacerse con el Ayuntamiento. Al cabo de un mes, la Falange del pueblo vecino de Luna llama a la puerta de Julián. El nuevo alcalde de Piedratajada lo ha denunciado y proceden a su detención. Tras tomarle declaración, le trasladan, junto a diez detenidos más, a los calabozos de Luna. Es 27 de agosto. Los once milicianos reciben la “escalofriante” noticia de que van a ser fusilados. Julián tiene 17 años y lleva unos meses afiliado a la UGT, motivo de peso para que quieran quitárselo de en medio. Haber ido a Gurrea de Gállego y enfrentarse allí a los sublevados tampoco favorece mucho a los once milicianos detenidos en Luna.

A las cinco de la mañana los meten en un camión y los llevan hasta el término municipal de Valpalmas. El vehículo se detiene a un kilómetro del pueblo. Los falangistas les hacen bajar mientras llega otro coche con el teniente de la Guardia Civil.

—“Todos abajo”, ordenó, haciéndonos caminar fuera de la carretera unos 10 metros o poco más. Entonces oímos la voz de “alto”. Volví la cabeza para mirar, pero en aquel instante nos estaban apuntando con los fusiles, y uno con voz de trueno gritó: “Fuego”—

Pero el destino tenía otros planes para Julián Marco Samitier. Unos meses después, de permiso en Barcelona, se cruzará con el periodista Gerardo Monge, a quien concederá una entrevista para Mi Revista que servirá para inmortalizar su historia y para que hoy descubramos cómo es posible salir vivo de un fusilamiento con tiro de gracia incluido. El joven se lanza al suelo antes de que le rocen las balas pero no las logra evitar en la segunda descarga: “Un tiro me atravesó el hombro izquierdo, quedando la bala de rebote incrustada en la cabeza”. Al acercarse para terminar de matar a sus compañeros, y descubren que seguía vivo. “Me dieron un tiro estando en el suelo y boca abajo, habiendo percibido perfectamente el correr del cerrojo, entró por el cuello y salió por la oreja. Me quitaron un portamonedas con quince pesetas y se marcharon en el mismo camión, tarareando una canción”, recuerda Julián. Cuando el motor del auto apenas se distingue, tambaleándose y lleno de sangre, se incorpora. “Miré, lleno de pena, a mis compañeros. Los llamé; pero todo en balde. Ninguno se movía”, explica el joven, y decide adentrarse en el monte. Al cabo de un rato caminando, escondido entre los pinos ve a un hombre al que hace señas.

Camille Castro, días atrás en Casas de Esper, cuando decidió rastrear su pasado familiar en las Cinco Villas.

La suerte sigue del lado de Julián, pues se trata de su hermano mayor, Joaquín, que lleva medio mes huido en el monte junto a otro compañero al ser llamada su quinta para combatir en el bando sublevado. Joaquín le hace una primera cura en la que le extrae, a punta de cuchillo, la bala de la cabeza. Permanecen 15 días más escondidos, uniéndose a otros que, igual que ellos, trataban de evitar una muerte segura no sin antes luchar. Mientras avanzan hacia territorio republicano, esquivando las patrullas que los buscan, Julián va sanando de sus balazos gracias al practicante de su pueblo, Ardisa, don Vicente Marión —padre del que años más tarde será alcalde de Benasque, José Marión—, quien a escondidas subía al monte a hacerle curas: así nos lo confirma Lorenzo Buen, testigo de más de un siglo de la historia de Casas de Esper.

Una noche, a la altura de ‘La Carbonera’ (en el monte de Luna), se les unen tres compañeros más: “Se habían enterado de que los fascistas habían fusilado a once de los nuestros, pero que al recoger los cadáveres encontraron diez solamente, faltando yo, a quien sañudamente buscaban”, indica Julián. A mediados de septiembre llegan a Santa Eulalia de Gallego y cruzan el puente, en poder de los republicanos, que los trasladan al cuartel general de Tardienta en el Frente de los Monegros. Esa misma noche se alistan en las milicias, en concreto en la Columna Del Barrio, centuria 12. En esos primeros meses de contienda, Julián se encontrará con otro periodista que ha cruzado el charco para contar de primera mano lo que sucede en España. “No está muerto quien pelea”, explicará al uruguayo Alberto Ethcepare, quien años más tarde publicará en su diario de la Guerra Civil: 'Don Quijote fusilado'.

Julián y Joaquín, tras ingresar en enero de 1937 en el Cuerpo de Carabineros, recorren España de frente en frente. Pozoblanco, Madrid, Teruel, Levante… Los Marco Samitier sobreviven a la guerra pero el 1 de abril de 1939 su batallón, el número 14 de Carabineros, se encuentra en Valencia. Los detienen a ambos; a Julián lo llevan a Barcelona, de ahí a Huesca, a ‘Las Capuchinas’ de Barbastro y a la Prisión Provincial de Zaragoza. Lo condenan a 6 años y un día de prisión mayor y a finales de 1941 le conceden la libertad condicional. Su hermano mayor Joaquín, sin embargo, no volverá a ser libre nunca más. A él le caen 12 años y un día de prisión menor que cumple en San Juan de Mozarrifar, donde morirá en 1942 de tuberculosis pulmonar.

Camille Castro recorre junto a nosotros hoy los lugares que una vez atravesaron sus antepasados. Casas de Esper, en Ardisa, donde pasaron sus primeros años, Valpalmas, donde su tío Julián sobrevivió al fusilamiento… Noventa años después, los y las familiares de las víctimas de la sublevación franquista en España siguen tras la pista de sus abuelos, bisabuelos y tíos, para descubrir, conocer, saber, y sobre todo, recordar a aquellos y aquellas que arriesgaron su vida por la democracia y la libertad.

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