Escuchar de verdad
¿Qué significa envejecer cuando el mundo no te escucha… o peor aún, cuando habla sin preocuparse de que puedas entenderlo? Quizás mi pregunta al aire suena fuerte, pero la realidad que viven miles de personas sordas es aún más cruda. Hay discapacidades visibles y otras que no se ven. Estas últimas comprometen mucho la calidad de vida de las personas. Entre otros obstáculos, deben enfrentarse a la falta de empatía de los demás. Créanme que contar con la comprensión de los demás no te libra de la discapacidad, pero sí “alivia sus síntomas”.
Una de estas discapacidades invisibles es la auditiva. Las personas sordas afrontan grandes barreras de comunicación, dificultades de acceso a la información y a la participación social. No las vemos. Rara vez oímos su voz y sus necesidades. Pero estos problemas se agravan con el envejecimiento. La reciente publicación de una guía para tratar adecuadamente a las personas sordas abre una puerta necesaria: la de reconocer que la sordera, especialmente en la vejez, sigue siendo una realidad invisible en nuestra vida cotidiana. Conocedora de esta problemática, la Confederación Estatal de las Personas Sordas (CNSE) ha elaborado la guía “Por un buen trato a las personas mayores sordas”. Un documento que pretende educar sobre el trato adecuado a estas personas, tanto en sus relaciones personales como con las instituciones. Sí, el ámbito público sigue olvidándose de las personas con sordera.
La guía supone un apoyo no solo para las personas sordas, para orientarlas en sus derechos y ayudarlas a detectar situaciones de discriminación y los recursos legales a su alcance, sino también para que profesionales de todo ámbito cuenten con herramientas para relacionarse con ellas. La publicación identifica formas de trato inadecuado que suelen pasar inadvertidas. Nos referimos a las microdiscriminaciones, el edadismo, el paternalismo, la sobreprotección, el infantilismo o el audismo, y muestra cómo se producen en ámbitos como el sanitario, los servicios sociales o la Administración. También incorpora herramientas concretas para evitarlos.
Las guías como esta son necesarias, pero insuficientes. De poco sirven si no van acompañadas de cambios reales, tanto de nuestras instituciones como de cada uno de nosotros en nuestra vida personal y profesional. Envejecer ya es un reto. La discapacidad no debería convertirlo en algo aún más difícil. Debemos asumir que la inclusión no es un gesto extraordinario, sino una responsabilidad cotidiana de todos. Solo así dejaremos de hablar de invisibilidad y empezaremos a escuchar de verdad.
Sobre este blog
No nos gusta la palabra “discapacitado”. Preferimos retrón, que recuerda a retarded en inglés, o a “retroceder”. La elegimos para hacer énfasis en que nos importa más que nos den lo que nos deben que el nombre con el que nos llamen.
Las noticias sobre retrones no deberían hablar de enfermitos y de rampas, sino de la miseria y la reclusión. Nuria del Saz y Mariano Cuesta, dos retrones con suerte, intentaremos decir las cosas como son, con humor y vigilando los tabúes. Si quieres escribirnos: retronesyhombres@gmail.com
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