Los universitarios que estudian fuera afrontan el curso más caótico: “¿Que me estoy yendo para nada? Probablemente”
Ya vivieron lo que fue tener que volver a casa en mitad del curso académico por un confinamiento inesperado, y aunque sus esperanzas estaban puestas en que la situación se arreglase para su vuelta a clase, septiembre les ha vuelto a pillar sin una planificación concreta sobre cómo será este año. Aún así, han tenido que hacer sus maletas, alquilar un piso con otros estudiantes e irse con la sensación de que puede que vuelvan a su comunidad autónoma en cualquier momento.
Ellos son los universitarios que viven fuera de sus casas. Aquellos que optaron, o no les quedó más opción, que estudiar fuera de su tierra y que ahora observan como meros espectadores lo que podría ser el curso más caótico de su vida. “Nos han dicho que intentarán hacer las clases presenciales, pero que todo dependerá de cómo vaya avanzando el coronavirus”, explica María Saiz (Santillana del Mar, 21 años), estudiante de cuarto curso de Contabilidad y Finanzas en Oviedo.
Y es que precisamente esta incógnita sobre si las clases serán mixtas, online, o presenciales es lo que les ha hecho aventurarse a alquilar un piso para todo el curso: “Espero que se mantengan las clases semipresenciales todo el año porque estudio una carrera totalmente práctica y esta sería la única forma de sacar adelante el curso de forma provechosa”, comenta Rubén Moral (Puente San Miguel, 19 años), estudiante de primer curso de Bellas Artes en Salamanca.
En el caso de Eva Alonso (Torrelavega, 20 años) ,estudiante de tercer curso de Finanzas y Contabilidad en Burgos ocurre lo mismo, ya que ella también prefiere las clases presenciales por su experiencia previa: “El curso pasado estuvo muy mal gestionado todo, de seis clases que tuve en el segundo cuatrimestre solo tenía dos online y el resto eran trabajos que ni se corregían. Al final así no aprendes”, sentencia la universitaria.
A diferencia de María Saiz y Rubén Moral, Eva Alonso todavía no ha recibido información expresa de cómo será el curso en su facultad, pero sí que tiene claro que si se produce un nuevo confinamiento o si se determina que las clases serán online, ella volverá a su casa en Cantabria. “No tiene sentido estar en Burgos pagando el alquiler si no puedo ni ir a la universidad, que al final es el motivo por el que he venido”, advierte.
María Saiz comparte su opinión y admite que intentaría anular el contrato por todos los medios: “Más que nada por la economía familiar”. Ella recuerda estas últimas semanas buscando piso como desesperanzadoras, y cuando se replantea su futuro cercano tampoco le faltan las incógnitas: “¿Que me estoy yendo para nada? Pues probablemente. Puede ser que en dos semanas tenga que volver a mi casa pero tampoco quería llegar al inicio de curso, que finalmente fuese presencial y no tener nada”, explica.
Por su parte, Rubén Moral reconoce sentir cierto miedo a la situación: “No saber lo que va a pasar me desconcierta, pero sí que sé que me quedaré en Salamanca en todos los casos porque tendría que seguir pagando el alquiler aunque me fuese”, afirma.
Así que lo único que parece claro es el inicio del curso, que para María Saiz ha arrancado el pasado día 10 y para Eva Alonso y Rubén Moral se pospondrá hasta la última semana de septiembre y la primera de octubre respectivamente. Eso y su traslado, lo que hasta ahora han escogido tomárselo con optimismo: “Prefiero correr el riesgo y aunque sea estar una semana dando clase presencial, eso que me llevaré”, concluye Eva Alonso.