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Verónica Bueno, artista: “Cuando me enfrento al lienzo en blanco, siempre voy buscando un poema”

Verónica Bueno Arroyo (Santander, 1976) habla de la pintura “como quien cabalga un animal salvaje”. Se licenció en Bellas Artes en el País Vasco, pero está plenamente arraigada en Cantabria. Influida por Lucian Freud y Francis Bacon, la artista dice haber encontrado en el expresionismo un lugar de absoluta libertad, donde puede explorar en su memoria, sobre su infancia, adolescencia o el dolor de las batallas perdidas. Ha sido galardonada con el premio al artista de Cantabria en el Concurso Nacional de Pintura de Villaescusa, en 2026, y cuenta con una trayectoria reciente que incluye muestras como 'Lo que quedará de nosotros', en Camargo, o su paso por espacios como el Centro Cívico Tabacalera. Bueno reivindica el momento actual de la escena cultural cántabra: “Nunca hay suficiente apoyo, pero las cosas van bien; se están posando los ojos incluso en las nuevas generaciones”.

El título de la exposición es 'Después de nada'. ¿Qué significado encierra esta idea y qué mensaje o sensación busca transmitir al espectador al contemplar esta serie de obras?

Uno se enfrenta a un lienzo con una libertad tremenda, y precisamente lo que hago de hace unos años para acá con el expresionismo es pintar emociones, muy lejos ya de buscar algo objetivo o que traslade un fragmento de realidad. Muy lejos de la figuración, lo que pretendo es cabalgar un poco a lomos de un caballo salvaje. Pintar emociones es apasionante, es un mundo que no tiene fin; creo que el lado más poético de la pintura y el expresionismo me da esa libertad que llevo buscando muchísimos años. Yo vengo de la figuración, como casi todo el mundo, y estoy ahora en un momento de control sobre la técnica, la materia, el gesto y sobre mí, por la propia madurez sobre mí —porque cumplir años también tiene ventajas—, y una va teniendo muy claro qué no quiere hacer o qué es lo que quiere contar en este caso. Siempre voy buscando un poema; eso significa que cuando me enfrento a un lienzo en blanco busco belleza, como casi todos los artistas: buscas componer algo que esté equilibrado y que esté contando algo de ti, pero que a la vez, cuando el espectador se enfrente a ella, encuentre algo de él también. La lectura tiene que ser muy abierta, y más con este tipo de pintura; si no es abierta, no me interesa tanto.

El dolor ayuda mucho a crecer

A lo largo de la historia se han creado infinidad de técnicas y estilos de pintura. ¿Por qué ha elegido el expresionismo para reflejar en su obra?

Yo llegué al expresionismo en 2020/2021, pasas por una universidad en la que se enseñan numerosas técnicas, yo ya sabía pintar, pero la licenciatura hace que pases por muchos sitios y que comprendas muchas cosas y esa formación ha sido importantísima. Creo que cuando tienes menos años buscas una validación, que la gente comprenda lo que haces y que tú mismo entiendas qué se entiende. Con el paso de los años creo que uno va buscando otras cosas, más profundas también y más filosóficas, tiene mucho que ver con lo que a uno le va pasando en la vida, con las vivencias, es muy importante vivir para poder contar. Y lo hago desde aquí por la libertad, porque hay mucho de memoria, hay un retorno a la infancia, al origen. Estas imágenes somos. Y pluralizo a propósito para que, en estas imágenes, pueda encontrarse mucha gente, creo que las obras no están hablando de mí, están hablando de casi todos. 

¿En qué imágenes, vivencias o elementos del entorno se ha inspirado para dar vida al universo repleto de belleza, color y sensibilidad que define tu trabajo más reciente?

Sobre todo me fijo en las que generan dolor —porque el dolor ayuda mucho a crecer—, en los miedos, en los vértigos de existir. Hay mucho de existencialismo en mis obras y en la de muchos autores. La filosofía está muy presente en la pintura, o debería estarlo; entonces, no hay una vivencia concreta, es decir, hay mucha ingenuidad de cuando uno es pequeñito, esos miedos, esos vértigos cuando uno entra en la adolescencia, esas batallas ganadas y pérdidas a lo largo de la vida. Mi obra va de todo eso. La exposición que tuve en La Vidriera en Camargo el pasado mes de diciembre-enero se titulaba 'Lo que quedará de nosotros'; es decir, siempre hay algo en mis obras y sus títulos que te recuerda que esto es un viaje, que en algún momento termina y que en alguna estación hay que bajarse. No por aferrarse a eso tan dramático —hay que llevarlo con cierta naturalidad—, sino porque es algo que yo tengo muy presente en mi día a día. No voy a conformarme con trasladar un bodegón a una tela en blanco; quiero ir mucho más allá. Tengo la necesidad de hacerme preguntas grandes y de buscar respuestas que estén a la altura.

En el plano técnico y conceptual, ¿cómo aborda la composición de cada cuadro? 

En esta etapa en la que estoy con frescura, con soltura, con la sabiduría que te da llevar pintando muchísimos años, con ese equilibrio que sabes que tiene que haber en una obra para que funcione, esa armonía y esa constante búsqueda de la belleza. La belleza tiene mucho que ver con el equilibrio, esas armonías que hay en la naturaleza o en el propio universo… Hay veces que abordo el cuadro en blanco y lo hago con tanta libertad que empiezo a manchar y genero unas masas y voy equilibrando con color y, a partir de ese fondo empiezo a trabajar y otras veces es al revés hay una idea principal que voy luego rematando con un fondo que procede meter. Siempre digo que se parece a componer una canción o hacer un poema. Componer una canción tiene que ver con hacer una obra de arte aunque en realidad son disciplinas distintas.

¿Es un proceso intuitivo basado en el uso del color o sigue una estructura previamente planificada?

El patrón que uso ahora, si me hubieras preguntado en 2016 la respuesta sería distinta, pero la forma de trabajar que tengo ahora es con una paleta más reducida, no hay tanto color, los colores que uso son complementarios siempre busco generar un máximo contraste en las obras… con los verdes y rojos, naranjas y azules, amarillos y violetas, hay una gama comedida y potente, un abuso en ocasiones de los grises y negros, que tanto me interesan, y que además forman parte del expresionismo por excelencia. 

La intención y el cuidado en que cada parte del cuadro está diciendo lo que quería que dijese. Es verdad que a veces hay accidentes en la obra porque el expresionismo es tan suelto que suceden cosas donde interviene el azar que a mí me interesan por eso en la tarjeta de bienvenida digo que en mi obra hay accidentes que llegan a tomar el mismo protagonismo que llegan a tomar el mismo protagonismo que la propia voluntad.

En cuanto a la técnica e inspiración que emplea. ¿Tiene alguna técnica favorita o se inspira en algún pintor?

Sí, yo siempre nombro dos: Lucian Freud, por cómo cuenta las cosas, lo que significa un cuerpo para él y Francis Bacon, por esa agresividad entre vías y ese abismo desde el que grababa su obra. Podría nombrar un montón de informalistas más, gente que con la materia ha conseguido contar tantísimas cosas.

¿Considera que las grandes infraestructuras culturales ayudan a incrementar el interés del público local por el arte o funcionan principalmente como un reclamo turístico?

Creo —y además hay que verlo así—, no puede uno verlo desde la desconfianza sin haber estado. Soy muy optimista y yo creo que la mayoría de personas estamos encantados; todo lo que sea bueno para Cantabria y para los cántabros es maravilloso. ¿Por qué apostaría yo? Por la cultura. ¿Se está haciendo? Creo que sí, estamos en un momento muy bueno; es decir, no se me ocurren grandes quejas, a título personal estoy muy agradecida, las cosas que están sucediendo en Cantabria son muy importantes. Yo me he topado con comisarios interesantísimos, se está apostando por autores cántabros, el Gobierno de Cantabria está especialmente sensible con estos autores que hemos nacido y estamos viviendo aquí, se nos presta mucha atención, se nos trata muy bien, yo estoy muy contenta. Faro Santander, en principio, creo que tiene que ser algo bueno —si no se demuestra lo contrario, deberíamos estar muy orgullosos—, y el otro proyecto igual (Centro Asociado Museo Reina Sofía-Archivo Lafuente), es decir, es bueno que estemos con los brazos abiertos. Muy extraño será que me decepcionen; no lo creo.

De manera paralela, ¿se debería apostar con más firmeza por el apoyo y la promoción de la creación local?

Nunca hay suficiente apoyo, pero las cosas van bien; se están posando los ojos incluso en estas nuevas generaciones. Hay mucho respeto a esta gente que está saliendo, hay personas que lo están haciendo realmente bien. Hay comisarios estupendos: Marta Mantecón, Raquel Martín o Jesús Alberto Pérez Castaños, éste lleva un montón de años exponiendo a gente casi desconocida —bueno, a mí me pasó, en 2020-2021 y, como a mí, está echando un cable a muchísimos artistas que han llegado muy lejos—. Hay una apuesta estupenda, y el Gobierno de Cantabria ahora mismo está muy activo: están visitando estudios de gente interesante y no mirando para otro lado. Es un gusto; yo espero mucho de ellos.

¿Disponen los creadores y artistas de Santander de suficientes espacios para desarrollar, investigar y exhibir su arte?

Aquí precisamente en La Tabacalera hay una fábrica de creación estupenda… No hay muchos lugares; a lo mejor había que encontrar alguno más, hacerlo aún más accesible, pero en este momento estoy viendo que están despertando cosas. Las respuestas son amables porque estamos en un momento bueno; yo tengo cierta ilusión y esperanza, y además una agenda muy activa: vengo a Santander muchísimo. Hay auténticos planazos, exposiciones interesantísimas y cosas que se están moviendo de muy buena manera. ¿Más locales? Sí, ojalá, claro que sí. Además, es importantísima la interacción de unos artistas con otros, la convivencia.