¿Amigos o seguidores?: cómo las redes sociales han cambiado la forma en la que los seres humanos entendemos ahora la amistad
Se suele decir que quien tiene un amigo tiene un tesoro, pero ¿y si este refrán popular no pudiese utilizarse en la sociedad actual? ¿Son nuestras relaciones de amistad más superficiales? O quizás ¿hemos cambiado la forma de relacionarnos a través de las pantallas?
Muchas de las plataformas, redes sociales y otras aplicaciones que han surgido con el auge de internet se crearon para fortalecer las amistades o mantenerse en contacto a pesar de la distancia y el tiempo. Sin embargo, parece que a medida que nos conectamos más en el espectro internauta, la soledad en la vida real cada vez es más patente.
A menudo, en redes sociales vemos cómo la gente comparte su vida, sus viajes, sus sentimientos, -tanto los de felicidad como esos días en los que la vida ‘se nos hace bola'- y la sensación es totalmente la contraria-. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando no tenemos con quién compartir aquello que nos sucede? ¿Son iguales las amistades creadas a partir de la red que las de la vida offline?
Mirian Checa, directora del Departamento de Ciencias de la Educación de la Universidad de Alcalá (UAH) y profesora titular del Área de Psicología Evolutiva y de la Educación en esta institución educativa, nos explica que hasta el momento presente “nunca habíamos tenido tantas posibilidades de conexión social”. Sin embargo, considerar a alguien nuestro amigo es algo que ha ido cambiando, sobre todo en edades tempranas.
¿Confundimos amigos con seguidores?
La necesidad de tener una amistad “ha existido siempre” para las personas, como seres sociales, sobre todo “porque es fundamental sentirnos parte de un grupo”. Construir lazos de amistad está patente en “todas las etapas evolutivas”, pero “sobre todo en la adolescencia, que es cuando estamos construyendo nuestra identidad y la importancia de las relaciones de amistad es clave”.
Sin embargo, Mirian Checa expone que las amistades en la actualidad no solo se producen en un contexto privado, “sino que son continuas y más visibles a esa exposición social, también más expuestas a la opinión de los demás”.
Algunas redes sociales como Facebook -cuyo principal punto de partida era conectar a personas que se habían conocido en el pasado y pudiesen mantener el contacto- hablan de ‘amigos’, sin embargo, otras como X o Instagram cifran en ‘seguidores’ y ‘seguidos’ aquellas personas con las que se supone que el usuario o la usuaria tienen una cierta reciprocidad, bien sea por el contenido que publican o porque han interactuado.
En edades tan tempranas, la identidad no está todavía construida, y tampoco aspectos fundamentales como la autoestima, que va a depender en gran medida de la validación social de los demás, o también el pensamiento crítico, fundamental para analizar con criterio los contenidos que visualizan en redes
Esta distinción no es algo aislado, pues tiene que ver con cómo están construidas esas redes sociales y cuál es el objetivo de cada una de ellas. Cada vez más, aquellas plataformas que nacieron con una motivación de crear redes de contacto están evolucionando a aspectos comercializables, donde el consumo feroz de contenido lo copa todo.
Llegamos a estas redes sociales y construimos un perfil conectando con personas que conocemos en el ámbito presencial, pero a medida que avanza el tiempo, también podemos crear lazos de amistad ‘megusteando’ o reaccionando al contenido que otras personas cuelgan en su perfil.
No obstante, hay que tener en cuenta que “puede ocurrir que haya cierta confusión ente el número de amigos o seguidores con el apoyo emocional real o las relaciones más profundas. Un gran número de seguidores dan, en ocasiones, una falsa sensación de conexión, que se puede traducir en sentimientos de soledad no deseada importante”, explica la docente.
Las redes sociales no aíslan por sí mismas, pero el problema aparece cuando sustituyen de forma excesiva los espacios presenciales
Para Mirian Checa, también hay que tener presente que desde la psicología evolutiva se estudia la importancia de la calidad de los vínculos, aquellos que favorecen el bienestar emocional de las personas: “Las redes posibilitan interacciones más rápidas, breves, donde la comunicación se realiza de manera más superficial”, señala.
Sin embargo, estas conexiones online son también necesarias en el caso de mantener amistades a distancia, “quizá si ha habido un cambio de residencia, o personas que viven en ciudades, pero también desarrollan su vida en entorno rurales, porque tienen un pueblo, y gracias a las redes se amplifica esa conexión y esa posibilidad de mantener el contacto”.
Cómo las redes están cambiando cómo nos relacionamos
La docente asegura que las redes sociales “nos permiten un contacto constante”, pero que esto también ha introducido diferentes dinámicas que pueden ser contraproducentes y que están cambiando cómo nos relacionamos con los otros.
Una de las tendencias más generalizas en los jóvenes es “la presión de que tenemos continuamente que contestar rápido”, un hecho que provoca ansiedad en las personas adolescentes, pero que también se extrapola a otras edades.
Nos encontramos en una sociedad dominada por la inmediatez y el consumo rápido, donde cada vez los niños y niñas comienzan antes a utilizar dispositivos electrónicos con acceso a internet.
Un mundo interconectado no necesariamente significa que los jóvenes se sientan acompañados
En la actualidad, desde el grupo de investigación que dirige en la Universidad de Alcalá están desarrollando el proyecto de investigación ‘Factores de Protección para un Uso Saludable de las Redes Sociales y el Teléfono Móvil en Adolescentes’, que plantea estrategias protectoras tanto personales como relacionales de las personas adolescentes para fomentar un uso positivo y responsable del móvil y las redes sociales: “En estas edades tan tempranas, la identidad no está todavía construida, y tampoco aspectos fundamentales como la autoestima, que va a depender en gran medida de la validación social de los demás, o también el pensamiento crítico, fundamental para analizar con criterio los contenidos que visualizan en redes”.
Para fortalecer estos elementos, Mirian Checa expone que el contexto familiar, el de los iguales y el escolar son claves para poder trabajar en ello y contribuir a la salud emocional de los jóvenes. “La comunicación en los hogares, el ocio offline, los hábitos saludables o fomentar el pensamiento crítico, que no crean que aquello que sale en redes siempre es verdadero”.
La importancia de gestionar el tiempo online y offline
A través de diferentes investigaciones, Checa nos cuenta que también están observando cómo los adolescentes se relacionan de manera “superficial”, donde no establecen vínculos prolongados en el tiempo que generen relaciones de reciprocidad y confianza, sino que la comunicación es en muchas ocasiones “una interacción rápida y muy breve”.
Estas relaciones comunicativas, en las cuales se expresan con un léxico más limitado “aunque no es algo generalizado, pero estamos identificando algunos factores que potencian que sus competencias lingüísticas se vean perjudicadas para hablar en público. Hay de todo, chicos y chicas que usan el móvil de forma responsable, pero otros que pueden estar hasta diez horas diarias con él y visualizando contenidos inapropiados para su edad”. Esto puede provocar que el adolescente, cuando tenga que enfrentarse a una conversación de la vida cotidiana a la que no está acostumbrado -como una visita al médico, donde tenga que contarle qué le ocurre, qué síntomas tiene, o hacer una determinada operación administrativa- no tenga las herramientas suficientes y cause en ellos frustración y malestar.
Es importante tener en cuenta que, las personas como seres sociales, “necesitamos interacciones presenciales, que nos miren, contacto físico, atención compartida…”, de manera que podamos sentir que formamos parte de un grupo. No obstante, Checa señala que es habitual ver a “grupos de adolescentes que se encuentran en un mismo espacio presencial, cada uno pendiente de lo que está ocurriendo en su móvil, o que incluso se comunican a través del teléfono estando al lado”.
Estamos identificando algunos factores que potencian que sus competencias lingüísticas se vean perjudicadas para hablar en público. Hay de todo, chicos y chicas que usan el móvil de forma responsable, pero otros que pueden estar hasta diez horas diarias y visualizando contenidos inapropiados para su edad
Aquí también entra en juego el FOMO -Fear of Missing Out-, término anglosajón que expresa el miedo a perderse algo o la ansiedad social que sentimos cuando comprobamos que hay personas que pueden estar viviendo experiencias más gratificantes que nosotros.
Lo importante de desarrollar las amistades a través de actividades offline, es que “nos miramos con nuestros amigos cara a cara”, porque en “un mundo interconectado, no necesariamente significa que los jóvenes se sientan acompañados”. Tener muchos amigos o seguidores en redes sociales y a la vez sentirse solo, es una “paradoja de la sociedad actual de la que estamos muy pendientes desde la psicología evolutiva”.
Mirian Checa apunta que “las redes sociales no aíslan por sí mismas, pero el problema aparece cuando sustituyen de forma excesiva los espacios presenciales”.