El castillo de Torija, joya mendocina de Guadalajara, que resurgió de las cenizas y es de los mejores conservados de España
Cuando en la Edad Media estallaba un conflicto, la estrategia, los vasallos y las fortificaciones se convertían en grandes aliados. Sin embargo, los castillos y fortalezas sufrían asedios que podían durar meses o incluso años, si la ciudad amurallada que los cobijaba contaba con recursos suficientes.
Este es el caso del castillo de Torija, una fortaleza construida a finales del siglo XV en el municipio homónimo de la provincia de Guadalajara. Según el profesor de la Universidad de Alcalá, Enrique Daza, “fue construido probablemente tras el asedio que el marqués de Santillana, Íñigo López de Mendoza, en asociación con el rey Juan II de Castilla, realiza en este enclave en el año 1452”.
Este asedio tenía como objetivo la expulsión de las tropas navarras que “se habían acantonado allí en 1445”, dentro del contexto de las guerras entre el Reino de Castilla y los infantes de Aragón.
Enrique Daza es investigador y profesor de Historia Medieval en la Universidad de Alcalá. En la actualidad forma parte del proyecto de investigación I+D+i ‘Pervivere. Del castillo al palacio: transformación, habitabilidad y pervivencia de la fortificación señorial’ que, coordinado por el profesor de la Universidad de Huelva Juan Luis Carriazo Rubio, aborda “los cambios arquitectónicos y funcionales de los castillos al final de la Edad Media” desde una óptica interdisciplinar, abordando múltiples perspectivas y visiones; también forma parte del proyecto ‘Atlas virtual del patrimonio histórico de las órdenes militares en Castilla-La Mancha (siglos XII-XVI), que está coordinado por el profesor Jesús M. Molero García desde la Universidad de Castilla-La Mancha.
La Casa de Mendoza y sus principales exponentes
Esta casa nobiliaria tiene sus orígenes en el municipio homónimo que se encuentra en la actual provincia de Álava. Comienza como una familia de hidalgos, aunque posteriormente van adquiriendo más privilegios y títulos nobiliarios como el marquesado de Santillana, el ducado del Infantado o también cargos eclesiásticos.
Enrique Daza señala que se trata de una nobleza “más cortesana, alejada de los preceptos de la nobleza tradicional castellana anterior, que estaba mucho más vinculada al territorio y al ejercicio de la guerra como motor social”. Es por ello que, a partir de este momento en el que “los nobles empiezan a generar sus propios estados señoriales” donde surgen personajes que amplían sus miras hacia la cultura, convirtiéndose en escritores, mecenas y literatos.
Entre los principales exponentes de esta casa nobiliaria están Íñigo López de Mendoza, primer marqués de Santillana, como militar, estratega político y poeta que introdujo el soneto italiano en la literatura castellana; también su hijo, Pedro González de Mendoza, más conocido como el ‘Cardenal Mendoza’, que fue arzobispo de Toledo y durante la época de los Reyes Católicos fue considerado el “tercer rey de España” por su gran influencia.
De igual manera, el primer duque del Infantado, Diego Hurtado de Mendoza, -que era hermano del cardenal- y fue un “personaje clave para la implantación del linaje en Guadalajara” a pesar de que la ciudad “siempre mantuvo su condición de realengo” -dependencia directa de la Corona-.
De la Casa de Mendoza, también hay que mencionar mujeres que tuvieron un papel relevante en la Historia y que consiguieron romper barreras como liderar un ejército o bando, así como gozar de la confianza y respeto del rey.
De esta familia, por una de sus ramas, desciende también María Pacheco, la denominada ‘Leona de Castilla’, líder del movimiento comunero en Toledo durante la Guerra de las Comunidades contra el rey Carlos I.
De esta familia, por una de sus ramas, desciende también María Pacheco, la denominada ‘Leona de Castilla’, líder del movimiento comunero en Toledo durante la Guerra de las Comunidades contra el rey Carlos I
Otra de las grandes mujeres es Ana de Mendoza de la Cerda, duquesa de Pastrana y princesa de Éboli, que llegó a ser una de las personas más influyentes en la corte del rey Felipe II, por tener una política de “España abierta” en contraposición con el duque de Alba, aunque asumió un triste final tras verse envuelta en diferentes intrigas palaciegas.
Evolución del castillo de Torija
Daza asegura que la incorporación de Torija al patrimonio mendocino, “no solo supuso la construcción del castillo que hoy contemplamos, también se efectuó un nuevo proyecto urbanístico que implicó la creación de un espacio organizado con un trazado de calles regular”, rodeado de una nueva muralla que estaba dotada de puertas.
El investigador nos cuenta que de las fortificaciones previas al asedio que se encontrasen en el emplazamiento “hoy por hoy no hay datos materiales”, y que en las excavaciones arqueológicas que él dirigió en el año 2005 en el interior del propio castillo “no aparecieron restos vinculados a ese asedio, ni ningún tipo de fortificación anterior”.
Un misterio que por el momento está sin resolver, ya que detalla que la documentación escrita a la que ha tenido acceso “nos habla de que existía una casa fuerte en Torija desde finales del siglo XIV, vinculada a los primeros procesos de señoralización en la zona”.
Enrique Daza apunta también que, aunque en el “acervo popular se ha idealizado la presencia de un castillo más antiguo, ya una torre de época andalusí u otra fortificación realizada por la Orden del Temple”, en la actualidad no cuenta con apoyo documental “por lo que debemos mantenerlo en el plano de la leyenda”.
El investigador de la Universidad de Alcalá expone que se trata de un castillo que estaba pensado para contener un espacio palaciego donde las funciones defensivas quedasen relegadas frente a las habitacionales: “Es un edificio con funciones de palacio revestido de un lenguaje arquitectónico fortificado, con torres, foso, barrera, algunas bocas de tiro y una gran torre del homenaje”, que según detalla Daza se trata de “una de las manifestaciones de mayor interés para significación del linaje”.
En otras palabras, el castillo de Torija cuenta con elementos con “mayor carga simbólica que defensiva”, donde están previstos “más para ser vistos e imponer que para hacer frente a un asedio”.
Daza apunta que fue habitado puntualmente por los condes de Coruña, también vizcondes de Torija, desde finales del siglo XV, siendo el primero Lorenzo Suarez de Figueroa y Mendoza, hijo del marqués de Santillana. Sin embargo, a partir de finales del siglo XVI se convierte en una residencia secundaria: “En ese momento la nobleza se ve atraída por la corte de Madrid y prefiere residir allí”. A pesar de ello, la documentación muestra que el edificio estaba “perfectamente mantenido y provisto”.
Continúa en buenas condiciones hasta el siglo XVIII, donde “algunas fuentes lo consideran parcialmente abandonado” y ya un siglo después, durante la Guerra de la Independencia el edificio es ocupado por parte de las tropas de El Empecinado, militar y héroe que derrotó varias veces a las tropas napoleónicas. Daza señala que este militar “ordenó volar la torre del homenaje para que las tropas francesas no usasen el castillo con fines tácticos. Quedó partida a la mitad, desde la terraza hasta los cimientos y es así como queda retratada en diversos grabados del siglo XIX y fotografías del XX”.
El castillo tenía un estado ruinoso durante las primeras décadas del siglo XX, incluso durante la Guerra Civil fue utilizado como almacén de pertrechos de las tropas. Enrique Daza señala que al ser “muy visible” desde la autovía A-2, existió entonces un “interés por parte de las administraciones en la restauración del castillo por cuestiones turísticas”. En la década de 1960 fue restaurado con el proyecto del arquitecto José Manuel González-Valcárcel, que recompuso los parámetros exteriores y le dio el aspecto con el que cuenta hoy, siendo uno de los mejores conservados de España.
Daza explica que el interés de la reforma “solo se centró en el aspecto exterior, quedando el interior vacío”, hasta que entre los años 2005 y 2009 la Diputación de Guadalajara, como propietaria del edificio, le dio un nuevo uso, dedicándose como Centro de Interpretación del Turismo de Guadalajara (CITUG).
Los Mendoza como mecenas del Renacimiento en Guadalajara
La Casa de Mendoza ha estado ligada a la actual provincia de Guadalajara desde el final de la Edad Media y “su legado es perceptible a lo largo de toda la provincia como promotores de castillos, iglesias, conventos y como mecenas de diferentes empresas artísticas”.
Para Daza, la “huella indeleble de los Mendoza está ligada al primer Renacimiento que recaló en Castilla, lo que ha generado mucho interés”. El sábado 14 de marzo, se celebrará en Cogolludo (Guadalajara) una jornada de divulgación, organizado por el área de Historia Medieval de la UAH y la Fundación General de la misma universidad, titulado ‘Cogolludo en el inicio del Renacimiento en España’.
Comenzará a las 10:30 horas en el salón de actos del Ayuntamiento, primeramente con una introducción histórica a cargo de la catedrática en Historia Medieval de la UAH, María Dolores Cabañas; seguidamente el programa continuará con la ponencia ‘Cogolludo antes de los Mendoza’, impartida por el profesor e investigador de la UAH, Plácido Ballesteros.
A las 12:00 horas, Enrique Daza tomará la palabra en la ponencia ‘Los Mendoza, constructores de fortalezas’, y a las 13:00 horas será el turno del catedrático Manuel Pérez, que impartirá la charla ‘El Marqués de Santillana: una figura literaria en el umbral del Renacimiento’.
Tras un descanso, a las 17:00 horas tendrá lugar la conferencia ‘Ornamenta Domus Aureae, el arte de los Mendoza en tierra de Cogolludo y Guadalajara, efectuada por el cronista Antonio Herrera, y finalizará a las 18:00 horas con la ponencia ‘Nuevas tecnologías para la difusión del Patrimonio’, a cargo del profesor de comunicación audiovisual de la UAH, Julián de la Fuente.
Enrique Daza anima a asistir a esta jornada, ya que “debemos tener en cuenta que los Mendoza, junto con los Medinaceli, van a propiciar la entrada de las ideas y formas artísticas del Renacimiento en Castilla, y que Guadalajara como solar de los Mendoza, es el espacio donde ha quedado grabada esta primera huella de la recuperación de las formas del mundo clásico en el final de la Edad Media”.
Los interesados e interesadas en inscribirse para asistir a la jornada pueden hacerlo a partir de este enlace rellenando el formulario.