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GUADALAJARA

Amador Méndez o el maquis en el Alto Tajo, (casi) el último reducto de la guerrilla antifranquista en España

Al finalizar la guerra civil española, decenas de soldados republicanos se refugiaron en los montes y en las zonas montañosas para huir de la represión franquista. El maquis ejerció como una especie de resistencia al nuevo régimen dictatorial que comenzó a instaurarse a partir de 1939 en España.

La guerrilla antifranquista es un fenómeno relativamente conocido en Castilla-La Mancha, pero no tanto en la provincia de Guadalajara. La comarca del Alto Tajo concentró la presencia de estos grupos bajo el paraguas de la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón (AGLA), la mejor organizada de todas, que se mantuvo en activo en las sierras de Cuenca y Guadalajara hasta 1952, cuando fue disuelta por el líder del Partido Comunista (PCE), Santiago Carrillo.

Entre 1939 y 1952, el hoy parque natural y la zona montañosa del Alto Tajo, entre Guadalajara, Cuenca y Teruel, sirvieron de refugio y escenario operativo para los maquis o guerrilla antifranquista. Aprovecharon la orografía escarpada de hoces, barrancos y bosques para la resistencia armada, el enlace y la supervivencia clandestina.

El historiador e investigador Benito Díaz Díaz es uno de los estudiosos de este movimiento guerrillero, tan desconocido como complejo. Con varios libros publicados sobre este fenómeno en la comunidad autónoma, que abarcan también su actividad en zonas como Ávila o Extremadura, acaba de pasar por el municipio de Peralveche, en Guadalajara, para hablar sobre la presencia del maquis en el Alto Tajo.

Si hay algo que caracterizó al movimiento en esta parte de Castilla-La Mancha fue lo “tardío” de su irrupción. También su escasa presencia, “impulsada por guerrilleros procedentes de Cuenca”, según relata.

Al hablar del maquis en Guadalajara, el historiador subraya el papel del PCE. “Tenía interés en que cuajase en Guadalajara por su cercanía con Madrid. Se quería dar la sensación de que la capital estaba rodeada de un fuerte cinturón guerrillero”.

Al acabar la guerra civil, el movimiento se había mantenido de forma irregular pero sostenida. La batalla de Stalingrado, entre 1942 y 1943, en plena II Guerra Mundial marcó un punto de inflexión. “Quedó claro que los aliados le iban a ganar la batalla a los nazis”, comenta el historiador.

Los ecos de aquello insuflaron cierta dosis de optimismo entre quienes en España, y fuera de ella, pensaron que se podía plantar cara al régimen fascista de Franco. “Era lógico pensar que los aliados iban a intervenir en España y a ayudar”, dice Benito Díaz, pero eso no ocurrió. A la postre, rememora, “Franco fue avalado por Churchill y por Estados Unidos”.

La guerrilla antifranquista comenzaría entonces a languidecer. Salvo en Guadalajara y en Cuenca. Paradójicamente allí fue a partir de 1947 cuando cobró su mayor vitalidad. “Sus acciones fueron muy tardías. Cuando ya en otros sitios como en los Montes de Toledo, la guerrilla había estado muy estructurada desde 1944, en Guadalajara no había cuajado ni en 1946”. Eso, reconoce el historiador, era un enorme hándicap para derrocar a un sistema dictatorial ya consolidado.

El Alto Tajo fue uno de los últimos reductos del maquis tras la guerra civil, pero según investigador “se mantuvo de manera artificial” entre 1948 y 1952. Apenas quedaba resistencia. “No tenía ya el mismo sentido que en 1944, tras la batalla de Stalingrado”.

El primer grupo de guerrilleros que intentó establecerse en Guadalajara había entrado por los Pirineos dirigido por Pedro Galiano, un guardia civil natural del pueblo de Ocentejo. “Era necesario conocer el territorio y tener enlaces”. Muchos de los huidos tras la guerra civil se habían quedado en la frontera francesa a la espera de acontecimientos, en plena II Guerra Mundial. “Habían ayudado a liberar el sureste de Francia de colaboracionistas del fascismo y de nazis”.

Este primer grupo que entró en España en el verano de 1945 estaba formado por seis hombres dirigidos por Galiano. “Llegaron a Barcelona y al bajar hacia Guadalajara, para intentar crear el embrión de un grupo, fueron disueltos por la Guardia Civil”.

Amador Méndez, 'Pepito de Guadalajara' o 'el Pena'

La guerrilla antifranquista fue eminentemente rural. En Guadalajara “hubo muy pocos” guerrilleros, dice el investigador, y la historia de algunos tuvo más que ver con “la supervivencia” que con la resistencia o la lucha contra el régimen.

Entre los nombres más conocidos está el del Carlos Blanco Manso, ‘Pepito de Guadalajara’. Era de Cendejas de la Torre y sí fue guerrillero durante un tiempo. Después se marchó a Barcelona “tras desertar para salvar la vida”, cuenta el historiador. “Conseguiría atravesar la frontera francesa, pero él, como otros, no eran bien recibidos por el PCE tras haber abandonado”.

Si hablamos de Castilla-La Mancha, en 1947 apenas quedaba nadie del movimiento. “Una vez que termina la guerra mundial, al no haber intervención de los aliados en España, la guerrilla tenía los días contados. Eran pocos, no tenían armas y la moral se debilitaba con el paso del tiempo”.

Sin embargo, ese año en Guadalajara la guerrilla organizada tuvo cierta presencia. El protagonista de aquello fue Amador Méndez de la Cruz. Natural del pueblo de Armallones era un campesino que había terminado en un campo de trabajos forzados para construir el actual embalse de Pálmaces de Jadraque. “Se escapó de allí en el verano de 1944. Su mujer se había presentado en el batallón de trabajos forzados y le contó que el alcalde falangista de su pueblo la había violado reiteradamente, dejándola embarazada”.

Amador Méndez huyó del campo de trabajo, pero según el historiador, “lo hizo sin más pretensión que la de vengarse del alcalde”. Dos años después surgió la ocasión, pero no lo hizo. “Permaneció en el monte sin actividad política, solo por pura supervivencia”. No fue hasta 1947 cuando se incorporó a la guerrilla organizada procedente de Cuenca. “Tuvo como enlace a Constantino Herráiz Rey 'El Pena', natural de El Recuenco”.

Aquello no duró mucho. En la segunda mitad del año 1947 Méndez abandonó y un año después se marchó a Barcelona, donde permanecería hasta su detención en 1955. “El detonante de su huida fue la enorme represión en Armallones y en Ocentejo en 1948 donde se asesinó a seis personas, uno de ellos el cuñado del propio Amador, a palos. Fueron torturados. Hubo 36 detenidos en total en esa zona”, relata Benito Díaz.

'El Pena' también murió el 16 de octubre de 1948 a manos de la Guardia Civil durante un asalto a su campamento en el Cerro de la Cabeza, en el término municipal de Villarejo de la Peñuela, Cuenca. Junto a él fallecieron otros tres compañeros de la guerrilla, según los datos de la Asociación conquense La Gavilla Verde.

Una vez que termina la guerra mundial, al no haber intervención de los aliados en España, la guerrilla tenía los días contados. Eran pocos, no tenían armas y la moral se debilitaba con el paso del tiempo

En aquella época hacía ya tres años que había terminado la Segunda Guerra Mundial. España vivía bajo una dictadura franquista. Aquel 'reducto' de resistencia desapareció en el triángulo entre Cuenca, Guadalajara y Teruel. “Quedaron vendidos porque no se daban las condiciones y tampoco había un apoyo masivo a la guerrilla porque había mucho miedo. No tenían armas, a pesar de que en Guadalajara y en Cuenca se estuviese entonces en el máximo apogeo”.

La hija de Amador Méndez, Petra, tiene hoy 96 años. Acudió a la charla del historiador en Peralveche hace unos días, junto a otros familiares. “Allí contó que la familia fue muy represaliada, les hicieron la vida imposible, condenándoles a un sufrimiento moral y económico. Eso ocurrió en toda aquella zona”, comenta el investigador.

“Creo que en muchos casos la guerrilla era pura supervivencia, no buscaban seguir luchando contra el franquismo. Otros escaparon de España, pero no era fácil”.

Benito Díaz destaca que el movimiento surgido en el Alto Tajo no buscó derramamiento de sangre. “Entre sus acciones destacaron asaltos a feriantes, sabotajes, hubo algún secuestro… pero la guerrilla no asesinó a nadie en Guadalajara”. Sin embargo, sí que hubo una excepción. Ocurrió en el puente del Martinete sobre el río Escabas, que hace de límite fronterizo entre las provincias de Cuenca y Guadalajara.

Pedro Merchán, alias 'El paisano' lideraba un grupo de guerrilleros conquenses que el 17 de septiembre de 1948 cortó el paso de este puente, registrando y reteniendo a los transeúntes y arrieros que cruzaban por la zona. Terminaron asesinando a dos integrantes de la llamada Fiscalía de Tasas, “muy denostada en las zonas rurales por su actividad recaudatoria y represora” y a dos guardias civiles.

La agrupación guerrillera de Levante y de Aragón y de Cuenca (AGLA) a la que pertenecían permaneció operativa hasta 1952. “Es posible que quedaran grupos aislados porque era muy difícil escapar de España, pero en esa fecha la guerrilla antifranquista estaba ya disuelta”.

Documentar lo ocurrido no es sencillo. Benito Díaz lleva haciéndolo desde 1993. “Ha sido muy duro entrevistar a los familiares, que lloraban durante las conversaciones… Pero si no llego a hacerlo, hoy nadie podría haber escrito su historia”. Las fuentes orales han ido desapareciendo y reconoce que, aunque hay fuentes documentales de distinta índole, “están tergiversadas de parte”. Además, lamenta, faltan permisos para poder acceder a ciertas fuentes documentales oficiales y “profundizar” en la cuestión.

Cree que la guerrilla antifranquista “es una parte más de la historia de España que es preciso recuperar, con sus luces y con sus sombras. Hubo de todo en este fenómeno, pero se tiene que conocer”, afirma.

Ya prepara un libro con otros dos autores, a la espera de editorial, sobre la guerrilla antifranquista en Madrid y provincia.