La presa de Burgos que no se llena tras 22 años en obras: Castrovido necesita sellar fugas por tercera vez
Antes de que el agua cubriera Los Vados —la zona destinada para la construcción del embalse de Castrovido, en Burgos—, Eduardo Chillida encontró allí uno de sus refugios. El escultor donostiarra compró en los años setenta el viejo molino de 'El Colgao', cerca de Castrillo de la Reina, en plena Sierra de la Demanda, y convirtió aquel rincón junto al Arlanza en un lugar de retiro. Décadas después, el molino desapareció bajo las aguas del embalse de Castrovido. La familia de Chillida, vecinos de la zona y colectivos ecologistas se opusieron a la construcción de la presa, pero el proyecto terminó avanzando y aquel paisaje quedó anegado.
Más de dos décadas después del inicio de las obras y con una inversión que supera los 256 millones de euros si se suman los trabajos de emergencia realizados para combatir las filtraciones, la presa burgalesa todavía no ha completado su puesta en carga y sigue sin una fecha cerrada para funcionar a pleno rendimiento.
Según ha explicado la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD), su previsión es retomar el llenado durante el otoño, cuando las lluvias permitan disponer de mayores aportaciones. El objetivo inmediato será completar el segundo escalón, situado en la cota 1.020 metros sobre el nivel del mar. Una vez alcanzado ese nivel, y siempre que el comportamiento de la presa sea el esperado, podrá afrontarse la última fase del proceso.
Más obras
Pero todavía habrá que hacer más obras antes de llegar a ese punto. La CHD explica que será necesario ejecutar nuevos trabajos de sellado en la zona comprendida entre la cota 1.020 y la coronación de la presa. El proyecto de estas actuaciones se encuentra actualmente en su fase final de redacción y, una vez que se complete satisfactoriamente el segundo escalón de llenado, podrán licitarse las obras.
Según explica el organismo regulador, después será necesario mantener un periodo de seguimiento para comprobar el comportamiento de la infraestructura. Esto es, esperar a que no se produzcan nuevas simas por las que el agua se filtre. La duración de esta fase no está determinada de antemano y dependerá de la evolución de la presa y de la posible aparición de estas incidencias.
Casi seis millones de euros por los sumideros
El problema que ha condicionado el llenado del embalse desde 2022 se encuentra en sumideros localizados en el vaso de la presa.
Durante el proceso de puesta en carga, los técnicos de la CHD detectaron uno de ellos en el arroyo Vaquerizas, una zona que quedará cubierta por las aguas cuando se complete el llenado. El hallazgo obligó a detener el proceso y a poner en marcha trabajos para sellar el terreno y reducir las filtraciones.
La Confederación cifra en 3.798.383,66 euros las obras de emergencia realizadas hasta ahora para actuar sobre esta problemática. A esta cantidad se sumaron posteriormente 2.230.191,20 euros aprobados por el Consejo de Ministros para continuar con las actuaciones.
Son, en total, más de seis millones de euros adicionales destinados a localizar y sellar los sumideros. Una cantidad que se añade al coste de una infraestructura cuyo presupuesto se había disparado ya durante su construcción.
Casi 20 años de retraso
Castrovido empezó a construirse en 2004, aunque el proyecto llevaba décadas dando vueltas. La idea de levantar una presa en la cabecera del Arlanza se remonta a comienzos del siglo XX y posteriormente fue reformulada y trasladada hasta su ubicación actual.
El proyecto fue aprobado finalmente en 2000. Las previsiones iniciales apuntaban a que las obras estarían terminadas en 2007. Sin embargo, la construcción se prolongó hasta 2020.
En el camino hubo modificaciones del proyecto, problemas constructivos, sobrecostes y también un grave accidente laboral. En 2011, cuatro trabajadores murieron y otros dos resultaron heridos de gravedad al desplomarse una tolva de hormigón durante las obras.
Los trabajos quedaron paralizados tras el accidente y no se reanudaron hasta 2013. En 2019, el Juzgado de lo Penal número 3 de Burgos absolvió a los dos acusados por el siniestro al considerar que la causa había sido la rotura estructural de la maquinaria. La Inspección de Trabajo sancionó a la empresa adjudicataria con 163.956 euros por una infracción muy grave relacionada con las medidas de prevención.
La obra civil terminó finalmente en 2020. El siguiente paso era comenzar el llenado, que comenzó en 2021 y volvió a frenarse. En diciembre de ese mismo año se alcanzó el primer escalón, que supone aproximadamente el 11% de la capacidad total del embalse, con cerca de cuatro hectómetros cúbicos.
Durante las inspecciones realizadas antes de continuar con el siguiente nivel apareció el sumidero del arroyo Vaquerizas. El descubrimiento obligó a detener el llenado precisamente cuando debía comenzar la segunda fase, la de mayor capacidad de almacenamiento. Desde entonces, el sellado del terreno ha condicionado el calendario de una infraestructura que ya acumulaba años de retrasos.
La CHD sostiene que las actuaciones realizadas han permitido conseguir “un salto muy importante” en la seguridad de la presa y que el objetivo de los trabajos es conformar un estrato impermeable que reduzca las filtraciones hasta valores considerados asumibles.
El problema, sin embargo, no ha desaparecido con una única intervención. La magnitud de la zona a tratar ha obligado a prolongar los trabajos de sellado hasta alcanzar una cota que permita volver a llenar el embalse. Ahora el organismo prepara nuevas actuaciones por encima de los 1.020 metros.
Presupuesto inicial de 75 millones y disparado por encima de los 250
Castrovido partía con un presupuesto inicial de 75 millones de euros. Las sucesivas modificaciones llevaron la inversión por encima de los 250 millones. Una de las principales llegó en 2010, cuando se aprobó una modificación para reforzar la cimentación de la presa que supuso más de 95 millones de euros adicionales.
El coste final de la infraestructura se estima que supera los 256 millones de euros si se tienen en cuenta también las actuaciones de emergencia vinculadas a las filtraciones, a falta de una cifra única y cerrada como coste total de todo el proyecto y sus posteriores actuaciones.
Una historia llena de polémica
El molino de Chillida terminó convertido en uno de los símbolos de aquello que el embalse iba a llevarse, pero la oposición al proyecto en la comarca venía de mucho antes.
Los pueblos afectados, especialmente Palacios de la Sierra, se movilizaron contra la presa desde los años noventa. Los vecinos se organizaron en la plataforma 'Salvemos el Arlanza' y llevaron sus protestas hasta Burgos y el entonces Ministerio de Medio Ambiente. En 1996 incluso protagonizaron protestas durante la Vuelta a Burgos.
El rechazo tenía una doble vertiente. Por un lado, los vecinos advertían del impacto económico que tendría la inundación de terrenos de la comarca. Por otro, organizaciones ecologistas y científicos cuestionaban la afección ambiental de una presa que iba a anegar una parte de la cabecera del Arlanza.
En el proyecto inicial, la cola del embalse afectaba a unas 100 hectáreas de la vega de Palacios de la Sierra, un territorio utilizado para la ganadería y la explotación forestal. La plataforma Salvemos el Arlanza defendía que la actuación supondría una afección económica y medioambiental para toda la comarca.
También hubo informes que cuestionaron la necesidad de la infraestructura y alertaron del valor natural del tramo alto del río. La declaración de impacto ambiental del proyecto recoge igualmente alegaciones de colectivos conservacionistas que advertían de distintas afecciones ambientales.
El proyecto, además, tuvo su propia polémica política alrededor del molino de Chillida. Durante la tramitación se llegó a discutir la cota de la presa y su posible afección a la propiedad del escultor. El debate llegó al Senado, donde se preguntó si con una modificación de la capacidad del embalse quedaría anegada la propiedad.
Finalmente, la solución ejecutada mantuvo el nivel que terminó dejando el molino bajo el agua. Del 'Colgao' no queda ya nada visible: la propiedad de la familia Chillida quedó sepultada por el embalse.
La presa ya cumple parte de su función
Aunque todavía no esté completamente operativa al 100%, la CHD defiende que Castrovido ya está teniendo efectos sobre el comportamiento del Arlanza, uno de los objetivos que tenía en su concepción, controlando posibles inundaciones aguas abajo.
Durante el invierno, la presa permite retener y regular las grandes crecidas del río, reduciendo el impacto de las avenidas y los posibles daños en localidades como Salas de los Infantes.
En verano, su función pasa también por contribuir a mantener un caudal mínimo en el Arlanza, algo especialmente relevante durante los últimos meses del estiaje, cuando el caudal disminuye de forma natural y las condiciones son más complicadas para la vegetación y la fauna de ribera, según explica la CHD
El embalse fue concebido precisamente para regular las crecidas del Arlanza y disponer de una reserva hídrica para la agricultura. Tiene una capacidad de almacenamiento de 44 hectómetros cúbicos y una superficie de unas 214 hectáreas.
La tipología del suelo calizo dificulta esta puesta en marcha. Las máquinas tienen que ir buscando los posibles sumideros y rellenar los huecos, pero lo que no se puede ver es cómo puede afectar el peso del agua sobre el terreno, pudiendo generar nuevas simas en las que se vaya el agua.
Para poder evaluar si las últimas obras son eficaces, primero, tienen que llegar las lluvias para seguir llenando el embalse. Luego, deberá de completarse el segundo escalón, ejecutarse las nuevas obras de sellado hasta la coronación y superar el posterior periodo de seguimiento, por lo que la plena operatividad está aún lejos de llegar.