El recuerdo y rescate de los rótulos que dan personalidad a Valladolid: “Cuanto más desaparecen, más se aprecian”

Alba Camazón

Valladolid —
10 de septiembre de 2026 06:02 h

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Un taller, una tienda de zapatos, una carnicería... todas las ciudades comparten servicios, pero recorrer sus calles supone una experiencia diferente siempre que miremos más allá del teléfono. Cada pequeño autónomo y comercio busca llamar la atención del viandante y, a la vez, contar su propia historia, como la época en la que arrancó su negocio y sus correspondientes modas estéticas. En esta ocasión subyace la inspiración del rotulista, esa profesión casi anónima y que ha sido responsable de dar alma a las ciudades durante décadas, sustituida ahora por una producción más estandarizada. Con los años, algunos locales han terminado formando parte de la ciudad, con su rótulo como último vestigio después de una jubilación o un cierre.

Arropados con este espíritu, casi una decena de voluntarios -entre ellos, varios diseñadores, arquitectos o documentalistas- llevan varios años documentando la cartelería y señales tradicionales de la ciudad y la provincia a través de la iniciativa Valladolid con carácter, alrededor de la cual han publicado ya dos libros con fotografías de Miriam Chacón y José Ignacio Gil. Hace poco han comenzado también a atesorar como parte de su patrimonio histórico y cultural. “Actuamos cuando vemos que un rótulo está en peligro de desaparecer”, explica Laura Asensio, diseñadora gráfica y una de las protagonistas de esta iniciativa.

Carlos de Miguel, encargado del asesoramiento tipográfico y del redibujado digital de rótulos, añade una capa antropológica: “Detrás de cada rótulo hay una historia, que es muy interesante y reflejamos en las fichas de rescate, algo que a veces no es tan fácil porque los rótulos desaparecen de una forma muy rápida y no tenemos una historia detrás o unos planos, algo que hubiera sido interesante para ver cómo se diseñó ese rótulo”, explica este voluntario, que subraya el valor y colaboración del Archivo municipal y de El Norte de Castilla.

Un collage de rótulos expuesto

Parte de su 'alijo' forma parte de la exposición Referentes. Antología de la calle en la sala de exposiciones de Las Francesas (hasta el 27 de septiembre) en un 'collage 3D' que permitirá a muchos retrotraerse a un pasado que se suele evocar, a veces equivocadamente, como más sencillo. Asensio confiesa que alguna vez se ha pasado por el espacio cultural y ha escuchado a hurtadillas cómo los recuerdos revoloteaban en la cabeza de los visitantes (“Te acuerdas? Que iba la abuela...”). “La gente tiene interiorizados recuerdos e historias alrededor de ese rótulo”, valora la diseñadora gráfica.

El resto de las piezas 'rescatadas' -en total, una veintena- están en el centro cultural Don de Gentes, ubicado en el pequeño pueblo de Casasola de Arión, donde también intentan revitalizar y reivindicar la cultura desde el medio rural. Los voluntarios están barajando que la iniciativa sea “más pública”, para que cualquiera pueda “disfrutar de la colección” e incluso enseñar a través de tutoriales cómo 'autorretirar' algunos de estos rótulos de manera segura. “Eso nos liberaría un poquito porque hay veces que no llegamos, porque somos un equipo muy pequeño”, apostilla Carlos de Miguel. También reparten unas octavillas cuando ven que esos rótulos se están retirando para evitar que se tiren.

En ocasiones el rescate es especialmente complicado: aún son pocos voluntarios, un almacén bien recibido, pero limitado -hay rótulos especialmente grandes- y una rapidez que a veces es insuficiente. Para Asensio, conservar el rótulo en su ubicación histórica lo dota de contexto. Solo se 'rescatan' estas piezas si la alternativa es el contenedor, aunque en ocasiones llegan demasiado tarde. “Yo hacía el seguimiento de un rótulo que estaba directamente pegado en un muro. Fueron a derribarlo y se lo cargaron, por ejemplo. Y luego encuentras sensibilidad de gente que te dice: 'Mira, tengo este rótulo'. Mola un montón”, comenta Carlos De Miguel, diseñador gráfico especializado en tipografía. El último ejemplo que ambos voluntarios recuerdan es el de Acor.

La azucarera ha dividido las antiguas oficinas de Isabel la Católica y el gimnasio pensaba retirar los antiguos letreros. “Se conserva el nombre antiguo, esa lleva siendo la esquina de Acor desde los años 70. En la oficina comentábamos que qué pena tirarlo, pero vi la exposición y propusimos que ellos las guardaran”, explican desde el departamento de Responsabilidad Social Corporativa de la empresa, que espera “salvar parte de la historia” de esta manera.

Como si de un álbum de cromos se tratara, Laura Asensio recorre las páginas del libro acompañada del tan amado y odiado leísmo: “Este le tenemos”, dice mientras señala uno de los rótulos. “Este me encantaba y desapareció de la noche a la mañana”, lamenta en referencia a la Mercería Kioto.

-Esa (indica en el libro) ahora es una vivienda, que esa es otra, la de los locales que se están convirtiendo en viviendas. Y este otro nos lo van a ceder.

Comercios que han conservado su historia

Este colectivo baraja la posibilidad de pedir ayuda al Ayuntamiento, aunque temen que los sucesivos cambios de gobierno puedan suponer dificultades a medio y largo plazo. “La idea es salvaguardar y proteger el patrimonio gráfico de Valladolid. Las ciudades cada vez se están homogeneizando más y da igual dar un paseo por cualquier calle comercial, las marcas y franquicias son las mismas. Los rótulos de antes eran piezas únicas y daban personalidad al espacio”, subraya Laura Asensio.

Pese a que aún de manera tímida, estos dos voluntarios sí perciben cierta sensibilidad a la hora de conservar algunos rótulos. “En mi barrio ha abierto un sitio de comida para llevar y ha mantenido el rótulo de Carnicería Burguillo. Ha puesto unos vinilos suyos en el cristal y queda muy bien el conjunto”, valora Laura Asensio. Y la cafetería La Passion ha conservado el rótulo de cristal del mítico bar universitario El Aire.

La idea de este proyecto es precisamente poner en valor el oficio de creación de estas piezas y el patrimonio gráfico y tipográfico de los rótulos. De Miguel recuerda precisamente cómo el propietario de unos trasteros ha recuperado y restaurado los rótulos de 1958 de las galerías Los sótanos. “En su momento se arrancó por una franquicia y este hombre hizo una réplica del mismo tamaño y colores con métodos actuales y restauró el rótulo original”, subraya.

Carlos de Miguel destaca la labor de estos -y estas- rotulistas que heredaban el negocio. “Cada uno tenía dos o tres tipos de letra que usaban normalmente. Al principio copiaban los muestrarios de la tipografía, pero la iban modificando y cada maestro tenía su propia letra”, explica este diseñador gráfico, que todavía recuerda cómo quedó “fascinado” cuando, con quince años, vio a un hombre dibujar a mano las letras de un local comercial.

Todo rugió de un fanzine en el que Laura Asensio estaba trabajando con una amiga. “En 2017 salió una convocatoria para el Museo Patio Herreriano y pensamos en aprovechar el archivo que estábamos generando, porque teníamos casi mil fotos”, explica la diseñadora gráfica. Aunque buena parte está ahora digitalizado en su web, también había una necesidad de darle formato físico al proyecto: ya han publicado un libro sobre la ciudad (pensado como un paseo, y organizado por barrios) y otro sobre la provincia con especial énfasis en las particularidades del medio rural.

Los rótulos que reflejan un modo de vida

Esto permitió ver las diferencias entre la impronta que dejó el éxodo rural de los años 60 y de un modo de vida que intenta sobrevivir. “Esas señales -cartelería, rótulos e incluso graffitis- nos hablan de la vida rural: los marcajes de velocidad para vehículos agrícolas, la numerología de las casas, la simbología religiosa, las plaquitas de correos y telégrafos... También hay mucha gente que aprovecha los materiales como ladrillos para hacer los rótulos. Hay mucha gente que los hace ellos mismos... Te hablan y te cuentan historias de la vida rural”, subraya Laura Asensio.

¿El rótulo -quizá más emblemático- ausente? El del teleclub. “No hemos encontrado ninguno en la provincia, pero sí los hay en Wallapop. Como muchos los ponemos en valor, hay otros que también lo ponen en valor. Y si tienen valor, tienen precio y se especula con ellos como objeto decorativo”, reflexiona esta diseñadora gráfica.

Los sucesores de estos rótulos

La manera en que terminan estos rótulos difiere entre el centro de la ciudad y los barrios. En el primero, se sustituyen por franquicias, mientras que en los segundos, el relevo lo da un 'se vende' o 'se alquila'. También hay rótulos que permanecen por falta de interés. Retirarlos lleva acompañado un coste que no todos los empresarios están dispuestos a abonar, lo que ayuda indirectamente a su mantenimiento en la calle, su entorno 'natural'. Por eso, desde Valladolid con carácter defienden que los rótulos más emblemáticos sean protegidos como parte del patrimonio de la ciudad.