La Universidad de Salamanca concede el doctorado honoris causa póstumo a Francisco de Vitoria

EFE

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La Universidad de Salamanca ha concedido este viernes el doctorado honoris causa a título póstumo al dominico Francisco de Vitoria, cuando se cumplen 500 años de su llegada a la Cátedra de Prima de Teología, desde la que puso los cimientos de la Escuela de Salamanca.

Con la concesión de su máximo reconocimiento, en una ceremonia solemne en el Paraninfo, la Universidad de Salamanca ha puesto en valor, “con orgullo y con gratitud”, el legado de uno de sus profesores más ilustres, cuya voz a cinco siglos de distancia sigue siendo, en palabras del rector Juan Manuel Corchado Rodríguez, “asombrosamente actual”.

Hace quinientos años, el fraile dominico Francisco de Vitoria tomaba posesión de la Cátedra de Prima de Teología de la Universidad de Salamanca, iniciando así un magisterio que iba a cambiar el rumbo de la historia del Estudio salmantino y a poner los cimientos de la Escuela de Salamanca y del Derecho Internacional.

“Todo en estas piedras nos habla de él: el aula donde dictó sus 'relecciones', sus autógrafos guardados en la Biblioteca General Histórica, los frescos del aula que lleva su nombre, la lámina de este Paraninfo con los maestros ilustres, la placa que en el cuarto centenario, en 1926, se dedicó a su memoria”, ha enumerado Corchado, para agregar que faltaba un gesto, que la Universidad “dijera, con todas las letras, lo que el corazón sabía desde hace siglos”.

Durante su intervención ante más de 200 doctores, el rector ha resaltado la vigencia del legado intelectual de Vitoria y ha recordado que renovaron la teología, pusieron los cimientos del derecho internacional, formularon las primeras teorías modernas de la economía e incluso hicieron ciencia.

Una ceremonia especial

El homenaje a Francisco de Vitoria ha comenzado antes del inicio de la ceremonia en el Paraninfo, ya que el cortejo académico se ha desplazado hasta el Convento de San Esteban, para recordar el camino que el fraile dominico realizaba para impartir sus clases en las Escuelas Mayores desde que ganara su cátedra el 7 de septiembre de 1526, cuando se le concede la vacante.

Los más de 200 doctores han partido del Edificio de las Escuelas Mayores por la puerta de la plaza de Anaya, para atravesar el ágora por delante del Palacio de Anaya, descender por la calle Tostado hasta llegar al convento de los Dominicos y, en su interior, el rector Corchado y fray Pablo Carlos Sicouly han realizado una ofrenda floral en el llamado “panteón de los teólogos”.

Ya en el Paraninfo, Fray Pablo Carlos Sicouly ha sido el encargado de recibir el “honoris causa” en nombre de la Orden de Predicadores y ha mostrado su gratitud a la Universidad de Salamanca por esa distinción.

Ha definido la decisión adoptada por el Claustro de Doctores como “profundamente significativa y oportuna, porque contribuye a destacar el significado y el valor permanente y especialmente actual de la contribución de Vitoria en el campo de la vida universitaria, y de su servicio al bien común de la sociedad, la cultura y la comunidad internacional”.

“Discípulos de su escuela”

El rector también ha recordado su faceta docente y la veneración que le profesaban sus discípulos, ya que “sus lecciones, que él nunca llegó a publicar en vida, viajaron por el mundo en los cuadernos de sus alumnos y se imprimieron una y otra vez en Lyon, en Salamanca, en Venecia, en Colonia”.

La madrina del honoris, la profesora de Filosofía María Martín Gómez, ha relatado que “Vitoria llegó a Salamanca con un desafío impuesto por un profesor de París: pensar de un nuevo modo un nuevo mundo” y ha llamado a todos a “seguir su estela”.

En su Laudatio, la profesora ha ensalzado las dotes extraordinarias que para la enseñanza debió de tener Vitoria y, sobre todo, la impronta que dejó en sus estudiantes, que fueron los que realmente difundieron su legado, ya que mientras fue profesor en el Estudio no escribió ni un solo libro, hasta ganarse el apodo académico de “El Sócrates hispano”.