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ANÁLISIS

La vida de ERC aún se puede complicar más

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ERC lo tenía muy fácil para presidir el Parlament. Podía serlo gracias a una alianza de izquierdas con PSC y Comuns o bien con el apoyo de Junts y la CUP. Los socialistas, que no querían empezar la legislatura con una foto con el PP, ofrecieron a los republicanos su apoyo para que ERC presidiese la Mesa. Incluso circuló el nombre de la vicepresidenta en funciones del Govern, Laura Vilagrà, como la aspirante con más posibilidades.

Pero Junts cogió ventaja, puso el nombre de Josep Rull encima de la mesa, apeló a la unidad “antirrepresiva” y los republicanos acabaron aceptando que el escogido fuese él. “No queríamos condicionar la decisión a ninguna línea roja”, defendió ERC tras el pleno e insistió en que el apoyo al candidato de Junts no presupone las futuras decisiones de los republicanos.

El papel de Rull a partir de ahora es de los importantes porque como presidente de la Cámara decidirá quién se somete a la investidura y en qué orden. 

Los distintos escenarios

Carles Puigdemont ya ha explicado que quiere hacerse un Feijóo y presentarse aunque los números no le dan. Con Rull en la presidencia del Parlament, Junts elegirá si primero propone a Illa o a Puigdemont. Si abriese turno con el candidato socialista le complicaría aún más la vida a ERC puesto que los republicanos tendrían que retratarse apoyando a un aspirante no independentista a la primera de cambio. Si no lo hace, si ERC no permite que Illa sea presidente de la Generalitat, el siguiente paso sería ir a otra investidura fallida, esta vez, la de Puigdemont. Y de ahí a una repetición electoral que solo Junts anhela.

No sería el único plan que los posconvergentes podrían activar para evitar que Illa sea presidente, al menos no ahora. Si Rull propusiese primero a Puigdemont también existiría la posibilidad de intentar jugar con los tiempos (pese a que el reglamento es claro) y presentarle aunque no esté físicamente en el hemiciclo o esperar a que su pleno se celebrase cuando él ya pudiese estar en la Cámara. Incluso podrían dejar correr los dos meses hasta que se agotase el plazo. Parece algo excepcional pero en el Parlament ya se ha visto casi de todo.

La esperanza para los socialistas es que si Rull optase por proponer primero a Puigdemont y después a llla, sin forzar calendarios ni contravenir el reglamento, el tiempo jugaría a favor del PSC puesto que la votación definitiva será a finales de agosto. Permitir dos meses después que se invista al candidato socialista tal vez no sería un sapo tan grande a ojos de los sectores menos pragmáticos de ERC. El PSC está dispuesto a hablar de la “financiación singular” que reclaman los republicanos para negociar su investidura. Lo que no cabe como moneda de cambio es el referéndum o al menos es lo que los socialistas han trasladado tanto en público como en privado. 

Así que para ERC la disyuntiva es la del primer día: Illa o elecciones. Pero el camino hasta que deba adoptar la decisión final puede ser más o menos debilitante y eso ahora depende de Junts.

Los equilibrios en las filas republicanas  

La votación de la Mesa del Parlament le ha llegado muy pronto a ERC, un partido que sigue aún noqueado y que empezó el lunes aceptando la anunciada dimisión de Oriol Junqueras, que ahora cogerá el coche para pulsar el apoyo de la militancia e intentar recuperar el cargo en el congreso extraordinario que la formación celebrará en noviembre. Decida lo que decida ERC a partir de esta semana ya no será responsabilidad de Junqueras. La última palabra la tiene Marta Rovira y la que sea se someterá a escrutinio de la militancia del partido.

En las filas republicanas son conscientes de que una vez se publique la ley de amnistía en el BOE serán ya los jueces los que marcarán los tiempos. El regreso de Puigdemont quedaría condicionado por el Supremo puesto que está por ver si el magistrado Pablo Llarena levanta la orden de detención del expresident tan rápido como se pretendía con la ley. Los fiscales del Supremo que intervinieron en el juicio del procés informaron al fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, que ellos consideran que esa orden de detención debería seguir vigente porque interpretan que no corresponde aplicar la amnistía al delito de malversación. 

Puigdemont ha prometido que vendrá a la primera sesión de investidura prevista para la última semana de junio. ERC teme que la ascendencia del líder de Junts en el ámbito independentista se engrandecerá si acaba siendo detenido o si se ordenase su ingreso en la cárcel. ¿ERC podría votar a Salvador Illa para que se convierta en presidente de la Generalitat mientras Puigdemont se enfrenta a la justicia española? No es una pregunta retórica. Es una duda que existe entre algunos dirigentes republicanos. 

Los planes de Puigdemont y el abrazo del oso

Si Puigdemont cumple su promesa de regresar a Catalunya, a riesgo de ser detenido, y aunque no logre ser investido (porque los números ni le daban ni le dan) intentará que el papel de ERC en unas nuevas elecciones quede aún más desdibujado. Sea porque han permitido que Illa sea presidente o porque en nombre de la unidad independentista se recupera la propuesta de una lista unitaria, algo de lo que ERC huye cada vez que escucha esa música. Es probablemente de las pocas cosas que los republicanos tienen claro desde hace tiempo.  

¿Repetición electoral?

No hay que descartarla. El PSC ha encadenado cinco victorias electorales consecutivas. La última fue este domingo. Por contra, el independentismo sigue en caída como se ha comprobado en las europeas. El 9J han perdido casi un millón de votos.

Unas nuevas elecciones son un riesgo para la mayoría. Es probable que la xenófoba Aliança per Catalunya, que se quedó a las puertas de obtener dos diputados más, obtuviese un mejor resultado. La abstención, que castigó especialmente a los partidos independentistas, ahora podría afectar también al PSC. Los Comuns, imprescindibles para afianzar una mayoría de Illa, siguen también perdiendo apoyos. Y ERC es evidente que lo único que no necesita son unas nuevas elecciones.

Solo Junts no tiene nada que perder porque sería una nueva oportunidad para Puigdemont . Y es a eso a lo que jugará a partir de ahora.