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Los vecinos de Barcelona que rechazan bautizar como ‘Capitán Trueno’ a una de sus plazas: “El nombre es legítimo, pero no para aquí”

Sandra Vicente

Barcelona —
30 de junio de 2026 21:57 h

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En el corazón del barrio de Vallcarca, en Barcelona, hay una plaza sin nombre. Lo que antes fue un solar abandonado, ahora es un espacio que bulle de vida. Los vecinos estuvieron años arreglándolo para hacer de él un lugar de encuentro y, aunque acabaron la remodelación en 2024, todavía no hay ninguna placa que la reconozca formalmente como una plaza y no figura en los mapas oficiales.

Cuando hubieron puesto la primera piedra, el barrio empezó a pensar cómo quería llamar a su plaza. La primera opción fue Plaça Farigola, en referencia a la escuela homónima que hay a unas pocas calles y que es el nombre por el que se refieren a ella los vecinos. También se pensó en Hilda Agostini, la maestra republicana que ejerció en ese colegio antes de exiliarse. O Uri Caballero, en homenaje al vecino, activista y guitarrista de Els Surfing Sirles, que murió hace 13 años.

Los vecinos aseguran que todos esos nombres fueron trasladados al Ayuntamiento, pero ninguno de ellos prosperó. Al final, la plaza se llamará Capitán Trueno. La decisión, tomada por unanimidad en la comisión de nomenclátor del Ayuntamiento de Barcelona, ha indignado al barrio que, aunque no tiene nada en contra del cómic de Víctor Mora, lamenta que se les haya impuesto un nombre que “desdibuja la identidad histórica de Vallcarca” y que no respeta “los referentes vinculados a su memoria”.

Por ello, la Federación de Entidades Amigas de Can Carol, (el centro cívico sito en la plaza) ha presentado una alegación formal contra el nombre de Capitán Trueno. Explican que esta plaza sólo existe gracias a la “organización y compromiso” de los vecinos que se unieron para construirla y lamentan que no se les haya tenido en cuenta a la hora de escoger un nombre. Además, afean haberse enterado de la decisión por la prensa.

En 2024, cuando se acabó la plaza, los vecinos propusieron las opciones que habían pensado. Ni Hilda Agostini ni Farigola podían ser, porque ya estaban asignadas a otras plazas o calles de la ciudad. La única que tenía números de salir adelante era Uri Caballero, pero los vecinos no llegaron a presentarla nunca como propuesta formal frente al consistorio. La cuestión cayó en un cajón durante casi dos años, hasta que el Capitán Trueno apareció en escena.

El nombre fue una propuesta del Taller de Història de Gràcia, un colectivo de historiadores que lo sugirió para bautizar a una plaza sin nombre muy cercana a donde estuvo Bruguera, la editorial más reconocida del mundo del cómic y el sello que llevaban las viñetas de Víctor Mora. “La idea era para esa plaza, no para ningún otro sitio. Si el nombre se va a poner a la Plaça Farigola, no lo apoyaremos”. Así lo escribió el grupo de historiadores en un artículo publicado en L’Independent de Gràcia.

Desde el Ayuntamiento justifican la decisión como una manera de homenajear a Víctor Mora “bien fundamentada con criterios históricos, culturales y territoriales”. Además, insisten en que el autor fue un vecino de la zona que se tuvo que exiliar en Francia durante la dictadura y, desde allí, dio vida a uno de los personajes de cómic más populares en España. “Fue un símbolo de la lucha contra la represión de la dictadura que aportó un mensaje de libertad y justicia social”, apuntan desde el Ayuntamiento.

Los vecinos no niegan la importancia histórica de los tebeos e insisten que no les parece mala opción para una plaza o calle. “Es legítimo, pero no para aquí”, apuntan las entidades, que también afean al consistorio que el nombre sea “exclusivamente en castellano” y que haga referencia a un personaje de ficción “construido alrededor del modelo del heroísmo masculinizado”, lo que, apuntan, “no responde a los valores de memoria inclusiva y diversidad” del barrio.

Con todo, las entidades que rechazan la decisión del Ayuntamiento han pedido asistir a una de las reuniones del Nomenclátor para proponer sus opciones y para exigir que la elección final sea refrendada por el barrio (cosa que no suele ser habitual).

El Ayuntamiento no se ha pronunciado todavía sobre las alegaciones ni sobre esta petición, pero insisten en defender el nombre del Capitán Trueno recordando que ha sido validado por todos los órganos que prevé la normativa. Esta establece que para bautizar un espacio público se requiere el sí de la comisión de barrio, del distrito y de la Ponencia del Nomenclátor.

Todavía no está claro si queda camino para los vecinos que se oponen a tener una plaza con nombre de héroe de viñeta, pero lo que sí aseguran es que, independientemente de lo que ponga en la placa, para ellos ese espacio autogestionado será y seguirá siendo la Plaça Farigola.