A Catalá no le gusta el asociacionismo vecinal
En las últimas semanas nos ha quedado muy clara cual es la pobre idea de democracia que tiene el gobierno municipal de M.ª José Catalá. Y hay motivo para preocuparse. En primer lugar los hechos.
El concejal de Grandes Proyectos de València, José Marí Olano, afirmó con furia y soberbia en el último pleno que “las asociaciones de vecinos son unos señores que se han reunido y han decidido que son asociaciones de vecinos, pero no representan a los vecinos”; “las asociaciones de vecinos no codeciden, aquí decidimos nosotros” y “las asociaciones de vecinos no son los vecinos, sino los votantes”. El mismo energúmeno, días antes, en la Junta Municipal de Abastos, a gritos y de manera soez, exhibía sutalante autoritario con perlas como que “no tiene usted la palabra, por que la palabra la doy yo y por ahora no tiene usted la palabra”.
Por otro lado, en la Junta Municipal de Ciutat Vella, el Partido Popular descarta financiar una estupenda actividad de participación ciudadana para recuperar solares abandonados propuesta por Amics de Velluters dentro del plazo previsto y, sin embargo, sí aceptan otras siete (registradas fuera del plazo inicial) que son impulsadas por un representante del PP.
Debería saber el PP que la democracia no es solo votar. La democracia es de muy mala calidad si no hay deliberación, contraste de opiniones, pluralidad, transparencia, respeto a las reglas y las formas, interacción entre las instituciones y la ciudadanía, capacidad de escucha (también para las críticas). La búsqueda de soluciones a los complejos retos que tenemos en este siglo XXI para hacer más habitable y sostenible València (en todos los aspectos: acceso a la vivienda, exclusión, medio ambiente, movilidad, residuos, convivencia, diversidad...) se hace con la colaboración y la participación ciudadana. Como dice el filósofo Daniel Innerarity “las instituciones deben organizar la inteligencia colectiva y la cooperación en lugar de depender solo de expertos o del populismo simplificador”. Y aquí, el asociacionismo de todo tipo y, significativamente, el vecinal juegan un papel clave. Ya sabemos que no toda la ciudadanía está asociada, pero aquellas personas que se organizan en asociaciones vecinales y se toman la molestia de dedicar tiempo a estudiar los problemas de los barrios, reivindicar mejoras, a actuar y alimentar la vida social y cultural de nuestros distritos, promover el diálogo entre diferentes… en definitiva defender el interés general, lo mínimo que esperan del Ayuntamiento es respeto.
Además, por si no lo recuerdan en el PP, asociarse es un derecho fundamental recogido en la Constitución. Y con asociacionismo y participación ciudadana se transformaron los barrios y las ciudades desde el final del franquismo y a pesar de la dictadura y, aquí, se pararon disparates como las autopistas en lo que hoy es el Jardín del Túria, la edificación en el Saler, las torres del Botànic o la prolongación demoledora de Blasco Ibáñez por encima del Cabanyal.
El gobierno de Catalá se mueve entre la idea rancia de la siniestra Margaret Thatcher cuando afirmaba en 1987 que “no existe tal cosa como la sociedad, hay individuos, hombres y mujeres, y hay familias” y aquella máxima llena de cinismo de su admirado Franco “usted haga como yo, no se meta en política”.
La democracia y la política (y no hablo de partidismo) son complejas y requieren de la implicación de cuantas más personas, colectivos y entidades, mejor; hay que formar para participar; crear fórmulas de cogestión que genere responsabilidad compartida; debemos respetar, promover y prestigiar la interacción cívica… obviamente al PP esto no le interesa, por el contrario ha decidido ser un adalid de la antipolítica contribuyendo, con sus complices de VOX, a, erosionar la democracia. Y eso es muy peligroso, lean a Steven Levitsky y Daniel Ziblatt y sabrán de lo que hablo