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¿El eclipse del fin del mundo?

Aunque los defensores de la ciencia científica y esas cosas insistan en que el eclipse del próximo miércoles es un fenómeno natural, muerto el sentido común sin dejar herederos, invito al caballero y a la señora a adoptar un nuevo enfoque: es la Pachamama que nos está mandando un mensaje: se acabó lo que se daba. Los viejos dioses han muerto y, a diferencia de lo que pasaba en las Memorias de Ariano de Marguerite Yourcenar, los nuevos no solo no están, sino que ni siquiera se les espera. Por suerte, podría ser un fin del mundo muy repartido: hay para todos. Un filón.

Por ejemplo, para Isabel Ayuso, el fin ha llegado en forma de venganza. Mientras con su ejemplo demuestra que esos problemas para encontrar piso son el enésimo bulo de la izquierda bolivariana, le crecen los enanos al mismo ritmo que los áticos. ¿Será su fin? Más que un punto final parece un punto y aparte. Lo que le hará caer no será que haya impuesto un régimen de corrupción y corruptelas que hace que Babilonia parezca un Monte Pío, sino el descaro. Si el PP está buscando recambio, no será alguien con la mano menos larga, sino con la boca más pequeña. La Quironesa caerá, pero el régimen de la M-30 hacia dentro sobrevivirá. Es el plan y de eso se encargará la prensa, no nos quepa duda. Ya puede sustituirle Al Capone que si la administración madrileña les sigue regando a manta con publicidad institucional no pondrán ni un ‘pero’. Old habits die hard.

A lo mejor lo que nos quieren decir los astros es que el modelo turístico, al que hemos fiado nuestro destino, también podría tener las horas contadas. Leía el otro día con sorpresa que los Jonas Brothers habían pasado unos días en Xàbia y habían salido horrorizados. Según explicaron en su podcast —todo el mundo tiene ya un podcast—, la presencia de extranjeros, en una de las zonas de la costa alicantina que vendió más barata su alma al turismo, “te sacaba de la experiencia de estar en España”. Prioridad nacional, como diría Vox. Que vengan unos americanos millonarios a quejarse del coñazo que es tanto guiri suelto ha tenido más repercusión internacional que todos los esfuerzos de las asociaciones de vecinos de la Comunitat rogando ‘basta ya’.

Pero si hay un nuevo modelo, que no nos quepa duda, será el de expulsar a los de aquí para que dejen de molestar. En Llíber (Alicante), el Ayuntamiento avala un PAI para construir 480 chalets con piscina —a las que no les faltará un trampolín—, en un momento en el que obliga a los vecinos a racionar el agua. Los ricos también lloran —de la risa que les damos— pero como así las piscinas no se llenan, qué mejor que usar agua de riego. Podemos sacrificar a un agricultor en un altar consagrado a Hosbec durante el eclipse. ¡Ni un día sin salvar la hostelería!

Tampoco parece un buen augurio en materia de financiación el eclipse, pues ni siquiera hay sobre la mesa un informe del IVIE que asegure que por cada euro invertido en que la Luna tape al Sol durante un par de minutos se crearán cien mil empleos directos e, indirectos, ni se sabe: no les da la calculadora. De momento, Pérez Llorca ha decidido defender los derechos de los valencianos siguiendo al pie de la letra los dictados de Génova: nada de un nuevo modelo que permita a la Comunitat recibir 3.700 millones más al año (cifra, es verdad, que conociendo al gobierno central tendrá mucho de economía creativa). Lo que parece que tampoco vaya a funcionar es seguir bajando el impuesto de patrimonio y sucesiones a los más ricos de la terreta. Qué bien sabe que mucha gente con problemas para llegar a fin de mes se cree millonaria que están pasando una mala racha —Steinbeck dixit— y le van a seguir votando.

A nivel europeo, la alineación entre el Sol (que se llama Lorenzo) y la Luna (Catalina) también es un mal augurio. La Unión Europea ya estaba dividida entre los partidarios del genocidio en Palestina y los que prefieren que no —ya se sabe, los extremos se tocan—, y entre los que defienden que hay que bajarse los pantalones ante EEUU y los que también, pero disimulando, ahora llega nuevo problema: ¿Qué hacer con Marruecos? La ultraderecha lo tiene claro: a muerte —en más de 140 casos— con Rabat. El resto, disimula. Medidas de presión contra el sátrapa alauita se pueden tomar, pero usar el fantasma de la inmigración ilegal da votos y, como Israel, Marruecos suele pagar bien a sus corifeos. En todo caso, es difícil que Mohamed VI se enfade si la Unión Europea toma medidas contra su país: vive a todo trapo en París mientras su país se muere de hambre. A eso, por lo que sea, nadie dice de deportarlo.

Pero para incierto, el futuro de la lucha contra la violencia machista. La misma semana en que un Guardia Civil le roba la pistola a un compañero, entra en el cuartel, y asesina a su expareja delante de todos, el moderado Bonilla le cede a Vox la gestión de la materia en la comunidad autónoma donde más casos se registran. No contento con esto, y bajo el mágico influjo del eclipse, nombra a un tío como responsable del Instituto Andaluz de la Mujer. “Hay una mala luna saliendo”, cantaba la Creedence.

Como soy muy de hablar sin saber, podría ser que, al final, no pasara nada y que el eclipse tuviera una explicación natural. Yo, de momento, sigo optimista en mi pesimismo: estamos a tiempo de que todo vaya a peor.