Gestos y retratos: PP y María José Catalá

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Hay hechos muy simbólicos que explican las maneras de gobernar y, lo más importante, la forma de dirigirse a la ciudadanía. Haciendo un pequeño recorrido podemos recordar cómo una de las primeras respuestas del gobierno progresista del Botànic fue recibir a la Asociación de Víctimas del Metro 3 de julio, arrinconada por Camps y Rita Barberá. También desde la Diputación, el gesto se dirigió hacia el que fuera director del MuVIM, Román de la Calle, con un recibimiento institucional de agradecimiento y respeto. El profesor sufrió la censura del PP y su honestidad le llevó a dimitir tras una trayectoria impecable en el museo. Pero ese día la respuesta de la gente estuvo allí, de nuevo el símbolo del apoyo y el cariño que llenó la explanada del MuVIM como nunca se había hecho.

En estos momentos, este tipo de actos de castigo del Partido Popular continúan representando su respuesta hacia los colectivos sociales en nuestra ciudad. Este año la Plataforma per l’Ensenyament Públic ha quedado fuera de los Honores y Distinciones porque el gobierno municipal de PP y Vox así lo han decidido. Han censurado el reconocimiento a las familias y docentes, a entidades vecinales y sindicatos que cuidan de la educación pública en València, y que luchan por un sistema educativo inclusivo y digno. Pero María José Catalá no sólo trata de negar estas medallas a colectivos que representan una muestra de valores y de solidaridad. Ni tan siquiera puede sostener los nombres que ella misma ha propuesto, cuando levanta el teléfono para proponer a la rectora de la Universitat de València, Mavi Mestre, como Hija Adoptiva y nos encontrarnos con la abstención de Vox, su socio de este ayuntamiento. Una representación de debilidad a través del gesto de un PP, que tiene un gobierno que no es capaz de votar a su propia premiada.

Y en este cúmulo de capítulos de menosprecios, cuando falta muy poco para recordar el segundo aniversario de la Dana, las asociaciones de vecinos de las pedanías afectadas por esta catástrofe siguen esperando el reconocimiento de su ciudad. Ni Medalla de Oro de la Ciudad, ni tampoco de la Gratitud. El mensaje de abandono y maltrato a las personas que acompañaron y sostuvieron a sus barrios cuando esta catástrofe lo cambió todo, es evidente. Las asociaciones vecinales de La Torre, Castellar-Oliveral y Horno de Alcedo no se lo merecen. Porque una promesa de reconocimiento que se aplaza durante más de un año se convierte en olvido y burla.

Estas asociaciones han acompañado a los vecinos y vecinas en la recuperación material y emocional, y lo siguen haciendo tras la catástrofe. Lo hacen con todos y, especialmente, con los familiares de las 17 personas fallecidas en València. Una reconstrucción que necesita gestos claros de acompañamiento y que tampoco ha permitido el Ayuntamiento de València. Conocemos desde hace meses cómo desde diversas asociaciones y voluntarios se ha impulsado el proyecto de “La ruta de los olivos”. A modo de memorial, un nuevo olivo es plantado por cada vida perdida. Pero el olivo del Parque Central continúa anónimo porque el gobierno de María José Catalá no da permiso para colocar su placa conmemorativa. Un texto que espera fundido sobre una pieza de socarrat, acompañada del dibujo de Paco Roca y que dice: “Hi ha un licor en la resina dels antics oliverals que fa tendra la memòria i aclareix la veritat”. Así suenan los versos de Vicent Torrent.

Afortunadamente, también existen otros gestos de mujeres auténticas. Como el de parar el coche y bajar a escuchar a las víctimas, sin saber si la respuesta será favorable. Gestos que hubieran quedado en el anonimato si un programa de televisión no hubiera querido provocar una encerrona contra la Delegada del Dobierno, que les saldría mal. Porque ese testimonio elogió su trato cercano y sincero. Y es que cuando se da la cara, cualquier respuesta, acertada o errónea, será de verdad. La gente no quiere políticas ni actitudes enlatadas, quiere honestidad. Los valencianos y valencianas no vivimos sólo de gestos, también necesitamos respuestas. Ante el permanente castigo a los colectivos sociales, que parece el ADN del Partido Popular en València, nos quedamos con las alcaldesas que bajan del coche, que escuchan y resuelven. El gesto retrata. Y cuando queda claro que la ciudad necesita más humanidad, alguien que pisa la calle y da la cara, necesita una alcaldesa como Pilar Bernabé.