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Maite Ibáñez

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La Sala Escalante: Historia de una ciudad

Las ciudades construyen la historia a través de su patrimonio, sus calles y sus gentes. En ese sentido, resultaría sorprendente recrear un relato cultural de Valencia a través de sus teatros: muchos de ellos reconvertidos en tiendas, otros prácticamente borrados y demasiado pocos en pie... A menudo la responsable de uno de ellos nos recuerda que "cuesta mucho más comprar un teatro que salvar los que tenemos". Y es por ello que dentro de la campaña electoral municipal, desde el PSPV-PSOE destacamos el apoyo y protección de uno de ellos. Las razones fueron muchas. Desde las urbanísticas y artísticas, pasando por las profesionales, históricas o formativas de nuestras propias vidas. Porque para muchos, la sala Escalante representa la primera experiencia, desde niños, en un teatro.

El lugar que lo alberga forma parte de un conjunto de edificaciones, construidas sobre los restos de la antigua Casa de la Cartuja de la Valldigna, que conforma un tejido de edificios independientes, unidos progresivamente. De este conjunto nacería a principios del siglo XX la construcción del teatro, que cuenta con elementos significativos como las columnas de hierro procedentes de un barco hundido en la guerra del 1914 o las guirnaldas de aire modernista de sus palcos. En definitiva, una arquitectura singular que sólo como continente ya merece un lugar destacado en la ciudad.

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Por una cultura sostenible

La ciudad crece y con el tiempo modifica algunas de sus estructuras para conectarse a la realidad. Desde esa base, la cultura se consolida como el enlace de algunas propuestas que sondean el pulso social y los ejes de convivencia. Presente en ese escenario también está la vida laboral, como futuro sostenible, que auna necesariamente el sector público y privado, y permite que la cultura como espacio productivo genere empleo. Algo tan básico en otras profesiones y tan difícil a veces de encajar en esta.

Durante el apagón cultural que sumió València en más de veinte años de aislamiento, las industrias culturales, los agentes, gestores y artistas reaccionaron activamente creando festivales urbanos, compañías de referencia, reconvirtiendo galerías de arte, espacios híbridos como los bares culturales o abriendo las librerías a nuevas actividades. El objetivo principal consistía en proponer una oferta cultural de calidad. Pero ese tiempo de la resistencia ya debería haber pasado. En estos momentos tenemos la oportunidad de establecer un modelo cultural que asiente las bases hacia el futuro. Y por esta razón preocupa mucho comprobar que en un período tan corto de tiempo desaparecen o agonizan proyectos como Pepita Lumier, librería Dadá, dELUXE Pop Club, y meses antes ya lo hicieron Paz y Comedias, Librería Leo o La Edad de Oro. Todos identificaban la ciudad, actuaban como agentes culturales en los barrios, generaban estímulo económico y creativo, apoyaban la llamada 'marca Valencia'...

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Museos que tejen la ciudad

Desde hace más de 40 años el Día de los Museos nos abre las puertas a la creatividad y también a la convivencia. Su transformación progresiva ha permitido que el clásico papel estático de los museos se convierta en un escenario participativo, dando el salto del llamado mausoleo hacia nuevas formas de interacción. En definitiva, estos lugares han logrado reinventarse desde un rol que parecía aparentemente inamovible para revelarse como auténticos iconos urbanos. En la actualidad los museos conforman los ejes culturales de cualquier ciudad, y desde ellos podemos sondear la realidad social de su entorno y la memoria de sus edificios. En ese sentido, son cada vez más abundantes las nuevas lecturas de sus colecciones, integrando la diversidad real y saltando el discurso convencional de artistas no occidentales, blancos y hombres, para visibilizar por ejemplo a las autoras que siempre formaron parte de sus almacenes, pero pocas veces tuvieron exposiciones individuales.  

Cada ciudad cuenta con sus museos como espacios de identidad. En el último año hemos sido testigos de amenazas que siguen escribiendo capítulos en la historia: el Louvre evacuaba su colección ante las inundaciones y crecida del Sena, y posteriormente el Museo Nacional de Brasil desaparecía entre las llamas de un terrible incendio, eliminando para siempre una de las colecciones de historia natural más grandes de la región. Cada día somos más conscientes de la propia temporalidad de aquello que parecía eterno y también de los diferentes soportes y tecnología que debe establecer el museo. La conservación del patrimonio y la memoria, caminan necesariamente unidos al desarrolllo de la cultura digital y la accesibilidad de los fondos y colecciones.

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