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Ignasi Franch

Ignasi Franch es periodista cultural y crítico cinematográfico. Colabora en el periódico Diagonal, el semanario Directa y la web especializada Transit.

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'La guerra de las corrientes': Edison como antihéroe en un Monopoly sobre el control de la electricidad

En La guerra de las corrientes, la pugna de Thomas Edison y George Westinghouse por el control del suministro eléctrico se convierte en un drama dinámico con ritmo cercano al thriller y actores de renombre (como el Benedict Cumberbatch de Sherlock y el Michael Shannon de Take Shelter).

El resultado es especialmente apreciable si se tiene en cuenta su accidentada elaboración: se presentó prematuramente con un montaje provisional pero su estreno se canceló a raíz de las denuncias contra el productor Harvey Weinstein. Y tiempo después, ya fuera del control del antiguo magnate del cine ahora juzgado por delitos sexuales, llega a nuestras pantallas un remontaje para el que fue necesario un día más de filmaciones.

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'Richard Jewell' y la brújula ética de Clint Eastwood que apunta siempre a la derecha

En uno de los capítulos de Los Simpson, el travieso niño protagonista participaba en un telediario infantil con una sección propia de reportajes sentimentaloides: 'La gente de Bart'. A menudo, ese episodio ha sido usado para alertar sobre el sensacionalismo y las maneras de desinformar o sencillamente llenar minutos sin ofrecer nada que se parezca a una información relevante. Un periodista veterano de la serie daba un consejo al chico: "Llegar al corazón para nublar la mente".

En los últimos años, el veteranísimo actor y director Clint Eastwood parece estar construyendo un panteón de 'La gente de Clint'. Su filmografía reciente se compone de retratos cinematográficos de presuntos héroes reales como el soldado de El francotirador, el piloto de avión comercial de Sully o el guardia de seguridad Richard Jewell en la obra de título homónimo.

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'Midway': la guerra como un espectáculo digital cómodo de ver

Roland Emmerich es uno de los cineastas europeos que se ha sabido integrar de manera más perdurable en el Hollywood del blockbuster. Junto con el guionista y productor Dean Devlin u otros colaboradores, actualizó una fórmula de cine basado en la visualización de eventos catastróficos. Mediante Independence day fijó una receta de cine de acción moderadamente coral, poblado por héroes y secundarios reconocibles que intentan evitar una gran fatalidad o sobrevivirla. El germano reciclaría esa fórmula, con algunos retoques, en Godzilla, El día de mañana o 2012.

En los últimos años, Emmerich ha intercalado las superproducciones con propuestas algo diferentes (Stonewall, Anonymous). Midway se sitúa entre las primeras. Como película ajena a los grandes estudios de Hollywood, es una de las más caras de la historia. Su coste estimado (entre 60 y 100 millones de dólares, dependiendo de las fuentes) se mantiene lejos de los presupuestos récord de El Atlas de las nubesValerian y la ciudad de los mil planetas o Monster Hunt 2, pero la sitúa como un proyecto de riesgo parcialmente asumido por un contendiente de las majors estadounidenses: Lions Gate Entertainment (Los juegos del hambre, Crepúsculo).

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Julio Verne en tres libros de aventuras, fantasía científica y contradicciones ideológicas

Durante la segunda mitad del siglo XIX, un prolífico escritor francés renovó la novela de aventuras más o menos relacionada con el colonialismo. Inyectó en sus moldes dosis generosas de divulgación y especulación científica. De la pluma de Julio Verne surgieron Viaje al centro de la Tierra, La isla misteriosa y muchos otros clásicos del género que gozaron de nuevas vidas en la gran pantalla y en la televisión. Asociado perdurablemente con una familia de editores que querían dirigir estas obras a todos los públicos, y publicarla inicialmente en forma seriada mediante revistas, el francés rehuyó la representación de escenas que pudiesen resultar polémicas.

Verne quiso trasmitir las maravillas de la naturaleza y de las posibilidades de la ciencia. Su obra proyectaba una confianza básica en el progreso, abierta a dudas sobre las aplicaciones destructivas de avances tecnológicos. El autor no estaba fuera de los marcos conceptuales predominantes en la época: aplicaba la morfopsicología, que conecta pseudocientíficamente rasgos físicos con caracteres, o asumía los dictados de una antropología eurocéntrica y racista.

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'El Estado contra Mandela y los otros': si la historia tiene final feliz, quizá es porque no te la han contado toda

A principios de los años sesenta del siglo pasado, Suráfrica seguía viviendo en un férreo régimen de segregación racial y supremacismo blanco. Tras décadas de existencia, el partido Congreso Nacional Africano (CNA) contempló la necesidad de acometer acciones violentas para provocar fisuras en el régimen y conseguir reivindicaciones como el sufragio universal.

La matanza de 69 personas en unas protestas antigubernamentales celebradas en 1960 había contribuido, quizá decisivamente, a este giro. Un brazo armado del CNA, La Lanza de la Nación, debía practicar actos de sabotaje mientras estudiaba y preparaba escenarios de guerrilla que podían derivar en un conflicto bélico abierto. Poco después, en 1963, algunos de los principales líderes de La Lanza de la Nación fueron detenidos. Se trataba de un grupo variopinto donde coincidían diversos opositores al supremacismo racial de la élite afrikáner: los activistas de piel negra cooperaban con aquellos que tenían ascendencia hebrea o india, y la lucha antirracista se entremezclaba con los idearios socialistas o comunistas.

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'Society': la marcianada de terror y humor negro donde los ricos se alimentan (literalmente) de los pobres

Nos trasladamos a 1989. Se acercaba el final de una década muy animada en el ámbito del cine fantástico independiente. El auge del mercado videográfico había proporcionado una nueva ventana a producciones que quizá no tenían cabida en el circuito de las salas comerciales, pero que podían alcanzar los hogares de los aficionados al género. Era, también, la era del uso del látex y de todo tipo de materiales para llevar a la pantalla imágenes de violencia gore, transformaciones en monstruos góticos o lovecraftianos y mutaciones en las nuevas carnes con las que especulaba el David Cronenberg de Cromosoma 3 o Videodrome.

En el universo de Brian Yuzna (La novia de re-animator), lo lovecraftiano y lo cronenbergiano se entremezclaron para que surgiese algo diferente. Este cineasta de origen filipino había debutado como productor de dos películas inspirados en obras del escritor de Providence, Re-animator y Re-sonator. Ya en su primer filme como realizador, Yuzna hallaría su mayor aportación al género fantástico: la concepción de grotescas escenas donde lo terrorífico se desplaza hacia lo orgíastico en una fiesta erótica perturbadora, pero menos oscura que los horrores sadomasoquistas del Clive Barker de Hellraiser. Estas secuencias de monstruosidad grupal se convertirían en marca de la casa, e irían reapareciendo en obras posteriores.

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'El cuervo': 25 años del superhéroe trágico que parecía surgido de un videoclip de The Cure

Estrenada en 1992, Batman vuelve había sido criticada por ser excesivamente oscura y violenta. El intento del realizador Tim Burton (Bitelchús) de realizar una superproducción con aires arty topó con una campaña contraria que llevaría a los estudios Warner Brothers a replantearse el futuro de la saga. Aún así, estábamos en otra época del cine superheroico, entonces no tan automáticamente asociado a los costes gigantescos y las enormes ambiciones comerciales de las aventuras fílmicas de Batman o Superman. En otro tipo de producciones, había un mayor margen para llevar a la gran pantalla otro tipo de héroes de papel.

El cuervo (1994) fue una de esas producciones. Adaptaba un cómic que no pertenecía a las grandes empresas del sector: había sido publicado por una editorial naciente, Caliber Comic, en un blanco y negro algo feísta que remitía más al cómic alternativo que a la hegemonía superheroica de DC Comics y Marvel. Su productora era la división fantástico-terrorífica de la Miramax del infame Harvey Weinstein y su hermano Bob, esa Dimension Films que alumbró obras paradigmáticas del cine juvenil de hace dos décadas como Screamo The faculty.

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¿Y los niños, es que nadie va a pensar en los niños?: las dos vidas de 'El pueblo de los malditos'

A las 10 de la mañana, toda la población de Midwich sufre un desvanecimiento. El ejército explora la zona y dibuja un perímetro de límites perfectamente delimitados, dentro del cual toda la vida animal está inconsciente. Unas horas después, todos ellos recuperan los sentidos al mismo tiempo. Esta situación enigmática va teniendo consecuencias. Unas semanas después, toda la población femenina en edad de procrear está embarazada. Posteriormente, llegan los partos de unos niños de ojos y pelo extrañamente idénticos. Y la revelación de sus inusuales capacidades.

Esta era la historia de El pueblo de los malditos, un clásico de la denominada edad de oro de la ciencia ficción. El filme, además, es quizá el exponente más conocido de las fantásticas terroríficas sobre pérdida del control paternal o maternal (con permiso de ¿Quién puede matar a un niño? o de ¡Estoy vivo!). También era un filme sobre invasiones e infiltraciones en la linea de la mítica La invasión de los ladrones de cuerpos. Aunque esta vez los infiltrados no se escondían, sino que resaltaban su talante de grupo uniforme que viste y se comporta de manera idéntica.

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Apocalipsis, desesperación y sátira en la ciencia ficción de una URSS que colapsaba

La victoria del neoliberal Ronald Reagan en las elecciones presidenciales estadounidenses de 1980 fue leída por sus partidarios como una victoria del optimismo. En ocasiones, ese optimismo pasaba por la revancha respecto a los fantasmas del pasado (véanse títulos revisionistas de la derrota en Vietnam como Rambo II o la saga Desaparecido en combate) y el recrudecimiento de los conflictos del presente. La Guerra Fría se recalentó. Y eso, en momentos de enorme proliferación de armas atómicas, implicó un miedo al holocausto nuclear.

El Hollywood de los años 80 no solo fue el Hollywood de Los Goonies, sino el de la acción geoestratégica agresiva llevada a cabo a tiro limpio (incluso los jóvenes tomaban las armas en Amanecer rojo, Evasión del norte o Águila de acero). También fue un momento de eclosión de ficciones que desconfiaban de esa doctrina de la destrucción mutua asegurada que hacía que el mundo dividido en dos bloques caminase por la cuerda floja de la extinción. Juegos de guerra o 70 minutos para huir eran un ejemplo de ello. Ambas planteaban un cierto tabú: los Estados Unidos podían ser los primeros en lanzar un ataque nuclear sin provocación previa.

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¿Es esto la vida real?: 'ExistenZ' y otras pesadillas fílmicas sobre videojuegos

Desde hace décadas, cine y videojuegos mantienen un diálogo constante. No solo se tratan de sinergias industriales como las adaptaciones fílmicas de juegos exitosos, o viceversa, sino de influencias bidireccionales sobre la manera de concebir visualmente y estructurar una historia y una experiencia audiovisual. Hasta el punto en que, en ocasiones, las fronteras entre ambas disciplinas parecen volverse líquidas.

En las películas de los años 80, los videojuegos sirvieron de pórtico a otros tiempos y realidades (Starfighter: la aventura comienza, Tron), o fueron usados como excusa para advertir sobre los peligros de la proliferación nuclear y el miedo a la automatización de decisiones estratégicas (Juegos de guerra). La reciente y espectacular Ready player one, por su parte, nos mostraba un futuro de dualización económica extrema en la que un mundo virtual servía de escapatoria a individuos como su personaje protagonista, decidido a luchar contra la privatización del juego mientras asumía el statu quo de la realidad.

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