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Ignasi Franch

Ignasi Franch es periodista cultural y crítico cinematográfico. Colabora en el periódico Diagonal, el semanario Directa y la web especializada Transit.

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25 años de 'Dead man', un wéstern violento y bello al son de la guitarra de Neil Young

Para hablar de este filme, se ha citado repetidamente un fragmento del Macbeth  shakesperiano donde se afirma que la vida es "un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada".

Dead man, memorable western raro dirigido por Jim Jarmusch y protagonizado por Johnny Depp, podría definirse como la estupefacta duermevela de un hombre corriente enfrentado a través de situaciones extremas a ese absurdo de la existencia. Alguien que deviene asesino a su pesar. La película es una odisea somnolienta donde ese ruido y esa furia están muy presentes, pero son contemplados a través de una mirada distante, casi perpleja, que los vacía de épica.

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Hay vida más allá de 'Pi' y 'Primer': cuatro películas de 'indie' fantástico con más imaginación que presupuesto

La ciencia ficción puede aspirar a menudo a explorar futuros avanzados, tecnologías (casi) impensables, viajes interestelares o la colonización de otros planetas. Estas narraciones pueden requerir de presupuestos abultadísimos para llevarse a la gran pantalla, pero hay que recordar que uno de los grandes clásicos del cine fantástico de todos los tiempos es una fotonovela filmada de presupuesto muy moderado: el cortometraje La jetée, de Chris Marker, que inspiró la película Doce monos.

Existe una tradición de fantástico cinematográfico que apuesta más por el ingenio que por la abundancia de medios de producción. En los últimos años, estos enfoques han encontrado un lugar en espacios naturales del indie  audiovisual estadounidense.

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Cuando la ultraderecha asesinaba: el cine de la Transición española que no iba de quinquis ni destapes

A menudo, el recuerdo del cine producido durante la Transición española queda monopolizado por las películas más estridentes. Por las exhibiciones más o menos babosas de cuerpos femeninos que caracterizaban las diversas caras del destape fílmico. O por los atracos a punta de navaja y los robos de coches que abundan en eso que terminó calificándose como cine quinqui. Pero la violencia callejera y la inseguridad ciudadana tan insistentemente representada en películas como Perros callejeros, Navajeros o Deprisa, deprisa, tenía otra faceta en el mundo real y en su plasmación en celuloide: la violencia ultraderechista.

Los inicios de la democracia en la España de los años setenta y los primeros ochenta del siglo pasado supusieron un cierto auge del cine político, fuese en forma de drama o de documental más o menos militantes, o comedia (desde la sátira berlanguiana a comedias machistamente erotizadas como Que vienen los socialistas).

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A machete contra la sexualidad: 40 años de 'Viernes 13' y sus advertencias moralistas

1978. Noche de Halloween. Un joven realizador, John Carpenter, impresionó con un filme de terror de presupuesto ínfimo ambientado en un barrio suburbial de una pequeña (y ficticia) localidad estadounidense. Un asesino fugado de un hospital psiquiátrico asediaba y mataba varias personas. El planteamiento era minimalista: se renunciaba al suspense y se confiaba en una narrativa visual de imágenes flotantes y fluidas, en la presencia desasosegante de una amenaza quietista y silenciosa, en el atractivo de una banda sonora sencilla pero memorable.

Con unos pocos elementos astutamente mezclados, Carpenter consiguió un clásico, La noche de Halloween, que terminó de definir un género prefigurado a través de obras como Navidades negras o Masacre en el autocine: el cine slasher. Con ello, llegaban a Hollywood y su periferia los asesinatos seriados que llevaban años concibiendo directores italianos como Dario Argento o Mario Bava, en ocasiones con un pie en el misterio hitchcockiano, siempre sangrientos y liberados de la nueva censura (en forma de aplicación restrictiva del sistema de clasificación por edades) imperante en Hollywood desde 1968.

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Nazis, frikis, maestras y maestros del cine: cinco documentales para digerir nuestros empachos de audiovisuales

En unas semanas en que una parte de la población consume más películas y series que nunca, parece recomendable prestar atención a las obras que contextualizan, expanden y cuestionan la misma producción audiovisual. Más aún en un momento en que vivimos una especie de edad de oro, al menos en términos cuantitativos, de este tipo de documentales.

El ahorro en tiempo y dinero derivado de la adopción de herramientas digitales, unido a la existencia de un mercado videográfico que absorbe piezas (más promocionales o más críticas) de acompañamiento a las películas, supuso un cierto estallido que continúa vigente.

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No quiero, no puedo y no me dejan salir: el cine de terror y refugios que nació con un confinamiento

Parece lógico que el audiovisual terrorífico tenga mucha relación con los espacios reducidos, porque el individuo que se siente amenazado tiende a buscar un refugio que pueda controlar. La narrativa de misterio clásico repitió un esquema que jugaba con ello, esquivando a la vez las estrecheces extremas, mediante historias localizadas en mansiones sombrías durante noches de tormenta.

Sus protagonistas solían ser oligarcas asediados por familiares deseosos de heredar u otros enemigos. Algunos de esos filmes podían considerarse antecedentes del thriller de invasión doméstica, y se emparentaban también con el cine de acoso de mujeres (desde las versiones clásicas de Luz de gas hasta el reciente remake de El hombre invisible).

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Sanidad excluyente y desigualdades extremas: películas de ciencia ficción para entender la crisis que ya vivimos

¿Qué quedó de las ficciones futuristas que trataron en clave fantástica el crack del 2008 y la posterior recesión? Durante unos años, Hollywood nos habló de la desigualdad socio-económica a través de historias ambientadas en futuros más o menos lejanos. Los enfoques podían llegar a recordarnos unos comentarios de Alan Moore sobre la adaptación fílmica de su cómic V de Vendetta: el historietista consideraba que sus autores no habían osado situar una sátira política en los Estados Unidos, a pesar de haberla reconfigurado como una crítica a la administración Bush.

Los materiales narrativos empleados para construir esas fantasías de la crisis no eran especialmente novedosos. Una de las películas más exitosas del ciclo, Los juegos del hambre, visualizaba unas competiciones por sobrevivir que remitían a obras previas como Battle royale. Y muchas otras propuestas apuntaban al ciberpunk fílmico y mainstream, alejado de la radicalidad de algunos exponentes japoneses, que se extendió más allá de los ochenta de Blade runner, Videodrome y compañía a través de Robocop 3 o Días extraños.

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Las mujeres fatales y 'Perversidad': el 'noir' más ácido de Fritz Lang cumple 75 años

Quizá la estancia en los Estados Unidos de Fritz Lang, después de que este despuntase en el cine de la República de Weimar mediante clásicos como Metrópolis, no colmó sus expectativas artísticas. Quizá tampoco le procuró la autonomía creativa que alcanzó el director y productor Otto Preminger, una china en el zapato del Hollywood censurado a raíz del estreno de La luna es azul o Anatomía de un asesinato. Aún así, la etapa norteamericana del director de M, el Vampiro de Düsseldorf se extendió durante veinte años e incluyó obras tan estimulantes como Furia o Los sobornados.

A mediados de la década de los cuarenta, Lang acababa de realizar su ciclo de películas antinazis aptas para un séptimo arte que también había entrado en guerra. Después de ello, llegó un trío de filmes de suspense con dosis variables de film noir e intriga psicológica. El nexo común entre ellos era el protagonismo de la actriz Joan Bennett y la producción a cargo de un independiente, Walter Wagner, que había sido uno de los primeros en abrir el melón del antifascismo mediante la película Bloqueo... y que declararía por ello ante el Comité de Actividades Antiamericanas.

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Humor, terror y delirios: así era Philip K. Dick visto por Anne Rubenstein, su segunda esposa

James Joyce diseñó su obra experimental Finnegans Wake como un desafío a los críticos y los lectores, como un puzle que los expertos siguen intentando desentrañar. El rompecabezas más complicado que legó Philip K. Dick, el escritor cuya obra ha inspirado películas como Blade runner o Minority Report y series como El hombre en el castillo, fue su propia vida. Más de veinte años después de haberse divorciado de él, la joyera Anne Rubenstein Dick seguía obsesionada por la idea de desentrañar qué pasaba por la mente de su antiguo marido en sus mutaciones de pareja afectuosa a extraño compañero de viajes estupefacientes de hippies y moteros o visionario místico.

Para despejar esa incógnita, se reunió con decenas de personas que le habían conocido. El resultado fue un ensayo redactado desde dentro, un relato coral repleto de citas de conversaciones o epístolas mediadas por la biógrafa. En busca de Philip K. Dick (Gigamesh, 2020) fue, junto con la obra dickiana, la fuente principal de Yo estoy vivo pero vosotros estáis muertos, de Emmanuel Carrère. En ambos ensayos, especialmente en el firmado por el francés, se eleva la narrativa del escritor a la categoría de autobiografía alternativa y fantasiosa, dados los constantes trasvases de situaciones vividas y personas conocidas hacia las ficciones que compuso.

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No solo de 'blockbusters' vive Estados Unidos: el Hollywood proletario llega a Barcelona

El Festival de Cine Independiente Norteamericano de Barcelona ha conseguido ocupar un espacio en la nutrida oferta cinematográfica de la ciudad. Sus responsables nos recuerdan cada año, implícitamente, que los blockbusters del Hollywood multimillonario ocupan una parte relevante de las carteleras, pero no todo el cine estadounidense capta la misma atención. Repasar la  programación del certamen años previos supone encontrar unas cuantas joyas que no han llegado a las salas comerciales, el mercado videográfico o las plataformas de streaming.

En su séptima edición, además, el Americana se abre a México y Canadá para acabar de representar las complejidades de las otras norteaméricas. La cita, que tendrá lugar en los cines Girona, la Sala Zumzeig y la Filmoteca de Catalunya entre los días 3 y 8 de marzo, puede servir sobre todo para tomarle la temperatura al indie audiovisual en sus múltiples facetas. Y esto incluye varios acercamientos a géneros como el terror (Swallow) o la ciencia ficción de bajo coste (The vast of night).

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