¡Hay que parar la política turística ya¡

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En 1999 Eduardo Zaplana, artífice de Erialpuntouno vertebraba su propuesta de modelo económico en convertir a la Comunidad Valenciana “en el primer destino turístico de España”. Carlos Mazón, como buen promotor de Erialpuntodos afirmaba hace algunas semanas que “la Comunitat Valenciana será turística o no será”. Corroborando, sin complejos y con troleo fusteriano incluido, el arriendo de nuestro futuro a la patronal hostelera. No solo les cede la política turística sino también la política industrial y de innovación

El mapa del crecimiento del PIB regional del último informe sobre la cohesión económica social y territorial no puede ser más decepcionante para el País Valenciano. Somos, junto a Alentejo, la región ibérica con menor crecimiento del PIB per cápita entre 2001-2019, excluyendo los territorios insulares. La distancia que nos separa de la renta por habitante de España ha aumentado del 10% en 2007 al 12% en 2021 y hemos retrocedido dos posiciones (de la 10 a la 12) en el ranquin regional.

Solo parecía que algunos indicadores mejoraban en los últimos años y ya habíamos pasado, en el marco de las regiones europeas, de componer el pelotón de los innovadores moderados – a los innovadores moderados +, junto a Navarra y Cataluña, aunque lejos de los innovadores fuertes como Madrid y el País Vasco.

Es evidente que las estrategias de política económica regional del S XXI no han funcionado del todo bien y la insensatez de otorgarle atención especial al turismo es claramente uno de los factores responsables. No es comprensible hacer pivotar el modelo económico regional sobre el sector del turismo, que, aunque intensivo en mano de obra, presenta una productividad que se mantiene –de forma estructural- en niveles muy por debajo no solo del sector servicios sino por debajo de la media de la economía. También tiene una peor distribución entre salarios y rentas del capital y un incremento de las fugas del territorio del impacto a medida que se va incrementando el gasto por turista. La condena es peores oportunidades profesionales, peores salarios y tensiones sobre bienes y servicios públicos que pueden afectar negativamente a la calidad de vida de la ciudadanía residente.

El País Valenciano solo será un territorio capaz de proveer prosperidad a su ciudadanía desde ciertas lógicas endógenas si somos capaces de desenganchar su ecosistema económico de la adicción al turismo. No puede ser nunca sano que un sector con tantas debilidades estructurales como el turismo signifique el 15,7% del PIB regional (datos Impactur, 2019). En ningún espacio económico líderes en el el mundo, desde Suiza o Finlandia, pasando por Singapur o Corea, el turismo supera el 4% de su PIB. Por encima de esas cifras significa que el turismo se convierte en un tumor maligno que consume y captura inversiones, talentos y atención que deberían estar orientados en otras direcciones. En el PV, 1.386 millones de euros de gasto corriente de las distintas administraciones públicas se estimaban en 2021 destinados a activar la demanda turística y eso sin contar inversiones en infraestructuras como puertos, autopistas o aeropuertos. 

Como señala el sentido común y la ciencia económica, la productividad –es decir la capacidad de generar riqueza por unidades de factores de producción utilizadas- es el elemento central para explicar la salud de un sistema económico. Y la productividad española en general y la valenciana en particular no han ido muy bien en los últimos 20 años, lo que explica la falta de convergencia de España con Europa y del País Valenciano con España.

El diagnóstico de la baja productividad, parece claro. La primera razón, a pesar de que nadie quiere verbalizarlo, es que tenemos empresarios y gerentes de baja calidad. Nuestro sistema productivo necesita mejores empresarias y gerentes más capacitados y formados para organizar mejor la producción y que en sus decisiones incorporen no solo más tecnología y absorba capital humano de mayor calidad, sino que se percaten de las necesidades de usar más diseño, software, inteligencia de datos, innovación…. Es decir, densificar el contenido del capital intangible del sistema productivo.

La segunda razón es que seguimos asignando recursos a sectores y actividades con bajas tasas de productividad. El clientelismo o el capitalismo de amiguetes o la revalorización forzada por burbujas especulativas, y la incapacidad tanto del sistema financiero como de la administración pública para canalizar eficientemente recursos hacia actividades innovadoras y disruptivas explican que hayamos seguido cebando de manera artificial actividades como la construcción, el turismo, el comercio asociado al turismo etc… La barbaridad del bono viaje es el epitome de esa irresponsabilidad de asignar recursos a funcionarios bien pagados y a hoteleros poco eficientes

Para que tengan una referencia clara en 2019 la productividad en el sector turístico apenas alcanzaba los 25. 444 en cambio para los sectores culturales y creativos era de 37.666 y para el conjunto del sector servicios 37.889. Por cada euro destinado al sector turístico estamos empeorando la productividad del conjunto del sistema económico

Es el momento de hacer cosas distintas para obtener resultados distintos y hoy tenemos ya las evidencias científicas de que el incremento de la actividad de los sectores culturales y creativos (SCC) tiene impactos causales sobre los niveles de productividad de las regiones europeos.

Utilizando la herramienta (SICCRED) accesible al público en general y desarrollada por Econcult de la Universitat de València hoy sabemos que para el caso concreto del País Valenciano la dimensión de los SCC es la segunda variable (tras la dotación de capital por trabajador) para explicar la productividad del sistema. Este resultado otorga a las dinámicas de los sectores culturales y creativos una centralidad extrema en el marco de las políticas orientadas a la mejora de la productividad. Hoy, dedicar parte de los recursos de la política turística para promover la creación de oportunidades laborales en los sectores de la música, el diseño, la arquitectura, el patrimonio, las artes escénicas o cualquier otra actividad de los SCC que tendría un gran efecto sobre la productividad. Concretamente, conseguir 20.000 ocupados más en esos sectores (+50% de ocupados) significaría que el País Valenciano alcanzara la productividad media española (incrementándola en 4.700 Euros). Con menos del 10% de los recursos destinados a la política turística sería plausible y realista alcanzar esas cifras. Políticas públicas, basadas en la evidencia a precios de rebajas de enero. ¿Por qué nos cuesta tanto apostar a certezas, que eso sí, se alejan de las rutinas mediocres?

Hay que parar la política turística ya. Pero esto no significa ninguna condena al sector. Hay que tener en cuenta que se sector turístico funciona bastante bien en el conjunto de España (es la potencia turística más competitiva del mundo de acuerdo al Foro Económico Mundial) y también en el País Valenciano (4ª comunidad autónoma en el ranquin de competitividad turística según Exceltur) y mantienen todos los condicionantes para seguir así (agentes, infraestructuras, marcas…) con bastante independencia de la política turística.

Además, incrementar un 1% el porcentaje de trabajadoras en los SCC implicaría también, como también se puede consultar en la herramienta SICCRED, un incremento de 1,7 millones de pernoctaciones turística en el PV, o sea un 3,5% más de actividad para el sector. Lo que hay que procurar es que los sectores más productivos crezcan a una tasa mayor que el turismo. El turismo siempre tendría que ser una segunda derivada de la mejora de la calidad de vida de un territorio para sus ciudadanos.

Erialpunto2  será  turístico pero el  País Valenciano puede ser creativo.