Descubre los ‘orange wines’: el frescor del blanco y las cualidades de tinto

La diferencia entre un blanco o un rosado y un orange o vino naranja es que se elaboran con uvas blancas pero siguiendo la vinificación de un tinto durante unos días, es decir, dejando sus pieles en maceración desde una semana hasta varios meses para que adquiera los taninos de la uva, razón por la que se denominan también skin contact (que significa contacto con la piel).

Los vinos naranja son, a su vez, un símbolo del vino natural, según el sumiller David García, como lo demuestra el hecho de que muchos de sus viticultores se retrotraigan a ánforas, tinajas o damajuanas para respetar más los métodos de maceración pelicular ancestrales al tiempo que la expresión de cada variedad.

Y el resultado viene a ser bastante sorprendente para quienes los prueban por primera vez, porque se esperan el sabor de un blanco pero se topan en boca “con el tanino, la estructura y la potencia que tienen”, describe García. También distingue entre las “infusiones de unos días con los hollejos y las maceraciones ya súperlargas, incluso con crianza en barrica, de las que salen ya vinos muy estructurados, de guarda”. 

Con el envejecimiento, se suavizan los taninos y ganan mucha consistencia, así que quedan perfectos para maridar. Estos últimos se vienen elaborando desde hace mucho tiempo en la zona de Georgia y en Italia, pero en España tenemos cada vez más ejemplos muy recomendables para iniciarse.

Los brisados de Cataluña

El Brisat del Coster 2019 de Josep Foraster es un 100% macabeo ecológico y sin filtrar de la DO Conca de Barberá, en Tarragona, y resulta muy fresco, floral. Un buen representante del típico brisado catalán, hermano del naranja, porque está macerado con las pieles durante 20 días. Resulta muy rico con una ensaladilla y o incluso sin comida, pues tiene 12% Vol. 12,75 euros.

A pèl, de Loxarel, es un 100% xarel.lo elaborado de forma natural de la DO Penedés. Fermenta durante cuatro semanas en depósitos con el grano entero con la piel de la uva, y luego reposa en ánforas de barro de 720 litros durante tres meses. Tiene levaduras salvajes y cero sulfitos, sin ningún tipo de tratamiento de clarificación ni filtración. En boca destaca el puntito picante de la pimienta blanca en contraste con el recuerdo a miel, es muy especiado, muy intenso. 13% Vol y 13,15 euros

Muy de moda en la Comunidad Valenciana

Nimi Tossal 2015. Si hay un orange verdaderamente naranja, ese es este moscatel seco de la Marina Alta fermentado en bota. No solo por ese color tan ámbar, sino por la potencia de la maceración con sus pieles y la expresividad exponencial que le aportan los 12 meses de crianza. Una rareza con regusto a bollería y a fruta madura, casi compota, que le debemos a Joan de la Casa, un viticultor de Alicante que se curra toda una gama de extraordinarios Oranges Ecológicos de Autor, como demuestran premios tal que la Mención especial al Mejor Vino de la DOP Alicante ASPA 2019. 14’,5% Vol y 11,90 euros

Pigar es uno de los tres narajas que está haciendo Juan Piqueras dentro de su proyecto de recuperación de bobal y otras variedades autóctonas, como esta tardana, dentro de Bodegas y Viñedos Pigar, en la DO Utiel Requena. Se trata de un vino brisado con fermentación maloláctica y pelicular durante 25 días en antiguas tinajas de barro y posterior crianza sobre lías. 

Un skin contact sin aditivos, sin filtrar ni clarificar, por eso es de un ámbar casi opaco, con las sedimentaciones naturales que quedan tras la vinificación. En una cata a ciegas, para los que no están acostumbrados a este tipo de vinos, podría recordar a una cerveza artesanal bien estructurada, solo que sin la espuma. 11% Vol y 20 euros.

En el centro peninsular

Airene, de vinos Ambiz, bodega sita en Ávila, es un vino fresco a la par que profundo, naranja turbio. A ciegas podrías confundirlo con sidra pero con un deje a pimiento y otro a azúcar de caña que, por supuesto, no contiene. Porque el viticultor Fabio Bartolomei, a sus naranjas naturales, ni siquiera al Alba en barrica, no les añade nada ni les hace pasar por ningún otro proceso que no sea la fermentación de la uva, como bien aclara su etiqueta, que es toda una declaración de principios. Tiene un retrogusto picantillo muy divertido y 13,75% Vol. Cuesta 10 euros en bodega

Malvar de San Martín de Valdeiglesias. Aunque reza ‘vino blanco’ en su etiqueta, es un naranja en toda regla, pues Luis Oliván deja el mosto en contacto con las pieles durante 40 días para extraer todo el alma del terruño del paraje de La Mata, en Madrid. Tras la fermentación espontánea con levaduras salvajes en pequeños depósitos de acero inoxidable, reposa seis meses en barricas usadas de 600 litros y se embotella sin clarificar ni filtrar. Es curiosamente amargo y cítrico, lo que lo hace muy fresco, a la par que redondo y envolvente. 12,5% Vol y 14 euros.

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