Cómo cultivar laurel en casa y cosechar fácilmente sus hojas aromáticas para cocinar

El laurel es uno de esos ingredientes que nunca suelen faltar en las despensas de las cocinas mediterráneas. Sus hojas aromáticas son un básico en guisos, arroces, legumbres, caldos y otros platos de cuchara, a los que aportan de forma natural un sabor y un aroma inconfundibles. Sin embargo, seguro que en más de una ocasión has ido a echar mano de él para preparar alguno de estos platos y te has encontrado con que no quedaba ni una hoja en casa.

Como sucede con otras plantas aromáticas como el perejil, el cilantro, el romero o el tomillo, una solución más sencilla de lo que te imaginas es cultivarlo en casa. Y sí, es perfectamente posible: el laurel puede crecer sin problema en una maceta y, con unos cuidados muy básicos, proporcionarnos hojas para cocinar siempre que lo necesitemos.

Originario del este del Mediterráneo y de Asia Menor, el laurel (Laurus nobilis) tiene además una larga historia ligada a la cultura mediterránea. Su nombre científico procede del latín y hace referencia a algo “célebre” o “notable”, mientras que desde la Antigüedad se ha asociado con los valores del triunfo y del reconocimiento. Los griegos lo relacionaron con Apolo y, más tarde, los romanos le dieron uso a sus ramas para confeccionar las coronas con las que se distinguía a vencedores y personajes ilustres. De aquel símbolo ha llegado hasta nuestros días un arbusto que podemos cultivar fácilmente en casa y tener siempre a mano cuando la receta lo requiera. El sabor del laurel está tan ligado a nuestra cocina que cuesta imaginar algunos de sus platos más tradicionales sin él.

Laurel en el jardín: dónde plantarlo y qué cuidados necesita

De hoja perenne, el laurel es un arbusto resistente al calor, la sequía y el frío. Si tienes jardín o huerto en casa, puedes plantarlo en una zona soleada, aunque también tolera la semisombra, siempre en un suelo fértil y, sobre todo, bien drenado. El exceso de humedad en las raíces es uno de los problemas que más puede perjudicar a la planta, por lo que conviene evitar en la medida de lo posible los terrenos que se encharcan fácilmente.

También es importante tener en cuenta el espacio disponible. Si se planta directamente en el suelo y se deja crecer libremente, el laurel puede alcanzar entre ocho o diez metros de altura en condiciones favorables, aunque la poda permite mantenerlo bajo control. Los ejemplares más jóvenes, además, son más sensibles a las heladas y al viento fuerte, por lo que conviene protegerlos sobre todo durante sus primeros años.

Cómo plantar y cuidar un laurel en maceta

En cualquier caso, si no dispones de jardín o prefieres tenerlo más cerca de la cocina, cultivar el laurel en maceta es una alternativa sencilla y viable. Podemos situarlo en una terraza, balcón o patio, si disponemos de estas zonas en casa; aunque a falta de estos espacios, también se puede colocar cerca de una ventana o en cualquier otra zona del interior de la vivienda, aunque crecerá más lentamente.

Eso sí, para que la planta crezca sana y pueda producir hojas aromáticas con regularidad, conviene prestar atención al drenaje, la luz y el riego:

  • Elegir un recipiente adecuado. Para empezar, es aconsejable utilizar una maceta con agujeros de drenaje y, preferiblemente, que tenga un tamaño generoso. Si tu ejemplar es pequeño, sí que puedes comenzar con una maceta de unos 30 centímetros de diámetro y cambiarla a un recipiente mayor a medida que vaya creciendo.
  • Preparar un buen sustrato. El laurel no lleva bien el exceso de agua, puede provocar que sus raíces se pudran. Es importante utilizar un sustrato adecuado y evitar siempre que el agua quede retenida en el recipiente.
  • Buscar la mejor ubicación. Lo ideal es que le busques un sitio a pleno sol o en un lugar con varias horas de luz directa al día. Aunque también tolera la semisombra.
  • Moderación en el riego. Entre riegos, deja siempre que la capa superficial del sustrato se seque. En otoño e invierno necesitará menos riego.
  • Cuándo abonar. En las estaciones de primavera y verano puedes abonar la planta. Sigue siempre las indicaciones del proveedor del abono.
  • Cuándo y cómo podar. El laurel puede crecer bastante incluso en maceta, por lo que podarlo te ayudará a darle una forma más compacta y que la planta esté más tupida.
  • Situaciones extremas. Como ya hemos explicado, los ejemplares adultos son bastante resistentes, pero los laureles jóvenes cultivados en maceta son más vulnerables a heladas y vientos intensos. En casa, por ejemplo, si lo tienes en interior evita ubicarlo cerca de un radiador o el aire acondicionado. Tampoco es bueno exponerlo al sol a través de un cristal en las horas de más calor.
  • Atención a las plagas. Tendremos que prestar especial atención a algunas plagas como la de las cochinillas y pulgones, especialmente en plantas que se encuentren debilitadas o que tengan poca ventilación. En el caso de humedad, pueden surgir problemas de hongos. En el caso de la cochinilla o el pulgón, para subsanar la infección, podemos retirar las zonas más afectadas y aplicar jabón potásico. Conviene vigilar la evolución de la planta por si tenemos que repetir el tratamiento. Y si aparecen hongos, es conveniente revisar el riego, mejorar la ventilación de la planta y, en casos muy graves, usar algún fungicida para plantas comestibles.

Cómo recolectar y conservar las hojas

Una de las ventajas de tener un laurel en casa es poder disponer de sus hojas siempre que las necesitemos. Podemos recolectarlas durante todo el año, escogiendo siempre las hojas adultas y sanas. Usaremos unas tijeras, retirando las hojas de forma individual.

Las hojas las podemos utilizar tanto frescas una vez recolectadas, como secas. Si las secamos, podremos conservarlas durante meses; además, el sabor y aroma que dejan en los guisos es más concentrado. Para ello, las colocaremos en un lugar que esté seco, fresco y ventilado, además de protegido de la luz directa.

Cuando se hayan secado, las podemos guardar en un recipiente hermético. Antes de utilizarlas, no olvides comprobar que están libres de moho, manchas o restos de plagas.