Para desglasar, freír o guisar: todo lo que aporta la sidra a la cocina en tres sencillas recetas
Cuando pensamos en cocinar con alcohol, el vino blanco y el tinto suelen adueñarse de nuestras ollas por pura inercia. Sin embargo, hay un tesoro líquido en nuestra despensa que a menudo pasamos por alto y que es capaz de transformar por completo cualquier plato: la sidra. Esta joya frutal no solo sirve para brindar; gracias a su equilibrio perfecto entre acidez y dulzor natural, es un ingrediente mágico para aligerar grasas, ablandar carnes y aportar una profundidad de sabor única. Ya sea para desglasar los jugos tostados de una sartén, dar alegría a un frito o enriquecer un guiso lento, la sidra es el secreto mejor guardado de los amantes del buen comer.
Según los criterios del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la sidra se define oficialmente como una bebida de baja graduación alcohólica que se obtiene mediante la fermentación, total o parcial, del zumo o mosto de manzana fresca. Esta normativa distingue claramente entre la sidra natural, aquella tradicional que se elabora sin adición de azúcares ni gases, y que requiere el tradicional escanciado, y otras variedades reguladas como la sidra espumosa, la sidra dulce, la de nueva expresión y la sidra de hielo, obtenida esta última a partir de la fermentación del zumo de manzanas congeladas.
Desde el punto de vista comercial y alimentario, es un producto disponible durante todo el año que destaca por un aporte energético muy ligero, de aproximadamente 43 kcal por cada 100 gramos, debido a que mantiene un equilibrio regulado de apenas cuatro gramos de alcohol y cuatro gramos de azúcares naturales por cada ración.
La receta de cazuela de pollo al horno con manzana y beicon con sidra para desglasar
El desglasado consiste en verter un líquido frío sobre una superficie ardiente para recuperar los sedimentos caramelizados que las carnes o verduras dejan adheridos tras dorarse. Cambiar el clásico vino blanco por la sidra permite aprovechar su acidez málica natural, que es excelente para romper las moléculas de grasa pesadas y aligerar las salsas densas. Al reducirse en contacto con el calor directo, sus azúcares naturales se concentran sin llegar a empalagar, creando un glaseado brillante y profundamente aromático. Toma nota de los siguientes ingredientes:
- Ocho muslos de pollo (con piel y hueso)
- Cuatro lonchas de beicon grueso, troceadas
- Tres manzanas
- Dos dientes de ajo, finamente picados
- 360 mililitros de sidra natural o espumosa seca
- 120 mililitros de caldo de ave concentrado
- 80 mililitros de nata líquida para cocinar
- Tres cucharadas de harina de trigo
- Una cucharadita de pimentón ahumado
- Tomillo fresco
- Sal
- Pimienta blanca
Para comenzar, enciende el horno a 200 °C. Sazona el pollo por todos sus lados con el pimentón, la sal y la pimienta. En un recipiente o sartén honda que pueda entrar al horno, dora el bacon a fuego medio hasta que suelte su grasa y quede bien tostado. Retíralo y reserva los trozos sobre papel de cocina.
Retira el exceso de grasa del fondo de la cazuela. Sella los muslos de pollo a fuego vivo, empezando siempre con la piel hacia abajo para que quede bien crujiente. Tras unos cuatro minutos por lado, sácalos a un plato plano.
En esa misma cazuela, saltea los gajos de manzana hasta que veas que los bordes se ablandan y toman un color tostado (unos cinco minutos). Agrega el ajo picado y remueve un minuto para que desprenda su aroma sin quemarse.
Espolvorea la harina sobre las manzanas, cocínala un minuto para eliminar el sabor a crudo y vierte de golpe la sidra y el caldo. Con una espátula de madera, raspa con fuerza el fondo de la cazuela para disolver toda la costra sabrosa que dejaron el pollo y el beicon. Devuelve el beicon crujiente a la salsa, acomoda los muslos encima (dejando la piel descubierta para que no se ablande) y hornea durante unos 25 minutos.
Pasa el pollo y las manzanas a la fuente de servicio y cúbrelos con aluminio. Coloca la cazuela de nuevo al fuego, retira la grasa flotante con un cacillo e incorpora la nata. Deja que hierva suavemente un par de minutos hasta que la salsa espese un poco, rectifica de sal y salsea el plato justo antes de llevarlo a la mesa.
La receta de bocados de bacalao crujientes con masa de sidra para freír
Agregar un líquido con gas carbónico a las masas líquidas de rebozado es un recurso técnico excelente para lograr texturas aéreas. El ejemplo más conocido es el beer batter o rebozado a la cerveza. Sustituir la cerveza por una sidra natural o espumosa seca introduce estas mismas ventajas físicas, pero añade un perfil organoléptico superior. La acidez frutal de la manzana corta la sensación de pesadez que suelen dejar las frituras y aporta un contrapunto fresco en el paladar. Es el giro perfecto para renovar por completo el emblemático fish and chips, consiguiendo un bocado crujiente, dorado y con un sutil aroma a pomarada. Toma nota de los siguientes ingredientes:
- Un kilo de filetes de bacalao fresco o desalado (cortado en porciones de bocado)
- Una taza de harina de trigo común
- Una taza de maicena (almidón de maíz)
- Una cucharada de levadura química
- 360 mililitros de sidra bien fría
- Una cucharadita de sal común
- Un cuarto de cucharadita de pimentón dulce o ahumado
- Un cuarto de cucharadita de pimienta negra molida
- Harina extra para el primer enharinado
- Aceite de girasol para freír
- Rodajas de limón para el emplatado
En un recipiente amplio, tamiza y mezcla la harina de trigo, la maicena, la levadura química, la sal, la pimienta y el pimentón. Vierte la sidra fría poco a poco mientras bates con unas varillas de forma suave, justo hasta que no queden grumos y la textura sea homogénea. Deja reposar la mezcla en la nevera durante 15 minutos para que el gas se estabilice.
Mientras la masa reposa, vierte abundante aceite de girasol en una sartén honda o freidora y caliéntalo de manera gradual hasta alcanzar los 180 °C.
Seca muy bien los trozos de bacalao con papel de cocina para eliminar cualquier rastro de humedad exterior. Sazónalos con una pizca de sal y pimienta negra al gusto.
Pasa cada trozo de bacalao primero por el plato de harina extra sacudiendo el exceso; este paso es crucial para que la masa líquida se adhiera bien. Sumérgelos en la mezcla fría de sidra, escurre ligeramente el excedente e introduce las piezas en el aceite caliente de pocas en pocas para no bajar la temperatura. Fríe durante unos cuatro o seis minutos, dándoles la vuelta a mitad de cocción, hasta que la corteza esté rígida, ligera y de un color dorado limpio.
Retira el pescado con una espumadera y déjalo escurrir sobre una rejilla metálica en lugar de papel de cocina; así el vapor circulará y la costra se mantendrá crujiente por más tiempo. Sirve de inmediato acompañado de las rodajas de limón fresco.
La receta de guiso de chorizo a la sidra, paso a paso
El guiso lento es uno de los métodos más agradecidos de la cocina: exige muy poco esfuerzo y, a cambio, el factor tiempo se encarga de concentrar los jugos y descomponer las fibras musculares de carnes hasta dejarlas increíblemente tiernas. Sustituir parte del agua o del caldo de la cocción por sidra es una estrategia fantástica para enriquecer estos platos. Mientras el alcohol se evapora, los ácidos de la manzana actúan como un ablandador natural para la proteína, integrando un trasfondo afrutado que equilibra la potencia de los estofados más contundentes. Toma nota de los siguientes ingredientes:
- Una ristra de chorizo semicurado
- 500 mililitros de sidra natural
- Una barra de pan
Retira las cuerdas de la ristra y corta los chorizos en rodajas generosas de unos cinco centímetros de grosor. De este modo, mantendrán su forma y jugosidad durante la cocción sin deshacerse.
Acomoda los trozos de chorizo en una cazuela mediana (si es de barro, mejor) y vierte la sidra natural hasta cubrirlos. Lleva la cazuela a fuego alto hasta que rompa a hervir y mantén ese hervor fuerte durante los primeros cinco minutos para que se evapore el alcohol.
Baja la intensidad del fuego a un nivel medio-bajo, permitiendo una cocción constante pero suave. Deja que el conjunto se cocine sin tapar durante unos 20 o 25 minutos. Sabrás que están listos cuando pinches el centro de un trozo con la punta de un cuchillo y este entre con total suavidad, y veas que la sidra ha reducido formando una salsa brillante y teñida por el pimentón.
Retira los trozos de chorizo con una espumadera y colócalos en una fuente honda de servir. Riega por encima con un par de cucharadas de la salsa reducida de sidra y grasa del chorizo. Sírvelos inmediatamente bien calientes, acompañados de palillos y abundante pan crujiente para mojar en la salsa.