No es chorizo ni cecina: el embutido leonés que no se entiende hasta que se abre

Ramillete de botillo

Adrián Roque

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El botillo es el producto más representativo de la gastronomía de El Bierzo y cuenta con el reconocimiento de la Indicación Geográfica Protegida (IGP), un sello que garantiza su origen y sus características de elaboración, como se asevera en la web oficial de Alimentos de Calidad del Bierzo. Actualmente, como cuentan, son varias las empresas amparadas por esta figura de calidad, supervisadas por el Consejo Regulador, encargado de controlar y certificar los productos que llegan al consumidor.

A simple vista puede parecer un embutido más dentro de la amplia tradición cárnica de Castilla y León. Sin embargo, quien lo prueba por primera vez descubre rápidamente que el botillo juega en otra categoría. No es chorizo, tampoco cecina, y gran parte de su personalidad aparece precisamente cuando se abre y deja ver su interior.

Tal y como dice la misma web de Alimentos del Bierzo anteriormente citada, avalada por la Junta de Castilla y León, “El Botillo es el alimento tradicional más representativo de la gastronomía berciana”. Una afirmación que ayuda a entender la importancia que este producto ha tenido históricamente en la comarca.

El plato de las grandes celebraciones bercianas

La tradición popular sitúa al botillo como uno de los grandes protagonistas de las fiestas familiares. Según se cuenta en El Bierzo, el primer botillo del año se reservaba para la cena de Nochebuena. Los siguientes se consumían en domingos señalados, festividades patronales o celebraciones familiares, mientras que el último acostumbraba a degustarse durante el Entroido o Carnaval.

Su consideración como “plato de fiestas” hizo que estuviera presente en bodas, celebraciones religiosas y otros acontecimientos importantes de la vida comunitaria. Con el paso del tiempo, el producto ha trascendido el ámbito doméstico para convertirse en una de las señas de identidad gastronómicas de la comarca berciana.

Cómo se prepara el botillo tradicional

La preparación tradicional sigue siendo relativamente sencilla. El botillo se cuece lentamente en una olla durante aproximadamente dos horas cuando pesa alrededor de un kilo. Durante la cocción se incorporan algunos de los acompañamientos clásicos que forman parte inseparable del plato.

Cuarenta y cinco minutos antes de finalizar la cocción se añade el repollo y, media hora antes, las patatas y el chorizo fresco. El resultado es un plato contundente, pensado originalmente para los meses más fríos del año, donde la salsa rojiza procedente de la cocción aporta sabor y aroma al conjunto.

La presentación también forma parte de la tradición: el botillo ocupa el centro de la fuente mientras las verduras, las patatas y el chorizo se disponen a su alrededor. Una imagen reconocible para cualquier berciano y una de las formas más auténticas de acercarse a la gastronomía de esta comarca leonesa.

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