Una endocrinóloga aclara el impacto de comer picante: “No se deben ignorar los síntomas importantes”

La fascinación por el picante divide las mesas de medio mundo entre quienes lo disfrutan en sus comidas y quienes lo sufren. Pero más allá de gustos personales, ¿es saludable su consumo habitual? La respuesta de la ciencia no es una prohibición absoluta, pero sí una reflexión para comprender la biología del ardor y las señales que nos da nuestro propio cuerpo.

“En general, en una persona con buen estado de salud, el picante no tiene por qué ser perjudicial si los alimentos con los que se consume son saludables, lo importante es el patrón global de alimentación”, establece la doctora Ana Isabel Sánchez Marcos, especialista en endocrinología y nutrición y miembro de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

El principal componente activo del picante, explica, es la capsaicina, que “activa un receptor presente en las terminaciones nerviosas de la boca y el tubo digestivo, el TRPV1, que también responde al calor y a estímulos irritantes, por lo que el sistema nervioso central interpreta la señal como ardor o quemazón”.

Esta reacción, que la doctora aclara que depende tanto de la dosis como de la tolerancia individual y la frecuencia de consumo, puede suponer una respuesta del cuerpo similar a la del calor, a través de la sudoración, el enrojecimiento de la piel o molestias digestivas.

¿Existe un límite diario de picante?

La respuesta clínica sobre si se debería considerar una dosis máxima de picante al día es que no hay un patrón universal aplicable a toda la población, a diferencia de lo que ocurre con otros elementos como el sodio, presente en la sal. “No hay una cantidad fija de capsaicina diaria que pueda considerarse excesiva, no hay como tal una recomendación dietética general”, señala la doctora Sánchez Marcos.

Ante esta situación, y a pesar de que su consumo continuado permite que el organismo se adapte, la endocrinóloga llama a “no ignorar los síntomas importantes”. “Lo más razonable es consumirlo según tolerancia, en cantidades moderadas y dentro de una dieta equilibrada”, recomienda la especialista, que apela a la prudencia.

El verdadero termómetro del consumo de picante es la aparición de síntomas de irritación o hipersensibilidad a lo largo del tracto digestivo, tanto si nos excedemos como si el propio cuerpo no tolera bien la capsaicina. “Los síntomas más frecuentemente referidos suelen ser ardor intenso en la boca, en la faringe o retroesternal; pirosis y regurgitación ácida; dolor o quemazón epigástrica; náuseas, sensación de plenitud o retortijones; aumento de la frecuencia de las deposiciones, heces blandas o diarrea; o dolor o escozor perianal durante o después de la defecación”, enumera la doctora.

Sánchez Marcos advierte además que estas molestias “deben estudiarse si son intensas, persistentes o aparecen junto con signos de alarma como pérdida de peso involuntaria, vómitos, fiebre o disfagia”.

En pacientes con reflujo gastroesofágico, la capsaicina puede desatar síntomas severos, “especialmente por la noche y acompañados de otros agravantes como comidas muy abundantes y grasientas”, indica la especialista.

También quienes padecen gastritis pueden ver agravados sus síntomas, y en personas con síndrome de intestino irritable, la doctora Sánchez Marcos asegura que la reacción también es compleja, ya que “puede activar por estímulo nervioso vías de dolor visceral y aumentar el ardor o el dolor abdominal”.