Las bebidas energéticas forman parte del día a día de muchos jóvenes y adultos que las eligen para aguantar jornadas largas, estudiar, conducir o salir de fiesta, a pesar de que las autoridades sanitarias son claras en cuanto a la necesidad de reducir su consumo. ¿Qué riesgo real suponen? “La diferencia de una bebida energética con respecto a una un refresco de cola o un café, radica sobre todo en la unidad de consumo. Es decir, la lata ya viene preparada con medio litro o con 33 centilitros y, por lo tanto, invita a una unidad de consumo muy grande”, afirma el nutricionista Aitor Sánchez, director del Centro de Nutrición Aleris.
“Nadie suele tomarse esa cantidad de cafeína a base de cafés o de refrescos en un consumo recreativo y ahí es donde está la gran diferencia: en la gran cantidad de cafeína y azúcar que están consumiendo muchos niños y adolescentes”, añade el profesional.
Más allá de otros ingredientes adicionales, el nutricionista resalta que el peligro fundamental de estas bebidas se encuentra en la alta concentración de estimulantes y azúcares. “Aunque sean ingredientes con los que estamos más familiarizados, hay que tener en cuenta que tienen un impacto grande en esas cantidades”, insiste.
La mezcla con alcohol
Una de las formas de consumo más comunes de las bebidas energéticas es en combinado alcohólico. “A corto plazo vemos que este tipo de consumo está ligado a ciertos problemas, ya que normalmente siempre que hay abusos de alcohol muy preocupantes, como en el caso de los comas etílicos o las grandes intoxicaciones agudas de etanol, suelen estar también ligados a una bebida excitante”, afirma Sánchez, que aclara que la bebida energética enmascara los efectos del alcohol, que es un depresor.
Para el nutricionista, mezclar ambas sustancias “es como pisar el acelerador y el freno a la vez de la maquinaria”, lo que retrasa la percepción de la embriaguez y puede ser peligroso y derivar en intoxicaciones.
El consumo habitual
Sobre los efectos a largo plazo, Sánchez valora que el uso cronificado de este tipo de bebidas puede provocar un problema de salud pública en los más jóvenes. “Sobre todo en población adolescente está habiendo un muy mal descanso, al que están contribuyendo estas bebidas”, señala el nutricionista.
“Además de la cantidad de azúcar de forma independiente, que puede derivar en problemas de caries, de sobrepeso y obesidad, aunque no sería un riesgo real cuando el consumo está ligado a finalidades deportivas”, añade Sánchez, que también señala el efecto del síndrome de abstinencia si no se consumen. “Puede llegar a generarse una dependencia de estas bebidas para conseguir concentrarse y tener un buen rendimiento mental o deportivo”, destaca.
“El mensaje es que cuanto menos se consuman estas bebidas, mejor”, resume el experto. “También creo que se puede hacer un uso esporádico de ellas sin que implique riesgos graves y demonizarlas tampoco nos va a servir con los adolescentes”, aporta. Aunque lo ideal es que los niños y adolescentes eviten su consumo, Sánchez cree que la prohibición absoluta puede ser contraproducente a nivel comunicativo. En su lugar, propone divulgar y poner de manifiesto cómo afectan a lo que más puede importar a los jóvenes, como su capacidad de estudio o su forma física.
Además, señala que deberían evitar su consumo quienes no puedan tomar excitantes, deban limitar las bebidas azucaradas o la misma población que debe limitar la cafeína o el azúcar.