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¿Cómo influye la postura en el estado de ánimo? Los cambios que puedes aplicar en tu día a día

Darío Pescador

24 de mayo de 2026 21:52 h

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Nuestro lenguaje cotidiano hace referencia a la postura constantemente. Alguien “se dobla” cuando está bajo presión, o le decimos que “saque pecho” ante la adversidad. Estas referencias reflejan nuestra intuición de que hay una relación entre lo que ocurre en nuestro cuerpo y nuestra mente.

En 2010, la psicóloga e investigadora de Harvard Amy Cuddy convirtió esa intuición en el segundo vídeo más visto de la historia de las conferencias TED. Cuddy publicó un estudio con 42 participantes con la hipótesis de que adoptar posturas expansivas y “de poder” durante dos minutos producía un aumento del 20% en testosterona y una caída del 25% en cortisol. Es decir, planteaba que la postura podía influir sobre nuestras hormonas.

Pero en 2015 un equipo de Zúrich pudo replicar el efecto subjetivo (sentir mayor confianza) pero no encontró ningún cambio hormonal. Cuddy respondió con su propio metaanálisis de 54 estudios en 2018 confirmando que cambiar la postura podía mejorar las sensaciones subjetivas de poder y autoconfianza, aunque no los marcadores hormonales. El debate continúa, pero la evidencia actual indica que la postura no reprograma el cerebro, aunque sí puede cambiar nuestra actitud.

Así puede influirnos la postura

“Si tienes una entrevista de trabajo y antes haces ejercicio, cuando sales del gimnasio vas a comerte el mundo más derecho que una vela”, explica Víctor Sánchez-Craus, fisioterapeuta especializado en reeducación postural. “Pero luego llegas a casa, te deprimes con dos problemas y te quedas igual que estabas”, añade.

Un estudio de 2017 con personas con sintomatología depresiva leve encontró que adoptar una postura erguida producía mayor afecto positivo (es decir, mejor estado de ánimo), menor fatiga y menor rumiación (dar vueltas a las mismas ideas en la cabeza). Una de las revisiones más amplias, publicada en 2022, comparó los efectos de una postura expansiva (erguidos, brazos abiertos) con una postura encogida y una normal. Los autores concluyeron que los efectos sobre el estado de ánimo eran más patentes al comparar la postura encogida con la normal, que la normal con la expansiva. Es decir, una postura “negativa” influye más en que nos sintamos peor.

Las emociones se manifiestan en el cuerpo, pero no se almacenan

Hay una idea que se propaga por redes sociales que postula que las emociones y los traumas se 'almacenan' físicamente en el cuerpo, en músculos, órganos o tejidos. El libro El cuerpo lleva la cuenta, del psiquiatra Bessel van der Kolk, es responsable de la popularización de esta premisa. Sin embargo, una revisión crítica concluyó que no había evidencia suficiente sobre el daño neurológico duradero producido por el trauma. Lo que sí existe es evidencia de que el trauma produce cambios en la regulación del sistema nervioso autónomo, y que esos cambios tienen expresión corporal: alteraciones en la respiración, el tono muscular y la frecuencia cardíaca entre otras. Es una diferencia sutil, pero importante a la hora del tratamiento.

 “Las experiencias van afectando el sistema nervioso y por tanto afectan al resto del cuerpo”, explica la doctora en psicología Cristina Muñiz. “Cuando tenemos miedo, tristeza o vergüenza, el cuerpo se contrae, y eso afecta a la postura”, añade.

Cuando tenemos miedo, tristeza o vergüenza, el cuerpo se contrae, y eso afecta a la postura

Muñiz pone un ejemplo concreto: “Si has aprendido a reprimir el enfado porque en tu familia no era bien recibido, pero sí era bien recibido que fueras cuidador, eso tiene una expresión postural. Una amiga mía camina siempre con la cabeza estirada hacia adelante porque siempre está pendiente de los demás”.

La reeducación postural

La reeducación postural global (RPG) es un método de fisioterapia que combina estiramientos, contracciones isométricas y trabajo respiratorio. Sánchez-Craus explica cómo ha cambiado el entendimiento de por qué funciona: “Sus primeros preceptos se han caído un poco porque la ciencia ha avanzado. Ahora se explica porque ganas fuerza, haces contracciones isométricas y un control respiratorio”. En efecto, las contracciones isométricas (contraer los músculos sin movimiento) tienen efecto analgésico documentado. El trabajo respiratorio activa el sistema parasimpático. En consecuencia, la mejora del dolor crónico supone una mejora en el estado de ánimo.

La postura puede influir en este caso, pero indirectamente. “Si mejoras ese problema de salud, obviamente luego te vas a sentir mejor, por ejemplo, si no dormías porque te dolía algo y ahora puedes dormir”, explica Sánchez-Craus.

Por su parte, la terapia somática no busca corregir la postura para mejorar el ánimo, sino explorar los patrones corporales como una fuente de información sobre los patrones emocionales aprendidos. “No es que cambiar la postura te cambie el ánimo. Si solo trabajas desde la postura, el cambio va a ser muy momentáneo, temporal y superficial”, aclara Muñiz. “Tiene que ser en un contexto terapéutico con muchos más elementos. No es una terapia de ir al pasado, sino que desde el presente, desde la atención al cuerpo, de manera inevitable van a venir recuerdos de nuestra vida y podemos volver a sentir las emociones que no pudimos sentir en esos momentos pasados”.

“Yo creo que como herramienta, puede servir a lo mejor a un actor para interpretar un papel, e igual tú lo puedes utilizar como herramienta en un momento dado”, aclara Sánchez-Craus. “Pero no sustituye el trabajo de la terapia de un psicólogo, ni mucho menos”, añade.

Usar la postura en el día a día

Mejorar la postura tiene beneficios fisiológicos por sí mismo, y es algo que podemos practicar en nuestra vida cotidiana para encontrarnos un poco mejor:

  • La postura como modulador puntual: antes de una situación exigente, como una entrevista de trabajo o hablar en público, adoptar una postura abierta y erguida puede producir un cambio de estado de ánimo subjetivo que puede ser útil para rebajar la tensión.
  • Evitar el encorvamiento de forma consciente: pasar horas con los hombros caídos activa sesgos cognitivos negativos y aumenta la fatiga, según se ha comprobado en los estudios citados anteriormente. Levantarse y estirarse periódicamente es el cambio con el respaldo experimental más robusto y la intervención más accesible para mejorar la fisiología del cuerpo.
  • Practica yoga y otras disciplinas de movimiento consciente: un metaanálisis de 2025 que evaluó el yoga en 24 ensayos clínicos encontró efectos significativos sobre la severidad de la depresión y la calidad de vida. El yoga combina postura, respiración y atención al cuerpo: los tres elementos que la investigación vincula con la regulación emocional.
  • Si el malestar es persistente, busca ayuda profesional: ni la postura erguida ni ningún trabajo corporal reemplaza la psicoterapia. La postura es, en el mejor de los casos, un modulador dentro de una estrategia más amplia.

El cuerpo y la mente se comunican en las dos direcciones. Eso es real y tiene implicaciones prácticas en la vida de las personas. Dicho esto, no por ponernos en jarras seremos capaces de regular nuestro cortisol, ni por abrir los brazos curaremos un trauma de infancia. La biología y la neurología son mucho más compleja, y mucho más interesantes, que cualquiera de esas recomendaciones simplistas.