La primera vez de Pucho, cantante de Vetusta Morla, comprando películas en el Festival de Cannes

Javier Zurro

Cannes (Francia) —

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El 21 de mayo, Pucho, cantante de Vetusta Morla, salía al escenario del Palau Sant Jordi de Barcelona. Pocas horas después, el mismo Pucho paseaba por el paseo marítimo de Cannes. No es que la gira de Cable a tierra –que les llevará por toda España hasta septiembre, con parada en el Wanda Metropolitano de Madrid el próximo 24 de junio– hubiera alcanzado la ciudad francesa. Tampoco que hubiera acudido a dejarse ver en una alfombra roja. Es algo más sencillo: el músico se ha desplazado al Festival de Cine, porque este año ha estado trabajando de 'ojeador' para la distribuidora Elestica, recién creada por Enrique Costa y María Zamora y responsable de que filmes como Drive my car o La peor persona del mundo llegaran a los cines españoles en 2021.

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De hecho, en menos de 48 horas había dejado Cannes, dio un concierto y regresó de nuevo al festival para continuar con esta nueva faceta en la que puede desarrollar una de sus pasiones, el cine. Desde hace años es habitual ver al cantante en certámenes españoles como Sevilla o San Sebastián viendo las películas en los pases de prensa o público. Va solo, con sus entradas, y disfruta como un aficionado más. El propio Festival de San Sebastián aprovechó su cinefilia y le invitó a participar como jurado hace dos años. Fue precisamente en el Zinemaldia donde nació esta unión que al principio parecía una broma y finalmente se ha hecho realidad.

Fue una amiga que trabaja en Elastica la que les presentó. “Costa y yo coincidimos viendo la película de Hamaguchi en San Sebastián y estuvimos hablando, y luego en la ceremonia de clausura yo di un premio y él estaba por allí y hablamos. Él sabe que yo soy supercinéfilo y que había estado en todos los festivales y salió el tema de Cannes y me dijo '¿Te vienes? Porque me hace falta gente de asesor, para visualizar películas, de oteador'. Yo pensé que se había venido un poco arriba, pero no, al final aquí estoy”, cuenta Pucho desde Cannes.

Aunque nunca se haya dedicado profesionalmente a esto, hasta ahora no está sintiendo síndrome del impostor. “Ya había sido jurado en festivales y, aunque las películas las ves para ti, pues vas haciendo oficio, por así decirlo”, asegura, y recuerda en qué momento se sintió algo más 'impostor': “Fíjate, lo tengo más en otros ámbitos. Por ejemplo cuando sacamos el libro de Memoria instantánea no firmé copias del ejemplar en ferias y ese tipo de cosas porque siempre cuando veo a alguien que no es del mundo de la literatura y se mete ahí, y les escriben muchas veces los libros, pues les he visto como impostores, y en este caso no me veo tanto como impostor porque tengo trayectoria detrás en el tema del cine. Lo siento como otra rama mía”.

La rutina de un ojeador no tiene nada que ver con la de alguien que va solo a disfrutar de las películas. Pucho se ha “empapado del tema de ventas, mercado, distribución y ayudas europeas” y ha descubierto lo que se cuece más allá de la competición oficial, porque “Cannes es un mercado, es un festival de mercado”. De paso, está saciando su vena cinéfila viendo películas que tardarán meses en estrenarse en España, si es que llegan. En un día puede verse hasta seis películas. El equipo de Elastica se reparte todas las que pueden visionar ese día en el mercado y luego ponen en común lo que han visto.

Pucho descubrió que los compradores, muchas veces, no ven los títulos enteros: “He flipado con que no las ven enteras. Catan un poco, salen, entran, miran el móvil, van a una reunión... yo soy muy purista, pero entras en el juego y te vas acostumbrando. Es muy frenético, porque a veces ni llegas, te sobra una entrada o Enrique nos llama para que veamos algo que le ha gustado pero para la que quiere otra opinión...”, cuenta sobre el día a día en Cannes.

He flipado con que otros ojeadores no vean las películas enteras. Catan un poco, salen, entran, miran el móvil, van a una reunión… yo soy muy purista, pero entras en el juego y te vas acostumbrando

De lo que ha visto le ha gustado mucho la ucraniana Panfir y la tunecina Ashkal. También Armageddon Time, de James Gray, que ya tenía distribuidora (Universal) y que le parece “una joya”. Además se moja sobre la película más deseada de la Sección Oficial, Las ocho montañas, que comenzó disgustándole por el uso de la música y terminó por convencerle. Ahora ya no valen solo los criterios personales, hay que pensar en ese ente misterioso llamado público, y ahí entran otros factores en juego. Pucho lo sabe y, de hecho, con la tunecina le dijo a Enrique Costa que “era una maravilla pero no es para Elastica”.

En esta primera visita descubrió uno de los secretos del Palais, la sede principal del festival: sus sótanos donde se mueve todo el mercado de cine de autor mundial. Donde se compran y venden películas en un ir y venir de gente constante. “Yo lo he llamado el Ifema del cine, porque es un movimiento constante de gente currando por y para el cine, entre productoras, distribuidoras, film commissions…”, dice Pucho entre risas.

Reconoce que Cannes también le ha decepcionado un poco: “Ha sido un poco de desencanto. El mercado es muy interesante, pero yo vengo de un festival de público, como Donosti, que cuida todo hasta el más mínimo detalle… La distribución de los espacios, es todo muy abigarrado, es un horror vacui, todo hasta arriba de gente, y tienes como 20 minutos para comer, y en ese tiempo en Donosti te comes tres pinchos y comes bien, y aquí como mucho puedes coger algo en una boulangerie. He visto a gente que come hasta dentro de las salas por esos ritmos frenéticos”, cuenta de su experiencia.

A pesar de los aviones, las carreras, las seis películas al día y comer un panini entre título y título, Pucho tiene claro que es una experiencia inolvidable: “Es una paliza de aviones y madrugones, pero era una oportunidad única, así que le dije a la banda que me daba igual lo que dijeran porque no quería perder esta oportunidad. Es masoquista pero la repetiría. Veo a mucha gente de la industria muy quemada que dice que este es su último año, pero que luego siempre repiten. Sarna con gusto no pica”.

El 21 de mayo, Pucho, cantante de Vetusta Morla, salía al escenario del Palau Sant Jordi de Barcelona. Pocas horas después, el mismo Pucho paseaba por el paseo marítimo de Cannes. No es que la gira de Cable a tierra –que les llevará por toda España hasta septiembre, con parada en el Wanda Metropolitano de Madrid el próximo 24 de junio– hubiera alcanzado la ciudad francesa. Tampoco que hubiera acudido a dejarse ver en una alfombra roja. Es algo más sencillo: el músico se ha desplazado al Festival de Cine, porque este año ha estado trabajando de 'ojeador' para la distribuidora Elestica, recién creada por Enrique Costa y María Zamora y responsable de que filmes como Drive my car o La peor persona del mundo llegaran a los cines españoles en 2021.

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De hecho, en menos de 48 horas había dejado Cannes, dio un concierto y regresó de nuevo al festival para continuar con esta nueva faceta en la que puede desarrollar una de sus pasiones, el cine. Desde hace años es habitual ver al cantante en certámenes españoles como Sevilla o San Sebastián viendo las películas en los pases de prensa o público. Va solo, con sus entradas, y disfruta como un aficionado más. El propio Festival de San Sebastián aprovechó su cinefilia y le invitó a participar como jurado hace dos años. Fue precisamente en el Zinemaldia donde nació esta unión que al principio parecía una broma y finalmente se ha hecho realidad.

Fue una amiga que trabaja en Elastica la que les presentó. “Costa y yo coincidimos viendo la película de Hamaguchi en San Sebastián y estuvimos hablando, y luego en la ceremonia de clausura yo di un premio y él estaba por allí y hablamos. Él sabe que yo soy supercinéfilo y que había estado en todos los festivales y salió el tema de Cannes y me dijo '¿Te vienes? Porque me hace falta gente de asesor, para visualizar películas, de oteador'. Yo pensé que se había venido un poco arriba, pero no, al final aquí estoy”, cuenta Pucho desde Cannes.

Aunque nunca se haya dedicado profesionalmente a esto, hasta ahora no está sintiendo síndrome del impostor. “Ya había sido jurado en festivales y, aunque las películas las ves para ti, pues vas haciendo oficio, por así decirlo”, asegura, y recuerda en qué momento se sintió algo más 'impostor': “Fíjate, lo tengo más en otros ámbitos. Por ejemplo cuando sacamos el libro de Memoria instantánea no firmé copias del ejemplar en ferias y ese tipo de cosas porque siempre cuando veo a alguien que no es del mundo de la literatura y se mete ahí, y les escriben muchas veces los libros, pues les he visto como impostores, y en este caso no me veo tanto como impostor porque tengo trayectoria detrás en el tema del cine. Lo siento como otra rama mía”.

La rutina de un ojeador no tiene nada que ver con la de alguien que va solo a disfrutar de las películas. Pucho se ha “empapado del tema de ventas, mercado, distribución y ayudas europeas” y ha descubierto lo que se cuece más allá de la competición oficial, porque “Cannes es un mercado, es un festival de mercado”. De paso, está saciando su vena cinéfila viendo películas que tardarán meses en estrenarse en España, si es que llegan. En un día puede verse hasta seis películas. El equipo de Elastica se reparte todas las que pueden visionar ese día en el mercado y luego ponen en común lo que han visto.

Pucho descubrió que los compradores, muchas veces, no ven los títulos enteros: “He flipado con que no las ven enteras. Catan un poco, salen, entran, miran el móvil, van a una reunión... yo soy muy purista, pero entras en el juego y te vas acostumbrando. Es muy frenético, porque a veces ni llegas, te sobra una entrada o Enrique nos llama para que veamos algo que le ha gustado pero para la que quiere otra opinión...”, cuenta sobre el día a día en Cannes.

He flipado con que otros ojeadores no vean las películas enteras. Catan un poco, salen, entran, miran el móvil, van a una reunión… yo soy muy purista, pero entras en el juego y te vas acostumbrando

De lo que ha visto le ha gustado mucho la ucraniana Panfir y la tunecina Ashkal. También Armageddon Time, de James Gray, que ya tenía distribuidora (Universal) y que le parece “una joya”. Además se moja sobre la película más deseada de la Sección Oficial, Las ocho montañas, que comenzó disgustándole por el uso de la música y terminó por convencerle. Ahora ya no valen solo los criterios personales, hay que pensar en ese ente misterioso llamado público, y ahí entran otros factores en juego. Pucho lo sabe y, de hecho, con la tunecina le dijo a Enrique Costa que “era una maravilla pero no es para Elastica”.

En esta primera visita descubrió uno de los secretos del Palais, la sede principal del festival: sus sótanos donde se mueve todo el mercado de cine de autor mundial. Donde se compran y venden películas en un ir y venir de gente constante. “Yo lo he llamado el Ifema del cine, porque es un movimiento constante de gente currando por y para el cine, entre productoras, distribuidoras, film commissions…”, dice Pucho entre risas.

Reconoce que Cannes también le ha decepcionado un poco: “Ha sido un poco de desencanto. El mercado es muy interesante, pero yo vengo de un festival de público, como Donosti, que cuida todo hasta el más mínimo detalle… La distribución de los espacios, es todo muy abigarrado, es un horror vacui, todo hasta arriba de gente, y tienes como 20 minutos para comer, y en ese tiempo en Donosti te comes tres pinchos y comes bien, y aquí como mucho puedes coger algo en una boulangerie. He visto a gente que come hasta dentro de las salas por esos ritmos frenéticos”, cuenta de su experiencia.

A pesar de los aviones, las carreras, las seis películas al día y comer un panini entre título y título, Pucho tiene claro que es una experiencia inolvidable: “Es una paliza de aviones y madrugones, pero era una oportunidad única, así que le dije a la banda que me daba igual lo que dijeran porque no quería perder esta oportunidad. Es masoquista pero la repetiría. Veo a mucha gente de la industria muy quemada que dice que este es su último año, pero que luego siempre repiten. Sarna con gusto no pica”.

El 21 de mayo, Pucho, cantante de Vetusta Morla, salía al escenario del Palau Sant Jordi de Barcelona. Pocas horas después, el mismo Pucho paseaba por el paseo marítimo de Cannes. No es que la gira de Cable a tierra –que les llevará por toda España hasta septiembre, con parada en el Wanda Metropolitano de Madrid el próximo 24 de junio– hubiera alcanzado la ciudad francesa. Tampoco que hubiera acudido a dejarse ver en una alfombra roja. Es algo más sencillo: el músico se ha desplazado al Festival de Cine, porque este año ha estado trabajando de 'ojeador' para la distribuidora Elestica, recién creada por Enrique Costa y María Zamora y responsable de que filmes como Drive my car o La peor persona del mundo llegaran a los cines españoles en 2021.

Sexo, cirugía y arte: Cronenberg regresa a la nueva carne y dinamita Cannes

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De hecho, en menos de 48 horas había dejado Cannes, dio un concierto y regresó de nuevo al festival para continuar con esta nueva faceta en la que puede desarrollar una de sus pasiones, el cine. Desde hace años es habitual ver al cantante en certámenes españoles como Sevilla o San Sebastián viendo las películas en los pases de prensa o público. Va solo, con sus entradas, y disfruta como un aficionado más. El propio Festival de San Sebastián aprovechó su cinefilia y le invitó a participar como jurado hace dos años. Fue precisamente en el Zinemaldia donde nació esta unión que al principio parecía una broma y finalmente se ha hecho realidad.