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Alimentación

Cómo la forma en que pones la mesa puede ayudarte a comer mejor

Los colores cálidos hacen que aumente el apetito y la cantidad que comemos.

Martín Frías

9 de marzo de 2026 22:02 h

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¿Crees que decides lo que vas a comer por tu propia cuenta? Aun sin saberlo, estamos sujetos a la influencia de nuestro entorno: ese anuncio de pasta, pasar por delante de un restaurante, un recuerdo de la infancia o estar en compañía de amigos nos pueden impulsar a comer unas cosas y no otras, o a comer en mayor o menor cantidad. 

Sabiendo esto, es fácil entender que la forma en que ponemos la mesa, el mantel, la cubertería, la vajilla, la iluminación o incluso la decoración también influyen a la hora de decidir, consciente o inconscientemente, cómo comer. Algo en nuestro interior nos dice que no es igual poner el mantel de tela, los platos de porcelana y las copas de cristal que comer con un tenedor de plástico directamente de la lata, de pie frente a la nevera, y los estudios científicos han podido comprobarlo. Entender esta influencia es una herramienta muy poderosa para mejorar nuestra relación con la comida.

El color, la forma y el tamaño de los platos

El color de la vajilla es una de esas señales con un poder sorprendente, algo que saben bien los restaurantes. Tradicionalmente, asociamos ciertos colores con sabores específicos: el rojo con el dulce o el picante, el verde con la acidez o el amargor. Esta programación cerebral hace que esperemos un tipo de sabor antes incluso de probar el alimento, lo que puede realzar o disminuir la experiencia gustativa. 

Pero la influencia va mucho más allá de la expectativa. Un estudio comprobó que el color del plato puede alterar de manera significativa la cantidad de energía que ingerimos. En esta investigación, un grupo de mujeres comió pasta con salsa de tomate en platos del mismo tamaño, pero de diferentes colores: blanco, rojo y negro. Quienes utilizaron platos rojos o negros consumieron alrededor de 1100 kcal, frente a las que usaron platos blancos, que se quedaron en 945 kcal.

Otro estudio también pudo comprobar que los alimentos servidos en platos de colores vivos se percibían como más caros y sabrosos, mientras que los platos blancos parecían tradicionales y aburridos. En este mismo ensayo se comprobó el efecto del tamaño y la forma de los platos. Los platos grandes afectaban a la percepción de la cantidad de comida: cuando aumentaba el tamaño del plato, se consideraba que la ración era más pequeña. 

Este efecto del plato grande frente al plato pequeño se ha estudiado con detalle. Un trabajo reciente comprobó que tiene mucho que ver con cómo nuestro cerebro predice la saciedad que nos va a producir a partir de las imágenes. Cuando la ración de comida nos parece más pequeña, se produce menos saciedad y es más probable que después comamos entre horas, independientemente del contenido en calorías. Por eso se recomienda comer en platos pequeños para controlar mejor la ingesta.

Una parte de este efecto se debe a la llamada ilusión de Delboeuf. Esta ilusión óptica explica cómo percibimos el tamaño de un círculo (nuestra comida) en relación con otro círculo concéntrico que lo rodea (el plato). Hay estudios que han comprobado que una misma cantidad de alimento parece más pequeña sobre un plato de borde ancho, y más abundante sobre un plato de borde muy fino o sin borde, donde la comida ocupa una proporción visual mayor del total.

Pero hay más. Una investigación publicada en la revista Flavour reveló que el sabor percibido de un alimento, como una tarta de queso, se modifica al cambiar los platos. Los participantes del estudio calificaron el pastel como más dulce e intenso cuando se servía en platos redondos y blancos, mientras que otros atributos, como la percepción de calidad, también se vieron potenciados en platos negros y cuadrados.

Mantel, servilleta o cubiertos: el atrezo de la comida

Cuando comemos no solo estamos mirando el plato. La escenografía completa de la comida, que incluye la mesa, los utensilios, el mantel y las servilletas, también envía mensajes a nuestro cerebro que afectan al comportamiento, algo que, de nuevo, explotan a su favor los restaurantes.

Los colores cálidos sobre la mesa, como los rojos, naranjas y amarillos (quizá te suena de una conocida cadena de hamburgueserías) son estimulantes. Estos tonos despiertan el apetito y predisponen a la ingesta. Por el contrario, los tonos fríos como el azul promueven la calma y no suelen asociarse con la abundancia de comida, por lo que son menos comunes en los comedores.

Los cubiertos y otros utensilios también tienen un papel en la experiencia de comer. El material del que están hechos puede interactuar con nuestro sentido del gusto. Por ejemplo, al comparar la reacción de las personas al comer yogur con una cuchara de plástico o una de acero, los participantes prefirieron la de acero. Los cubiertos más pesados y con diseños atractivos también hacían que los comensales percibieran la comida como más sabrosa.  

El comedor, el escenario de la comida

Un restaurante elegante tiene luces bajas, colores neutros y materiales como madera o textiles, mientras que un bar de carretera nos recibe con luces fluorescentes, suelos de baldosas y mesas laminadas. 

A menudo pasamos por alto la influencia de la iluminación en la experiencia de la comida. Mientras que la luz tenue y cálida, invita a comer más despacio, la luz blanca y brillante de los establecimientos de comida rápida, acelera el ritmo de la comida.

Por otro lado, un estudio señala que la luz azulada puede hacer que cambie la respuesta metabólica del organismo a la comida, y que el pico de glucosa después de comer sea más pronunciado, al tiempo que en otros ensayos la luz azul reducía el apetito. Es decir, aunque la luz fría pueda favoreer que comamos menos, la misma comida puede aumentar más rápidamente el azúcar en sangre.

Sabiendo esto, ¿cómo poner la mesa?. Estas son algunas recomendaciones:

  • Si buscamos comer algo menos, los platos pequeños y de color blanco pueden ayudarnos. Para impresionar a las visitas, los platos grandes de colores oscuros.
  • El mantel y servilletas de colores cálidos como rojos y anaranjados abren el apetito, mientras que los colores fríos como el azul lo calman.
  • Los cubiertos de metal y más pesados hacen que la comida parezca más eleborada y sabrosa, son ideales para las cenas con amigos.
  • La iluminación tenue y cálida hará que comamos más despacio y tengamos una respuesta de glucosa más lenta, por lo que son ideales en la cena mientras que la luz fría nos invita a comer rápido y sufrir una subida de azúcar más pronunciada, lo que nos hace falta por la mañana.
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