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ENTREVISTA

Leigh Gilmore, experta en MeToo: “Las supervivientes no buscan un ajuste de cuentas sino justicia”

María Ramírez

14 de enero de 2026 23:30 h

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Leigh Gilmore, catedrática emérita de la Universidad estatal de Ohio, es especialista en cómo y quién cuenta historias de violencia sexual y su impacto social. Ha escrito varios libros sobre cómo ha cambiado la percepción de los testimonios y el papel del periodismo y los tribunales; el último, The #MeToo Effect: What Happens When We Believe Women, publicado en Estados Unidos en 2023.

Hablamos unas horas antes de la publicación de la investigación de elDiario.es en colaboración con Univision Noticias sobre las acusaciones de agresión sexual contra Julio Iglesias. Ni el cantante ni su representante legal han contestado a los repetidos intentos de elDiario.es y Univision para obtener su respuesta.

En el momento de la conversación con elDiario.es, editada por extensión y claridad, Gilmore no conoce los detalles de nuestra investigación. Una vez conocida, la experta alaba el trabajo periodístico.

Mirando a la última década, ¿cómo ha cambiado el movimiento MeToo, en la práctica, las posibilidades de que las mujeres hablen sobre abusos sufridos? 

El movimiento MeToo expuso muchos problemas que las supervivientes habían afrontado individualmente, y demostró que eran parte de un problema colectivo, y que hay sistemas en los tribunales y lugares de trabajo y, de manera más informal, en la vida cotidiana que avergüenzan y reprimen a las supervivientes y amparan a los abusadores. Ese patrón es lo primero que quedó claro. 

Las personas en todas partes pudieron actualizar su percepción probablemente falsa y limitada de cuán común era el abuso sexual. Escuchar tantas historias dio a muchos una imagen clara de cuán dañino es el abuso sexual, cuánto dura y qué tipo de organizaciones permiten que continúe. 

Y aunque los primeros reportajes se centraron en celebridades que acusaban a otras celebridades, la idea que surgió al mismo tiempo es que se trata de historias sobre lugares de trabajo. Hollywood es un lugar de trabajo.

El MeToo también permitió que se viera la incompetencia de los sistemas legales a nivel mundial para estos casos, la falta de procesos justos para su resolución y la ausencia real de consecuencias proporcionales. A menudo, los abusadores se quedaban a la espera. Es importante recordar que no había una conversación global sobre el daño de la violencia sexual. 

¿Qué han conseguido las personas que denunciaron?

Lo que he visto una y otra vez es que las supervivientes tienden a pedir las mismas tres cosas: procesos claros para denunciar, una mediación de terceros y consecuencias proporcionales cuando se determinaron los hechos. Esto es muy diferente de la visión falsa que se ha presentado sobre MeToo, que es una especie de feminismo carcelario, que busca una criminalización agresiva. Pero no creo que sea así. O al menos no conozco ningún grupo de supervivientes que haya pedido explícitamente una mayor criminalización. Muchos casos de MeToo, al menos en Estados Unidos, son casos civiles.

En cambio, con mayor frecuencia se busca responsabilizar a los procesos y a las entidades que permitieron que el abuso continuara durante mucho tiempo, porque muchos casos se refieren a múltiples víctimas de perpetradores específicos que fueron autorizados por universidades o lugares de trabajo específicos para continuar causando daño durante mucho tiempo. Puede llevar mucho tiempo conectar todos los puntos necesarios para llevar a alguien ante la justicia. 

Yo he expuesto patrones de protección de abusadores y de quienes han salido de manera colectiva. Y eso realmente rompió la idea de “él dice, ella dice”, que es una especie de estándar legal y cultural que enfrenta a un abusador contra un acusador. Y como los hombres poderosos tienen mucha más autoridad que las personas vulnerables de las que abusan, la persona abusada casi nunca gana la batalla de la credibilidad. El patrón es más importante. Entonces, en lugar de ser “él dice, ella dice”, fue “él dijo, ellas dijeron después” y eso empezó a pesar también.

¿Cree que el movimiento MeToo también ha llegado a trabajadoras más vulnerables?

Las personas más vulnerables, jóvenes, con bajos salarios, personas de color, queer y trans son las más vulnerables al abuso. Y culturas que permiten el abuso permiten que el racismo, la homofobia y el sexismo prosperen juntos. Así que las personas más vulnerables se enfrentan a las personas más protegidas. La asimetría se repite en cada caso, y los abusadores siguen sin rendir cuentas. 

Dos de los primeros grandes casos de MeToo en Estados Unidos fueron presentados por las trabajadoras del automóvil de Detroit y trabajadoras de McDonald's, y ambos trataban sobre prácticas laborales injustas de acoso sexual. Así que creo que el MeToo fue eficaz generando interés y puede usarse para el cambio social, pero no es un tipo de agente por sí solo en un marco legal. 

El movimiento Me Too es un movimiento de supervivientes que busca hacer justicia a las personas vulnerables que han sufrido abuso. Siempre habrá un desequilibrio de poder. 

El éxito del MeToo no se mide mejor por si pone fin a la violencia sexual, sino por si permite que las personas que han sufrido abuso en cualquier contexto presenten una demanda por daños y tengan la expectativa de justicia. 

¿Hasta qué punto pesa la reacción en contra en algunos países?

Definitivamente, ha cambiado la conversación cultural. Pero las conversaciones culturales son muy dinámicas. Incluyen un intercambio de acción y reacción, con movimientos de resistencia que ganan terreno, posiciones más dominantes que lo recuperan y, por último, posiciones minoritarias. Si se avanza un poco más, las posiciones dominantes se resisten con más fuerza. Hay progreso.

No es igual en todas partes. La reacción es poderosa y, en cierto sentido, también es una medida de la capacidad de persuasión del MeToo. Hay un esfuerzo extra para suprimir esas voces cuando parecen más persuasivas.

¿Por qué esas voces siguen recurriendo a los periodistas en tiempos de baja confianza en los medios?

Las supervivientes recurren a los periodistas para obtener lo que los creen que los tribunales les niegan, que es una audiencia justa. Verificar los hechos en el periodismo incluye, por cierto, el derecho del acusado a responder. Antes de publicar, se le llama y se le da la oportunidad.

Las supervivientes en 2017 recurrieron a las redes sociales porque el movimiento MeToo era tendencia y porque, en muchos casos, sus intentos de contar sus historias se habían visto frustrados. Así que las redes sociales ofrecieron una salida. Pero los grandes casos que la gente conoce fueron revelados por periodistas. Julie Brown del Miami Herald publicó la historia de Jeffrey Epstein. Los periodistas del Indianapolis Star publicaron la historia de Larry Nassar. Esa forma de practicar el periodismo –y ciertamente no todos los medios lo practican así– ofreció a muchas supervivientes la mejor oportunidad de presentar una historia verificada en el espacio público.

Las redes han cambiado mucho en los últimos diez años, incluso en los últimos dos. ¿Sería un lugar para compartir sus historias?

Ciertamente, no en X. No creo que hubiera sucedido ahora. Sucedió en un momento específico, cuando Twitter, Facebook e incluso Instagram permitían cierta forma de compartir y cierta red. Y eso ya no existe de la misma manera. Quienes hablarían y quienes escucharían no están. No es el mismo tipo de espacio para escuchar. La amplificación del odio prevalece en lugar de la posibilidad de que surja lo que los expertos en medios llaman un público feminista orgánico. El panorama de las redes ha cambiado.

En España, la ley se actualizó y está enfocada en el concepto de “consentimiento”. Usted describe en su libro que es un concepto que ha cambiado con el tiempo. ¿Es una buena base?

El consentimiento no es una herramienta perfecta. Pero no quisiera renunciar a él. Es especialmente eficaz como herramienta educativa, sobre todo para que los jóvenes comprendan, puedan decir “no” a la intimidad que evoluciona de maneras que quieren detener, con las que no se sienten cómodos, que es su derecho legal retirar el consentimiento. Eso es un aspecto muy importante de la educación cívica, que debe difundirse ampliamente. 

El consentimiento puede utilizarse en procedimientos legales contra las víctimas. Cuando los abusadores dicen que “esto no es un problema de consentimiento, es un problema de interpretación. Yo pensé que fue consentido. Y ella dice que fue violación”. Eso es un ejemplo de instrumentalización del consentimiento contra la víctima. Esto pone de relieve que tenemos más trabajo por hacer en casos donde no hay disputa sobre los hechos, en que todos los involucrados están de acuerdo en que, por ejemplo, hubo relaciones sexuales. 

Esto tiende a favorecer a los poderosos y a los hombres influyentes en el sistema legal. Así que debemos ser muy conscientes de lo que el concepto de consentimiento puede hacer por las víctimas y cuáles son los límites de la protección para las víctimas en los tribunales.

¿Al igual que existen los “paraísos fiscales”, hay países donde el abuso sexual queda impune y eso ofrece protección a los perpetradores?

Es un problema generalizado que va más allá de los delitos de violencia sexual. Un tipo de turismo, una práctica utilizada para evadir las leyes de un país en particular. Sin embargo, algunos países sí procesan el comportamiento ilegal de sus ciudadanos dondequiera que cometan esos actos. Ciudadanos estadounidenses en Tailandia pueden ser procesados por infringir las leyes de Estados Unidos. La jurisdicción es una cuestión complicada, pero a veces la jurisdicción de tu ciudadanía es la que importa.

Es muy frustrante intentar atrapar a personas con mucha práctica en evadir las leyes. Saben que lo que hacen es ilegal y han desarrollado estructuras increíblemente complejas para poder seguir abusando. La violencia sexual rara vez trata de un simple malentendido. Es un caso de abuso de poder y de fuerza, acompañado de un intento de encubrir el daño y evadir la responsabilidad.

¿Cuál es el malentendido más común sobre las historias de supervivientes?

Que a las supervivientes buscan la venganza más que la justicia. Lo que más buscan es la justicia, que a menudo se manifiesta por su deber cívico, buscan prevenir daños tanto como la justicia para sí mismas. Las supervivientes no se preocupan sobre todo por sí mismas. No buscan ajustar cuentas y la venganza, sino la justicia, establecer procesos justos, asegurar que las cosas terribles que les suceden no se repitan, que no se repita lo que les pasó.

Persisten los estereotipos. A las supervivientes siempre se les acusa de no haber elegido el momento oportuno. Se les acusa de hablar demasiado pronto. Se les acusa de hablar demasiado tarde. Es importante comprender las barreras que las supervivientes deben superar para poder hablar. Otro malentendido es que es fácil contar estas historias.

¿Qué pueden hacer los periodistas o la sociedad en sentido más amplio?

Debería haber procesos claros y justos para escuchar estas injusticias. No creo que todos los casos deban considerarse creíbles de forma automática. No creo que escuchar nos obligue a renunciar a nuestro sentido de imparcialidad ni a nuestra capacidad para evaluar los hechos. Pero siempre debería haber procesos justos para denunciar.

Debería haber investigaciones de terceros y consecuencias proporcionales cuando se determinen los hechos. Ese es el punto de partida. Eso es lo que aún debemos hacer. Y esto debe ser así en todos los lugares donde se produzcan daños, en lugares de trabajo, espacios educativos, organizaciones religiosas o deportivas.