Por qué todos tus amigos están leyendo 'Las gratitudes' cinco años después de su publicación
Las librerías españolas lo venden sin parar. Si te metes en Instagram o TikTok y sigues cuentas que promocionan libros, te aparecerá constantemente alternado entre Han cantando bingo (Reservoir Books 2025), Comerás flores (Libros del Asteroide, 2025) u Oxígeno (Alfaguara, 2026), que son algunos de los títulos que más se repiten en el mercado literario patrio en Internet.
Si lo quieres pedir por ebiblio —un servicio que hace posible el préstamo de contenidos digitales a todos los usuarios con carné de las bibliotecas públicas—, dependiendo de la comunidad autónoma en la que te encuentres, la lista de espera para acceder a un ejemplar de los disponibles suma varios meses. En Madrid, en concreto, en el momento en el que se escriben estas líneas, la cola llega hasta noviembre.
El libro es Las gratitudes de Delphine de Vigan, que fue publicado en Francia en 2019 y en España en 2021 por la editorial Anagrama, que ha publicado el pasado junio Los figurantes, su debut teatral. Un libro que no ha dejado de leerse de manera constante desde su publicación y que en el último año se ha convertido en uno de los protagonistas de la conversación cultural en España, por encima de casi todas las novedades. Hoy, es una de las presencias más habituales en los clubes de lectura de todo el país.
Las gratitudes narra la relación entre dos adultos jóvenes (Marie y Jerôme) y Michka, una mujer anciana a punto de morir que está perdiendo las palabras. Porque Michka sufre de afasia, un trastorno neurológico que afecta a la capacidad de procesar y expresar el lenguaje. Una enfermedad que marca el inicio de su declive y que la llevará a internarse en una residencia de mayores.

Esta novela corta (176 páginas) bucea en la relación entre los tres protagonistas: él, el logopeda de ella en el centro; Marie, la vecina convertida en hija adoptiva, y la memoria de la vida y los deseos de la mujer que un día fue la anciana que se apaga. Narrada de forma coral, De Vigan aborda en su trabajo tres miradas distintas sobre la muerte, el duelo y el agradecimiento hacia aquellos que un día fueron importantes en la vida de una.
Se ha vendido “una barbaridad”
“Hemos vendido una barbaridad de ejemplares en la última Feria del Libro”, comenta Pablo Cerezo, cara visible de la librería Pérgamo en Madrid, quien señala que un fenómeno como el de Las gratitudes es sintomático de lo que está sucediendo con el mercado del libro en general. Para Cerezo, además, este libro se encuadra dentro de aquellos que llevan mucho tiempo vendiéndose de forma estable con picos al alza en fechas señaladas. O cuando se vuelven, de pronto, virales. Igualmente, el éxito de un libro como este responde, para él, a dos factores: el tema, por un lado, y que pertenezca a la categoría de “lo que nos emociona” en general.
“Funciona porque temáticamente nos conmueve y es un tipo de libro que entra en esa literatura que podríamos llamar de identificación”, explica para señalar que, en TikTok, hay en alza una tendencia en la que se busca y promociona literatura con la que los lectores se reconozcan con los personajes y sus historias. “Para cierto tipo de lector hay cierto tipo de literatura, y hay muchos influencers que hacen un contenido en el que dicen si eres tal, te gustará cual; cuando la literatura, en teoría, era un gran campo abierto”, critica el librero quien, en cuanto a su consideración personal, opina que Las gratitudes es una novela menor y recomienda, en contraposición, Misericordia, de Lídia Jorge, que toca los mismos temas.
En la Feria del Libro trabajamos mucho nuestra mesa y tratamos de pillar cosas de fondo y literatura algo distinta a los cuatro o cinco libros que salen en todas partes, pero todo el mundo te acaba pidiendo los mismos libros
“Últimamente tendemos a valorar el arte en tanto en cuanto nos conmueve y, por el camino, se pierden otros criterios”, insiste el librero, que tiene clarísimo que las redes condicionan lo que se ve y lo que queda sepultado. “Nosotros en la Feria del Libro trabajamos mucho nuestra mesa y tratamos de pillar cosas de fondo y literatura algo distinta a los cuatro o cinco libros que salen en todas partes; literatura que pueda diferenciarnos, pero todo el mundo te acaba pidiendo los mismos libros”, añade para señalar, por otro lado, que la presencia en redes se ha vuelto una parte fundamental de su trabajo como librero.
Lágrima fácil
“He visto muchos vídeos de gente llorando hablando de este libro. Y no hay mejor publicidad que grabarse a moco tendido”, sentencia Carmen Burné, periodista cultural y divulgadora de literatura y videojuegos en su perfil de Instagram, donde cuenta con más 50.000 seguidores. Para ella, De Vigan, a quien considera muy buena escritora, es sin duda uno de los grandes fenómenos de bookstagram del año, los contenidos de recomendación lectora que aparecen con ese tag en la red social.
“Yo no me lo leí hasta que vi la obra en la adaptación escénica que se ha hecho este año en el teatro de la Abadía de Madrid”, relata para señalar que lloró a mares en la butaca y decidió leer el libro, aunque este le pareció “un tanto planito”. “No cumplió con las expectativas que yo tenía”, explica. Sin embargo, para ella, ese impulso que la conmovió en el teatro es el que le ha dado la viralidad al libro, porque es algo que conecta con el gran público. “Todo el mundo quiere entender por qué el tema llega tanto, y eso es justamente lo que a veces contamina la propia percepción de un producto”, continúa para apuntar que ella cree que nos falta aprender a desligar lo popular de la idea de lo bueno o extraordinario. Que a veces se dan de la mano, pero no siempre.
“Hay muchas razones por las que obras que ya existen, o que llevaban tiempo en el mercado, cobran una nueva relevancia”, indica por su parte Lidia Cuadrado, filóloga y profesora Titular Laboral en el área de Estudios Ingleses (Departamento de Filología Española, Moderna y Clásica) en la Universitat de les Illes Balears, quien señala que en el caso de Las gratitudes la cuestión atiende, entre otras, a que las condiciones sociales y culturales de un momento (el mundo postpandemia, en este caso) favorecen una mayor afinidad con ciertos temas. Un fenómeno similar al ocurrido con Tan poca vida.
“Tampoco hay que olvidar que en las cuestiones del ser humano siempre hay que contar con el azar”, apunta la filóloga, quien señala que cuando obras como la de De Vigan encuentran nuevos lectores ocurre lo que sucede siempre que alguien se expone a una obra de arte. “Es un proceso de descubrimiento individual y colectivo que implica a todos los actores: el lector y la obra, los autores de la obra, la sociedad del autor y la del lector, que se cocrean con cada lectura”. Y en un mundo tan hiperconectado el fenómeno tiene una gran capacidad de absorción. “Es fácil maravillarse cuando mucha gente a la vez redescubre un texto, pero lo maravilloso del arte está pasando también a nivel colectivo a cada rato en aulas, clubes de lectura, bibliotecas, y por supuesto en redes”, agrega Cuadrado.
Pero esto tampoco es nuevo. “Ya ocurrió en su momento con el fenómeno de Laura Gallego en la literatura juvenil”, explica Gemma Lluch, catedrática de la Universitat de València e investigadora del grupo ERI-Lectura. Su trayectoria se centra en cómo leemos, cómo se construye el canon literario y, especialmente en los últimos años, en la lectura y la recomendación de libros en entornos digitales. “Todo comienza con los blogs y lo que vivimos hoy es una evolución de lo que fue primero el espacio que abrió Gallego, donde los adolescentes podían comunicarse de manera muy libre”, insiste Lluc, que señala después la aparición de YouTube, luego Instagram y finalmente TikTok.
Puedes modificar los hábitos y la elección de quien ya lee, quien no lee no va a hacerlo por mucho que enseñes un libro en 'reels'
“Es un fenómeno que viene de largo recorrido y que siempre ha funcionado muy bien en internet, porque genera una conversación de tú a tú”, explica Lluch para matizar que por mucho que se vea un libro en reels de redes sociales, el impacto real sucede en la comunidad lectora ya existente. “Puedes modificar los hábitos y la elección de quien ya lee, quien no lee no va a hacerlo por mucho que se lo enseñes”, opina la académica, coautora del ensayo Los libros que leemos, ¿Quién, dónde y cómo se decide? La construcción del canon no académico (Tirant humanitats, 2024).
No obstante, para Lluch la comunidad digital es la que más funciona para ver el éxito de un libro entre el gran público. Aunque con matices, porque faltan datos: los de las editoriales. “Igual que se hace con los productos que venden los influencers, cremas o lo que sea, que ahí sí que hay datos de venta. Pues con los libros nos falta eso, el estudio de mercado de las editoriales, pero es muy difícil que los grandes grupos compartan datos de venta, son muy opacos”, se lamenta.
Pero, ¿cuándo nos damos cuenta de que un libro se ha convertido en un fenómeno? Para Andrea Martínez, autora del ensayo Anónimo es nombre de mujer (Bruguera, 2026) y divulgadora literaria en Instagram en su cuenta Literatura o barbarie (donde acumula más de 200.000 seguidores), el momento clave sucede cuando un libro salta de los creadores de contenido “especializados” a los influencers en general.
“Es lo que ha pasado concretamente con Las gratitudes”, explica, “de pronto ves a cuentas que no suelen tratar temas literarios hablando de estos libros”, continúa para marcar el asunto como “una urgencia capitalista que está vendiendo el mismo libro constantemente” y eso hace que “la gente quiera formar parte de la misma conversación”. “El capitalismo nos ha individualizado y homogeneizado al mismo tiempo”, sentencia para agregar que, hace unos años, pasó lo mismo con El secreto, de Donna Tartt, que se publicó en 1992 y vivió “un repunte muy fuerte”. “Y esto le abrió las puertas a otro nuevo fenómeno: las historias de dark academia, que se han vendido como churros”, opina.
Las razones de los lectores
Gemma (42 años) ya conocía a De Vigan antes de que Las gratitudes “se pusiera de moda”. “Delphine es un nombre conocido para el lector aficionado, yo me leí hace años Nada se opone a la noche y me encantó. Era un nombre que ya estaba ahí”, comenta para señalar que sí, que Las gratitudes ha sido una de las lecturas de su club de este año, formado por gente que superaba los 40, y no hizo falta explicarle a nadie qué libro era.
Belén (34) se lo compró el año pasado porque lo vio destacado en una librería. “Fue después de comprármelo y leérmelo cuando vi que era viral”, señala para decir que lo compró porque quería darle una nueva oportunidad a la autora, a quien ya había leído, pero que aún no le había convencido del todo. “Me parece que trata temas muy universales aunque lo haga describiendo una enfermedad como la afasia”, comenta la lectora.
Marcos (26) sí que se animó a leerlo principalmente por redes sociales. “Ya lo conocía, pero no me llamaba mucho la atención. Fue el ver a gente leerlo cuyo criterio me interesa lo que me picó el gusanillo”, admite para señalar que “es una novela muy bonita” narrada de una manera que “explica muy bien lo que es la vida en sí misma”.
Marta (35) llegó a la autora porque, como a muchos, el algoritmo de sus redes sociales se la estaba lanzando constantemente. “Me gustó, aunque menos que otros suyos que ya había leído”, apunta para señalar que, en su opinión, “hay un delirio colectivo con algunos libros y es probable que este sea uno de ellos”. “Hay una clara tendencia a elevar ciertos libros; mucha recomendación y poca crítica en redes, pero igual que esto ocurre, la viralidad para un buen libro es un regalo para el autor y para los lectores”, zanja la lectora.