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Los monstruos románticos de Rosario Villajos afloran en su nueva obra sobre el duelo y el amor

La escritora Rosario Vallajos

Carmen López

27 de marzo de 2026 22:05 h

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Al padre de Rosario Villajos no le gustaba que llamase la atención. Pero, como ocurre tantas veces, su hija le llevó la contraria y escogió caminos creativos que la exponían al público: fue cantante, artista y escritora ganadora del Premio Biblioteca Breve en 2023 por su segunda novela, La educación física. Habían pasado seis años desde Face (Fanfare – Ponent Mon), su primera incursión en las librerías y su progenitor no tenía ni idea de la pasión que ella tenía por la literatura. Le causó tanto temor su enfado, que lo primero que hizo cuando le dieron el galardón fue a encerrarse en el baño a llorar.

La escritora cordobesa temía la reacción del padre. Tuvieron una relación paternofilial llena de matices —no todos tan dramáticos como este—, que ahora es material para su nuevo libro Cortarse el cabello (Seix Barral). Aunque de entrada puede parecer un conjunto de relatos, se puede leer como una novela. Ella lo define como un álbum flamenco, donde hay un tema de cada palo: “Una seguidilla, una bulería, un fandango y estaba pensando en algo así, ecléctico pero que, en conjunto, te estuviera hablando de un solo tema”. Aquí, ese asunto principal es la aceptación de la muerte de su padre, pero también “de la realidad”: “Tanto de las pérdidas como de cualquier otra cosa que nos puede pasar”. “También hay un componente de alivio, de pensar que no vas a perder a esa persona por segunda vez”.

No se trata de un ensayo sobre el duelo al estilo de El año del pensamiento mágico de Joan Didion, ni mucho menos. Aquí las experiencias autobiográficas de la autora están revestidas de ficción literaria, que no esconde la realidad pero la explica de forma metafórica: “Aunque tenga algún tinte autobiográfico, ya que tenía que soltarlo, he usado muchísima fantasía”. Un buen ejemplo es el de la presencia de monstruos como vampiros, una mujer peluda o los zombies. “Tendemos a pensar que los monstruos son seres extraordinarios que no se parecen nada a nosotros y al final los tenemos mucho más cerca de lo que creemos, se han estado utilizando toda la vida para asustar cuando eran una representación de alguien real casi siempre”, dice. De hecho, la versión cinematográfica de Frankenstein de Peggy Webling (1927) le había gustado mucho de pequeña: “Era una figura misteriosa y me recordaba a mi padre, como una persona ajena a lo normal”.

Pero Villajos no solo explora cómo fue el tiempo que compartió con él, sino que también recorre otro tipo de lazos sentimentales como el de las parejas, que no salen demasiado bien paradas. Sin embargo, ella se reconoce como una romántica en el fondo: “Creo que hay que avivar el romanticismo. El recurso de los vampiros, por ejemplo, tiene mucho que ver con eso, me parecen seres muy románticos”. Sin embargo, considera que es más realista pensar en que las cosas no van a salir bien, al menos, con el paso del tiempo. Es decir, no soñar con el ‘felices para siempre’. “Hacemos concesiones durante un tiempo a nosotras mismas, pero realmente nadie nos conviene. Siempre hay algún obstáculo, algo que no nos viene bien”, reflexiona. Para ella, que tiene “una relación muy bonita” desde hace muchos años: “El romanticismo dura lo que dura y ya está, se pasa a otra cosa bastante mejor, de hecho. Un poco menos intensa quizá”.

El principio y el final

La autora empezó a escribir estos fragmentos antes de la muerte. Recuerda que, en un intercambio de mails con otro escritor, ella le dijo que tenía que dejar la novela en la que trabajaba porque le resultaba “muy frívola” para lo que ella sentía que llevaba dentro. Fue en septiembre de hace dos años y ella se iba a Córdoba desde Madrid todos los fines de semana para verle: “Sentía que se estaba apagando”. Ahora cree que este libro la ha ayudado y aún sigue porque, según opina, el duelo “no acaba nunca”: “Simplemente sabes que hay ahí un pozo. Y de vez en cuando te asomas, pero cada vez te asomas menos”.

Afirma que su familia no lee lo que escribe, así que no ha tenido problemas con ningún pariente que se haya podido sentir apelado. Pese a ello, se pensó mucho el publicar el libro pero consideró que podría conectar también con personas que hayan tenido relaciones familiares complicadas. “O también con quien ha sufrido pérdidas y han sido bonitas en el sentido de echar de menos a esa persona”, declara y cita una frase del libro Manual para mujeres de la limpieza, de Lucia Berlin: “Una cosa sé de la muerte. Cuanto mejor es la persona, cuanto más cariñosa, feliz y comprensiva, menor es el vacío que deja su muerte”.

Pero en Cortarse el cabello no solo hay defunciones, sino que también hay nacimientos. Lo que no significa que sean edulcorados: “Tener un hijo también es una película de terror, si lo piensas. Cuando nace una persona, si eres madre ya sabes que vas a estar preocupada por ella toda la vida”. Ella no quiere serlo, pero le habría encantado “ser padre”, pero con esa afirmación no hace referencia al género sino al “papel”: “Aparte de ser muy romántico, es mucho más cómodo en el mundo en el que vivimos”.

Además, que otra persona geste a la criatura que ha contribuido a concebir le parece “un acto de amor increíble”. Para ella, en otra realidad quizá el papel de padre no tendría siquiera cabida, pero desde que el ser humano averiguó cómo funcionaba el tema de la concepción y por qué a las mujeres les crecía la barriga y parían criaturas “ellos se pusieron la medalla”. Por supuesto, la admiración por el progenitor cuando era pequeña venía dado por el funcionamiento de los roles familiares: “¿Quién es mi referente en casa cuando era muy pequeña? ¿Mi padre o mi madre? Pues yo decía: ‘Mi padre porque es menos loser. Él no está todo el rato en casa, sale y entra y mi madre pues está aquí cuidando de nosotros constantemente”. Cuando pasan los años “te das cuenta de quién es la verdadera heroína”, dice.

Después del premio

Aunque su primera reacción fuese entrar al baño a llorar, el Premio Biblioteca Breve puso a Rosario Villajos en la primera línea del panorama literario nacional. Y es previsible que su caterva de lectores tenga muchas ganas de leer su nuevo trabajo: “Me entra risa porque imagino a un montón de gente que está esperando La educación física II o algo así y, a lo mejor le horroriza este libro. Para mí es el mejor que he escrito hasta ahora y no porque sea el último, sino porque es el más especial”. Asimismo, sopesa que: “A lo mejor puede parecer de primera no apetecible por la temática de la muerte, pero creo que es bastante luminoso y que todo el mundo va a pasar por ahí. También está lleno de humor y de amor”.

El galardón le hizo darse cuenta de cosas que quizás intuía, pero no tenía del todo claras. Ella nunca había querido ser escritora, pero sí deseaba con fuerza que le pasara algo importante, algo creativo. Sin embargo, cuando por fin ha llegado el momento, ha visto que le encanta escribir: “Es lo que mejor me sienta. Me cambia el humor, es maravilloso, pero la exposición no la llevo bien y menos con la edad”. Ya no le gusta que le hagan fotos y, de hecho, dejó la música porque no le gustaba ir a sus propios conciertos. “Pensaba: ‘Ojalá llueva y así se cancela’”, confiesa.

Su anterior libro provocó las reacciones exaltadas en internet aparentemente inevitables a día de hoy. “Con el tiempo te da igual, pero al principio te duele mucho ver a la gente insultarte sin siquiera haber leído el libro”, comenta. Además, Villajos no se considera una persona “a la que dé gusto escuchar” en una presentación, por ejemplo: “Yo creo que gano en las distancias cortas echando un café, una cerveza, o en mis libros quizá soy mejor. Yo creo que mis textos ganan a lo que yo pueda decir”. Y fantasea con que: “Ojalá volviéramos a cuando la gente escribía y la gente leía y nadie compartía qué libro estaba leyendo en internet cada dos minutos”.

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