Elisa Coll, escritora: “Hay personas LGTB que votan a la derecha porque creen que así estarán a salvo cuando el agua nos llegue al cuello”
La función está a reventar, ni una butaca libre. Y ya van más de una docena de funciones en el Teatro del Barrio. Funciones espaciadas en el tiempo donde el boca a boca no deja de funcionar. Además, después de la función hay charla, pues Elisa Coll presenta el libro recién salido del horno de la Editorial Continta Me Tienes. Coll es conocida por novelas como Nosotras vinimos tarde (2023) o ensayos como Resistencia bisexual (2021). Ahora, se ha pasado al teatro. Llega tarde, con el síndrome de impostora a cuestas, pero llena de humor y disidencia.
Lo primero que llama la atención es precisamente el público. Una breve mirada sirve para darse cuenta de que los hombres cis hetero lo llevan claro si pretenden seguir manteniendo una posición predominante. Esta ya no es su (nuestra) época. La función va como un tiro. Gloria cuenta la historia de una niña de siete años que pasa el día en casa de su abuela bien católica y chapada a la antigua. Una niña a la que dejaron viendo Chucky, el muñeco diabólico creyendo que era Sonrisas y Lágrimas. Cuando esa niña buscó asustadísima a su abuela en la cocina, la respuesta fue que no dijera tonterías y volviese a verla. Ella obedeció y se la vio enterita.
Cuenta Elisa que se pasó muchos años pensando que tenía miedo a algo que a nadie le daba miedo. “Salí antes del armario… ¡como bisexual! Y ya sabéis cuánto tiempo tardamos las personas bis en salir del armario”, dice Coll en escena, provocando la risa del respetable. Pero en Gloria pasan muchas cosas más. En esta pieza que bordea el “stand-up comedy” para luego hincar el diente a la autoficción y el drama, Coll habla de cómo se instauran en la infancia los miedos y la obediencia, unas veces a hostias, otras con estrategia institucionalizada y otras incluso mediante el afecto. Y habla también del vértigo a la desobediencia y de la euforia a atreverse.
Coll sigue de gira con el Gloria, el 26 de marzo estará en Mieres, el 18 de abril en Pamplona y el 16 de mayo volverá al Teatro del Barrio. Además, este mismo viernes, en Barcelona, junto a la analista cultural Estela Ortiz, presentará el libro en la librería Crisi. En la charla tras la función, que realizó junto a la músico Xerach, el escritor Daniel Valero y la periodista Noemí López Trujillo, se presentó Gloria, un libro que, aparte del texto escénico, contiene un diario de creación donde la autora desgrana los altibajos del proceso, las autoras donde encontró ayuda, la lucha por vencer el miedo al escenario y el amor de alguien que abandonó el teatro hace años y ahora ha tenido el valor de reconquistar ese espacio.
Dice en el libro que no quería hacer un espectáculo de “stand-up comedy”, sino de teatro. ¿Cree que lo ha conseguido?
Creo que sí, al final lo que la gente se lleva de la obra son los momentos más emocionantes, pero para que tú te puedas llevar eso y puedas hablar de ello desde un lugar que no sea una gran herida, sino desde un lugar más tranquilo, es necesaria la comedia. Para mí las partes de stand-up de Gloria lo que hacen es preparar el terreno para las partes más duras y ser también la rampa de salida de esas partes más oscuras.
En el diario de creación del libro habla de una influencia central, la actriz Phoebe Waller-Bridge. ¿Por qué le gusta tanto?

Por cómo juega con la comedia y con el drama, es brillante. Tiene una frase que dice algo así como que cuando el público se ríe te está dando un poco su corazón y te está pidiendo que se lo rompas. Esta es la máxima que yo también he seguido. La admiro mucho. Para hacer Gloria me vi veinte veces su monólogo Fleabag, precisamente para aprender cómo hacía estas transiciones, ese vaivén emocional entre reír y sufrir. No es fácil conseguir esas subidas y bajadas. También he aprendido de ella a no tener miedo a la fealdad, su trabajo gira mucho en torno a abrazar la miseria, mostrarla, reírse de ella y abrazarla.
En Gloria está esa capacidad de contar desde lo íntimo, de ser impúdica…
Creo que la razón por la que nos cuesta hablar de ciertos temas es porque seguimos arrastrando unas nociones muy arcaicas de qué pertenece a la conversación pública y qué pertenece a la conversación privada. Seguimos con la idea de que los trapos sucios se lavan en casa. De la familia no se puede hablar en el ámbito público. Algo que ya hemos desmontado, por ejemplo, con la pareja u otros temas. Y a mí me alegra ver que hay autoras, entre las que me uno, que decimos que de estos temas también hay que hablar.
Uno de los temas de Gloria es el miedo, cómo opera en la infancia y cómo luego afecta al desarrollo posterior de la persona…
Sí, lo es, pero también la desobediencia. Son cosas que son intrínsecas tanto en el plano familiar como el institucional, educativo o social. Todas estas instituciones están basadas en la premisa de la obediencia, una obediencia que es bondad. La gloria es el premio por haber sido buena. Y claro, desobedecer conlleva un castigo. Por eso hay tanto miedo cuando pensamos en desobedecer. En Gloria se defiende que ese miedo merece la pena atravesarlo. La obra aborda la desobediencia, pero también la euforia cuando has conseguido reunir el coraje suficiente para atravesar ese miedo.
Nuestra mera existencia, la de las personas que pertenecemos al colectivo LGTBIQ+, conlleva la desobediencia al no seguir la norma no escrita de cómo tienes que ser y vivir.
¿La desobediencia es algo intrínseco a la bisexualidad y lo queer?
Nuestra mera existencia, la de las personas que pertenecemos al colectivo LGTBIQ+, conlleva la desobediencia al no seguir la norma no escrita de cómo tienes que ser y vivir. La desobediencia se convierte en una estrategia de supervivencia. Pero yo pienso lo queer como algo más amplio, más allá de lo LGTBIQ+, porque hay personas dentro del colectivo que eligen la obediencia, que eligen votar a la derecha, que eligen una vida normativa porque creen que así estarán a salvo cuando el agua nos llegue al cuello. Por el contrario, hay personas que no pertenecen a este colectivo, pero que deciden llevar vidas queer. La desobediencia me parece algo intrínsecamente queer.
¿En su vida a qué ha tenido que desobedecer?
A las expectativas que había puesta sobre la persona que debía ser. Y esto se puede aplicar a un montón de cosas, como a permitirse hablar de temas politizados. Me da rabia que posicionarse políticamente contra estructuras opresivas, ya sea el machismo, el racismo, la LGTBIfobia, el genocidio en Palestina o las políticas fascistas que están ahora acampando a sus anchas sean desobediencias. Deberían ser el mínimo.
En la obra se habla del presente como una época donde hay muchos peligros. ¿Qué es lo que más le preocupa?
Me preocupan tantas cosas... Me preocupa que si la ultraderecha fascista sigue avanzando a este paso, empecemos a pensar que no merece la pena plantarles cara. Creo que ahí sí que estamos perdidas. Gloria la escribí hace dos años. Ahora, cuando estoy actuando, en ciertos momentos se me ponen los pelos de punta. El panorama durante estos dos años se ha ido haciendo cada vez más crudo.
Una parte importante del libro es el diario de creación, ¿por qué decidió compartir ese proceso?
Es importante que las personas que nos dedicamos a cualquier ámbito artístico compartamos los procesos creativos. Estamos muy acostumbradas a ver solo el resultado final de las cosas, y eso nos puede llevar a pensar que todo se debe a la brillantez de quien lo ha hecho. No importa que te hayas estado dando cabezazos contra la pared para sacarlo adelante. A mí me sirve muchísimo leer los procesos creativos de otras autoras porque eso acerca y ayuda a pensar que uno también es capaz, y al mismo tiempo aleja la idea de romantizar al individuo como genio, que es una cosa muy patriarcal y muy normativa.
El poeta Ángelo Nestore ha escrito un prólogo muy preciso y pertinente con frases como “Gloria es una obra sobre cómo se aprende a obedecer y sobre cómo la obediencia se confunde con el amor”.
Estoy muy agradecida, señala muchas cosas que sobrevuelan el texto. Por ejemplo, lo que significa el ámbito escénico para las personas queer. Me sentí muy reconocida. Tenía un montón de dudas sobre subirme a un escenario, sentía que era muy mayor para retomar el teatro y estaba aterrorizada. El miedo es una cosa que te hace sentir muy sola. Luego te das cuenta de que en realidad subirte a un escenario es un acto bastante queer. Creo que para cualquier persona que no se ha sentido vista o que ha sentido que no ha tenido un lugar, el escenario en todas sus posibilidades, el drag, la música o el teatro, es un lugar donde probar para hacer algo nuevo, algo que probablemente tenga más que ver con quién eres que cuando luego te bajas y sigues con tu vida.
En escena lee un poema de Gloria Fuertes que bien podría ser el corazón de esta pieza. Dice: “Me dijeron: / O te subes al carro / o tendrás que empujarlo / Ni me subí ni lo empuje / Me senté en la cuneta / y alrededor de mí, a su debido tiempo, / brotaron las amapolas”.
Ese poema para mí encapsula de una manera preciosa uno de los mensajes de la obra: la defensa por llegar tarde a los sitios. Si yo hubiera llegado antes al teatro, Gloria no habría existido. Si Malvina Reynolds, la cantante de folk de la que hablamos en la obra, no hubiera llegado tarde, hay muchas canciones que hoy no disfrutaríamos. No pasa nada por llegar tarde, es más, tiene un valor. Además, ambas, Reynolds y Fuertes, son dos mujeres muy críticas, muy politizadas, que vivieron vidas bastante queer. Y ambas tomaron la decisión de dedicar parte de su carrera a escribir para un público infantil. Tuvieron la inteligencia de ver el potencial político que el público infantil tiene. Por eso la ultraderecha está todo el rato instrumentalizando la figura de los niños para sacar adelante políticas antiabortistas y políticas anti LGTBIQ+.
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