Pedro Almodóvar: “Me queda menos tiempo, por eso tengo una necesidad casi histérica de dirigir”
Pedro Almodóvar nos recibe en su santoral particular. Una pared llena de la gente a la que admira y se ha cruzado en su vida. A pocos centímetros la mirada de Billy Wilder detrás de sus gafas, un poco más arriba Jeanne Moreau. Unos metros más a la derecha aparece Ru Paul antes de hacerse famosa en la televisión. Y siempre, junto a ellos, sus actrices: Marisa Paredes y Penélope Cruz.
La pared del despacho del director, en la sede de su productora, El deseo, es un repaso a su carrera y a todo lo logrado. Enfrente, muchos de los premios que ha ganado. Lo que nadie puede dudar es que ese despacho es de Pedro Almodóvar. Hay algo eminentemente suyo. No son solo los colores, ni la disposición de los muebles, sino algo que está presente desde que uno entra.
El director abre las puertas de su despacho para hablar con elDiario.es de su nueva película, Amarga Navidad, un filme que está entre los más complejos que ha escrito, y donde reflexiona sobre la responsabilidad ética de los directores de cine a través de una historia que se parece a una matrioska y que dentro contiene unas cuantas más. A priori es la historia de una directora de cine, Bárbara Lennie, que solo ha dirigido dos películas y se encuentra en un parón creativo.
Pero poco a poco Almodóvar va abriendo las muñecas de su película para ver que dentro hay mucho más. También la historia de otro director, Leonardo Sbaraglia, que se parece mucho al propio Almodóvar, y que vuelve a traer ese elemento de auto ficción que estaba en Dolor y Gloria.
Amarga Navidad habla del proceso creativo. Estamos en su despacho, ¿es aquí donde se da ese proceso?
Parte. Aquí no escribo. Escribo siempre en casa o en cualquier otro lugar, pero aquí y en estas mismas butacas, dispuestas de otro modo, es donde hago las primeras lecturas con los actores y los primeros ensayos, incluso las primeras pruebas. Esto es una especie de ‘santa sanctorum’, y justamente esa parte del proceso es esencial, porque un casting desafortunado te puede cargar la película. Afortunadamente en esta he sido muy, muy afortunado. Estoy muy contento con todos los actores.
¿En esas lecturas ya se nota si algo no va bien?
Absolutamente. Pero desde la primera. Yo recuerdo haber tenido un gran problema con una película a principios de este siglo. Y ya en la primera lectura vi cuál era el problema. Lo que pasa es que no había modo de echarse atrás y pensaba que yo también era el problema y que después tú tienes que solucionarlo, que eres el director. Pero no se solucionó y fue a más.
En las primeras lecturas voy por partes. Por parejas o tríos o solo si es un monólogo. Y recuerdo que en esta ocasión ya me di cuenta de que los diálogos del final, de los últimos 20 minutos que protagonizan Leo Sbaraglia y Aitana Sánchez Gijón, que eran muy difíciles, e intenté cambiarlos, pero era imposible. La solución es que como son dos buenos actores, ellos afortunadamente me dieron todo el tiempo necesario y estuvimos por lo menos dos meses de ensayos diarios con esos 20 minutos.
La película habla de esa relación entre ficción y realidad. Siempre dice que sus películas nacen de sitios muy diferentes. Tacones lejanos nació de escuchar un telediario y pensar que la presentadora que estaba contando un crimen de repente confesaba que lo había hecho ella. ¿Cuál fue la chispa de Amarga Navidad?, ¿por qué hablar de esto en este momento de su carrera?
Amarga Navidad procede de un libro de relatos que escribí y que salió hace dos años o tres, y es uno de ellos. En principio el relato es lo que me empuja a ponerme a escribir. El relato son 12 folios y el guion son 160. Todo lo demás tenía que inventármelo, y en el relato no está ese elemento tan esencial que sí está en la película de la relación de realidad y ficción, que es algo que a mí siempre me ha inspirado y que ya está presente en más de una película. En La mala educación, el papel de Fele Martínez sabe que ha contratado a un chico que es falso, que dice ser alguien que no es, pero a la vez le fascina a nivel creativo ver hacia dónde lo va a llevar o hasta dónde va a ser capaz de esa impostura. La relación activa de un creador y la génesis de las ideas siempre han sido temas que a mí me han fascinado, porque es un tema muy misterioso.
En general mis ideas provienen del exterior, de las múltiples cosas que puedo encontrar en el exterior. Pero últimamente estoy recurriendo más a mí mismo como inspiración de lo que voy a escribir. En los últimos cinco años he hecho Dolor y gloria y esta película en la que como referencia principal para el personaje del director soy yo. Esto no quiere decir que yo esté loco por hablar de mí, no. De hecho no quiero hablar de mí, pero también me doy cuenta de que mi experiencia es el elemento que yo conozco mejor. No tengo que documentarme. Está dentro de mí. Y para todo lo demás, hay que ser un poco valiente y ver si vas a estar dispuesto a poder hablar de todo esto con la prensa. Porque hay una exposición, que no es lo que yo busco, pero forma parte de la aventura. También me estoy exponiendo hablando contigo.
Recuerdo Dolor y Gloria que la gente jugaba de alguna forma a ver qué era verdad o mentira, ¿le da miedo la especulación, que quieran saber qué es verdad y qué no?
Con las dos películas ya juntas creo que me he olvidado ya de esa especulación. En principio no me gusta la idea, no me gusta en absoluto. En Dolor y Gloria las partes que parecían de ficción eran las que eran reales y lo contrario. Y ahí me di cuenta que había un tema, que era la heroína, porque el personaje toma heroína en algún momento de la película. Yo nunca he tomado heroína, pero cuando hablaba con la prensa me daba cuenta de que les gustaba más el personaje si yo había tomado heroína. Había un momento que ya decía, mira tú pon lo que quieras, yo te digo la verdad.
Entonces me importaba menos pero sí es cierto que he tenido que vencer el pudor, porque yo soy una persona de natural pudorosa. De hecho te darás cuenta que hay muy pocas entrevistas, yo creo que ninguna, en la que hable directamente de mi vida privada. Es algo que lo he tenido siempre acotado. Lo que ocurre es que cuando escribo, no hay límites en ningún sentido y es cuando yo me siento más libre. Y ojalá que siga escribiendo así. Soy mucho más libre escribiendo, como decía Aitana al personaje, que en mi vida real. Pero el pudor no me ha quedado más remedio que ir superándolo a base de entrevistas.
Otro de los temas de la película es la ética del guionista, la vampirización del creador de los que tiene alrededor, ¿es Pedro Almodóvar muy vampiro como creador?
No, no lo soy. Pero lo que sí soy es muy poroso, muy permeable. Acabo de escribir ya el guion de lo que espero que sea la próxima película y no voy a decir el qué porque son dos personas conocidas, pero viene de un comentario absolutamente banal que me hizo una de las actrices durante el rodaje y de pronto eso encendió en mí una idea y después la desarrollé y salió como un torrente. Era como si hubieran abierto una puerta o quitado un tapón, y todo lo demás estaba dentro de mí.
El origen realmente era una cosa completamente superficial. La creación es un misterio, no puedes provocarla. Lo que sí puedes hacer es, como decía Picasso, trabajar. Yo me siento en el ordenador a escribir todos los días. Que la inspiración te coja escribiendo. Pero, en efecto, uno de los debates posibles de esta película son los límites del creador. Hay que preguntarse si hay límites, si no los hay, y si uno tiene derecho realmente a hablar de los demás con la misma sinceridad y la misma falta de pudor que cuando hablas de ti mismo.
¿Hay límites?
Es una pregunta que yo todavía no sabría cómo responder, porque hay una cosa clara y es que yo no quiero hacer daño a nadie. Los personajes que te inspiran son la gente con la que vives, y la gente a la que quieres. Y si fuera consciente de que cuando estoy escribiendo podría hacerle el menor daño, no lo haría. No escribiría. Pero uno no lo sabe tampoco. Yo nunca he tenido ninguna reacción cuando ha aparecido una anécdota que pertenecía a otra persona. Creo que en eso los límites dependen de la sensibilidad moral de cada persona.
El otro día leía un artículo con Emmanuel Carrère, que es el gran escritor de autoficción, donde él sí confesaba que se arrepentía de que con una de sus novelas hizo daño a su novia en ese momento y se arrepentía. Lo decía siendo consciente y no se sentía orgulloso de ello. Pero también decía, y citaba a otro autor: “Si en una familia hay un escritor, esa familia va a tener problemas”. Y es cierto, los escritores, sin que queramos, nos convertimos en seres peligrosos para los que nos rodean. Yo también me incluyo en eso, pero hasta ahora creo los límites te los impones en base a tu propia moralidad y tu propio sentido ético. Pero hay algo que es cierto, si hay algo que me inspira, si tú mismo me inspiras algo y yo me pongo a escribir…
Una entrevista no suele porque normalmente me inspiran personas que han sufrido, me inspira más el dolor que lo cotidiano, el placer o una entrevista encantadora como la que estamos teniendo. Las cosas encantadoras no me inspiran. Pero cuando estás hablando de alguien y sabes que has iniciado un camino en el guion que te está llevando a un lugar interesante uno no se pregunta si sigue o si tiene el derecho a hacerlo. Ahí reconozco que el autor está absolutamente poseído por lo que está escribiendo y la referencia real desaparece. Aparece después, cuando ya la has terminado de escribir y cuando has terminado la película. Pero reconozco en el director un enorme egoísmo cuando ocurre la inspiración, eso sí es cierto.
Es una película que habla del cine como vampiro y el personaje de Bárbara Lennie es una directora de culto que solo ha dirigido dos películas, se me hizo imposible no pensar en Iván Zulueta…
Es verdad que Iván hizo solo dos películas, pero no está inspirada en él. Yo a Iván le conocí mucho, trabajamos juntos, hizo tres o cuatro carteles de mis películas y hubo un periodo en que nos veíamos diariamente en Madrid y teníamos muchos amigos en común. Hay un elemento aquí que sí que me recuerda a Arrebato y me lo recordó después, cuando ya estábamos rodando, y es el cursor del ordenador. Ese cursor palpitando en la pantalla para mí equivalía un poco a la voracidad y la llamada que tiene el fotograma en rojo en Arrebato, que acaba engullendo, con el consenso del engullido, a Eusebio Poncela. Este palpitar del cursor tiene esa cualidad vampírica que es incluso superior. No lo desarrollo tanto, pero sí me servía como leitmotiv.
Es superior a la voluntad del Creador. Cuando al final el creador ha terminado y está tratando de volver a escribir el guion y yo le hago un primer plano, el cursor está llamándole en ese momento de duda. La presencia de Iván si está en la película, me he dado cuenta después, pero para el personaje de Bárbara pensaba más en alguien como Lucrecia Martel, por ejemplo, que ha hecho más de dos películas, habrá hecho cinco o por ahí, pero es una directora muy buena que desgraciadamente su cine es muy minoritario.
En un momento el personaje de Bárbara Lennie va al hospital y hay una mención a Hable con ella. Ella dice que escribió una película donde había dos mujeres en ese hospital, una en cada habitación, y una moría, así que pedía que la llevaran a la otra.
Exacto.
Esa directora de Amarga Navidad solo tiene dos películas, así que me pregunté, si tuviera que elegir solo dos películas, o pensar que solo ha dirigido dos películas, si Hable con ella sería una de ellas.
Espero no tener que decidir eso nunca. En efecto, estaba pensando en Hable con ella. Es muy evidente que estoy pensando en mi película. Si tuviera que elegir dos, yo creo que Hable con ella sería una de ellas, seguro. Y también hay consenso con eso. Es una de mis películas más valoradas de mi carrera.
En esa escena final que ha mencionado, el personaje de Aitana Sánchez Gijón le dice muchas verdades a ese director, ¿le ha dado miedo que no le digan la verdad?, ¿rodearse de sitios donde todos le alaben y perder el contacto con la realidad?
Perder el contacto con la realidad es muy malo, sobre todo si además te dedicas a contar historias. No es una buena idea. Aunque a veces sea duro, yo afortunadamente creo que tengo por lo menos dos personas aquí, una es Lola, mi asistente, y otra es mi hermano, que me dicen cuál es el mundo en el que vivo.
Alguien que se dedica a esto o que ha tenido tanto éxito como yo, inevitablemente se aísla y es muy importante que haya alguien que, sin ningún respeto, no quiero decir violentamente, pero sí sin ningún respeto, te diga exactamente cómo son las cosas. Eso a mí me tranquiliza y me horrorizaría saber que estoy absolutamente solo, porque sé que la realidad, según me la van a contar los demás, es ligeramente distinta o mucho más suave que la que realmente es. Entonces yo no le tengo miedo. Puede gustarte o puede no gustarte, pero agradezco siempre que alguien me diga algo en lo que yo no he pensado y que sea mucho más real que lo que yo he pensado antes.
El artista tiene que posicionarse, porque hay mucha gente que se mira en él
¿Cómo se impone la realidad a la ficción en estos momentos? Vivimos un mundo tan caótico, que no sé si esa realidad se impone en forma de pesimismo.
Inevitablemente te influye, aunque hagas una comedia. De hecho, yo no estaba pensando tampoco en esta horrible situación que estamos viviendo. Creo que nunca hemos vivido en un mundo peor que el que estamos ahora experimentando. Por lo menos en los últimos 50 años de nuestra vida. Por ejemplo, el guion que acabo de escribir está totalmente contaminado por el pesimismo de la situación en la que estamos y ni siquiera era consciente cuando lo estaba haciendo. Es muy difícil que la realidad que estamos viviendo ahora mismo no te afecte. Yo trato de ser optimista, de pensar que habrá soluciones, pero me cuesta. Me cuesta mucho trabajo creer y creerme ese optimismo que yo me impongo como de un modo militante.
Hemos hablado del compromiso ético de un creador, pero estamos con el debate sobre el compromiso político. Venimos de una Berlinale donde se ha discutido de ello. Qué opina de esta guerra cultural sobre si los cineastas debéis o no posicionarnos, ¿considera que una un deber moral también en hablar?
Absolutamente. La reacción del jurado de la Berlinale me parece totalmente acomodaticia. Viniendo además de un país como Alemania, que está siempre mirando a EEUU y está siempre alineado con ellos no te extraña. A mí me parece de una cobardía inaudita. Me parece absolutamente necesario que saliera Tilda Swinton en nombre de todos nosotros, hablando de que tenemos que implicarnos en la realidad, cómo no hacerlo cuando no sabemos qué va a pasar en Gaza, y las cosas pintan del peor modo, porque nadie se cree esa paz, porque al día siguiente ya había 20 muertos, y al otro día 30.
El artista tiene que posicionarse, porque hay mucha gente que se mira en él. Entonces, si se van a mirar en este espejo, para bien y para mal, quiero que les devuelva el horror ante un genocidio como el que estamos viendo diariamente en televisión. El comportamiento de otros lugares como EEUU, sosteniendo ese horror, y con unas ideas respecto al futuro de los gazatíes son escalofriantes. Los artistas no vivimos en una torre de marfil, vivimos en la calle, vivimos de acuerdo con la realidad que nos ha tocado vivir y la que nos ha tocado vivir es la que es. La que le ha tocado vivir a todo el mundo, y todo el mundo tiene derecho a manifestarse y desde luego los artistas.
Ha dicho que tiene el guion de la próxima película escrito, he leído que ha escrito una novela, se encuentra en un momento de mucha creatividad, ¿hay un motivo concreto, una sensación de no querer dejar nada por contar?
Exactamente desde la pandemia he rodado más que en comparación con los diez años anteriores. Me ha entrado una prisa tremenda. Tengo la impresión, no de que me vaya a morir dentro de dos años, pero de que me queda cada vez menos tiempo. Esa sensación del tiempo que pasa se me ha hecho una presencia que no me olvido de ella. Comparte la mesa de trabajo conmigo. Entonces me ha entrado una prisa descomunal y ahora estoy escribiendo más que nunca.
Salgo menos que nunca y tengo menos vida social que nunca. No sé si es lo mejor o lo peor, pero siento que esta es la vida que he elegido y no me siento mal. No me siento solo. Pero sí es cierto que tengo una necesidad casi histérica de seguir escribiendo y de seguir pensando en más de un proyecto. Sí, me ha entrado una gran prisa. Tendrá que ver con la edad. Quiero decir, yo ya no voy a cumplir 70 años, ni 71. El tiempo es algo que corre y es inevitable. Se te escurre y se va, esa es la naturaleza del tiempo. Yo estoy tratando de retenerlo y de ir al mismo ritmo, y es una locura, pero de todos modos me resulta muy entretenido.
Vídeo de la entrevista completa
Vídeo: Alex Corral, Salvador Fenoll
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