Un folio para contar el miedo y dibujar el futuro de las niñas marroquíes que llegaron a Ceuta
Son las nueve de la mañana en el asentamiento informal levantado en el barrio de El Príncipe, en Ceuta. Centenares de jóvenes, mayores y menores de edad, amanecen poco a poco. Ahmed Enfed-dal, presidente de la asociación de vecinos del barrio, lleva desde finales de julio de 2026 trabajando para proteger a quienes cruzaron desde Marruecos a España. “Hemos dividido este campamento [que está dentro de un polideportivo] entre las jóvenes mayores y las menores. Hay una madre con su bebé”, cuenta mientras avanza por la zona.
Bajo las sombras de las telas que esconden el sol y protegen del calor, las menores están tumbadas sobre colchones, mantas o, directamente, el suelo. En grupos o solas, llevan desde el pasado 31 de julio sin un espacio digno donde vivir. “Decidimos levantar este espacio por su seguridad. Si salen al aseo o a ducharse, intentamos que vayan acompañadas, nunca solas”, explica Enfed-dal.
A pesar de que es una mañana cualquiera en este enclave de la ciudad ceutí, un puñado de rotuladores, lápices de colores y unos folios cambian un despertar rutinario. “¿A quién le apetece escribir o dibujar?”. A lo largo de la mañana, 29 menores participan en la actividad: algunas se tumban sobre el suelo, otras dibujan sobre sus colchones o apoyando el folio en sus propias piernas mientras agarran, buscan y comparten el material. Algunas terminan rápido. Otras se toman su tiempo. Ante las prisas de sus compañeras, una de ellas responde: “Lo necesitaba. Estoy desahogándome”, cuenta. Estos son 12 de esos testimonios.
Ahlam (17) es de Tetuán y en el futuro quiere ser “la mejor jugadora de fútbol”, escribe.
Salma (17) es de la vecina ciudad marroquí, Castillejos, y sueña con convertirse en chef. “Me encanta cocinar dulces y tartas”, explica. “Quiero cambiar la vida mía. Me gusta mucho España”, escribe en su dibujo
Khawza (17) dibuja varias veces su dibujo. En el tercer papel, junto con dibujos de personas levantando pesas, deja claro qué quiere ser de mayor. “Mi sueño es ser entrenadora deportiva en un gimnasio”, escribe.
Basma (17) cuenta que caminó diez kilómetros desde Mdiq hasta Ceuta junto a su padre y su hermana. “La entrada fue muy difícil. En el espigón me estaba ahogando”, relata tanto en su dibujo como en su testimonio oral. La joven describe el viaje con dos palabras: “mar” y “miedo”. Lleva dos semanas en Ceuta junto a su hermana. Su padre decidió volver a Marruecos.
Yousra cumplió 17 años en los campamentos informales de El Príncipe. “Mi cumpleaños fue el 22 de agosto”, cuenta. La joven es de Fez, a 296 kilómetros de Ceuta. En su móvil enseña fotografías suyas debajo del mar. “Disfruto practicando buceo y sueño con convertirme en capitana de barco en España”, escribe.
Salma (17) está hablando con su madre por videollamada. “Es lo más importante de mi vida”, cuenta. “Estoy aquí por ti, mamá, y lucharé hasta mi último aliento”, escribe. A la joven de Tetuán le gusta jugar al fútbol, como a muchas de las jóvenes que están con ella estos días en Ceuta. Aun así, sabe que su vida profesional en el fútbol es limitada y por eso estudia y sueña con ser policía. “Te echo de menos, mamá”, escribe con su rotulador verde.
Una joven que prefiere mantener el anonimato esboza primero una silueta marrón con el corazón. “Esta soy yo”, cuenta. Mientras avanza, dibuja figuras, similares a la suya, pero de color negro. “Me siento rodeada de estos sentimientos”, relata. La joven suelta el rotulador negro y entrega el dibujo: “Gracias”.
Nada (16), que en árabe se traduce como ‘generosidad’ significa frescura y pureza. La joven es de Larache, ciudad situada a más de 150 kilómetros de Ceuta. La menor quiere utilizar todos los colores. En el centro, un círculo, pintado de verde, representa su corazón, color esperanza. Alrededor, el cuerpo está dividido por muchas trazas lineales que simbolizan la rotura. El dolor. “Así es como me siento”, cuenta al terminar el dibujo.
Kawtar quiere dedicarse a los cuidados sanitarios. En el campamento, donde la asistencia médica es escasa y muchas jóvenes no paran de toser, escribe: “Mi sueño es ser asistente médico”.
Ihsan (17) conoce las alineaciones de fútbol de equipos como el Real Madrid, el Fútbol Club Barcelona y otros equipos internacionales como el galo Paris Saint-Germain. Su folio está coloreado por las dos caras. En una de ellas, Ihsan dibuja un campo de fútbol donde rueda el balón con otras amigas y compañeras de afición. “Quiero buscar un futuro como futbolista en España”, cuenta.
En el otro lado del folio, Ihsan relata las escenas que vivió durante el cruce el pasado 30 de julio desde Marruecos a España. En aguas marroquíes, tacha el rostro de las figuras que nadan en el mar. “Esta es la gente que murió”, dice la joven mientras señala con el rotulador. La misma historia que se repite en las rocas del espigón. Corazones rotos en Marruecos que lloran la ausencia de sus hijas. Amor, amistad y fútbol en España. Siempre fútbol para Ihsan.
Fatima (16) es de Castillejos. Camisetas, pantalones y otras prendas llenan su folio y representan lo que desea hacer en el futuro: “Quiero ser diseñadora de moda”, escribe.
El Ministerio de Juventud e Infancia de Sira Rego puso sobre la mesa la semana pasada la posibilidad de que 500 niñas migrantes no acompañadas que permanecen en Ceuta desde el 30 de julio puedan ser trasladadas a la Península. Se trata de un colectivo considerado de especial vulnerabilidad por parte de los servicios sociales y que ha estado expuesto incluso a agresiones sexuales que han sido denunciadas a la policía. La medida, defiende Infancia, no solo permitiría una situación humanitaria más digna a esas niñas, sino que aliviaría la presión sobre los recursos de una ciudad de Ceuta completamente desbordada.
Sin embargo, la medida es rechaza de plano por el Partido Popular. “Ni mayores, ni menores. Han de regresar todos. Deben volver bien de manera voluntaria o mediante expulsión. Pero todos. Y cuando digo todos, son todos. En ningún caso puede crearse un precedente perverso de otorgar derechos a quien ha participado en una invasión ilegal”, dijo Alberto Núñez Feijóo junto a Juan Jesús Vivas. El presidente de Ceuta no se mostró tan tajante, aunque también incidió en su deseo de que todas las personas que entraron el día 30 de julio salgan de territorio español, sean mayores o menores de edad.
La opinión de Vivas y del gobierno local resulta trascendental al respecto porque, de facto, es la ciudad autónoma la que ostenta la custodia legal de todos los menores de edad. La propuesta del Ministerio contempla que las 500 niñas sean acogidas de forma temporal en la Península con recursos del Estado gestionados por organizaciones dedicadas a la protección de la infancia. Es decir, sin implicar en esa gestión a las comunidades autónomas que deberían acogerlas y que, gobernadas en su mayoría por PP en solitario o en coalición con Vox, se niegan a ello.
Con información de José Enrique Monrosi