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Los vecinos levantan campamentos para acoger a mujeres y niñas que llegaron a Ceuta: “Durante días no conseguimos comer”

Andrés Illescas

Ceuta —
9 de agosto de 2026 22:04 h

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Amanece en Ceuta y en la pista polideportiva de la barriada de Sidi Embarek, antes usada por los niños de la zona para jugar al fútbol, despiertan centenares de mujeres y niñas migrantes, que van rápidamente a asearse en un biombo improvisado con mantas fuera de la instalación. Hacen sus necesidades en la zona de monte que hay al lado, observando la ladera de enfrente, donde se ubica en una gran pendiente el cementerio musulmán. Allí acabarán varios de los más de 80 cadáveres que ha dejado la tragedia de Ceuta del pasado 30 de julio en las costas españolas —en total son al menos 141 fallecidos—. Algunos, los que no logren ser identificados, solo tendrán un número sobre la lápida.

Entre las que sobrevivieron, no sin dificultades, está Fatna, de 21 años, natural de la localidad de Larache, al inicio de la costa atlántica marroquí. Cuando dan las once de la mañana levanta a su hijo de tres años. El pequeño padece parálisis cerebral y no puede andar, ni siquiera sostenerse. Tampoco habla. “He venido con él y por él. Está enfermo y necesito que le den tratamiento”, dice la madre, embarazada de seis meses.

Cruzó desde Castillejos —localidad fronteriza con el Reino alauita— “por el mar, no a pie bordeando el espigón”. Vino acompañada de su marido, también alojado en el campamento, y del pequeño, al que “la Guardia Civil tuvo que sacar del mar, salvándole la vida”.

Esto se organizó prácticamente desde el día más fuerte de la entrada. Empezaron a venir chicas buscando refugio, casa, incluso alquiler. Con los días se incrementó el número. Algunas cuentan que fueron amedrentadas, otras que las intentaron violar y, en algunos casos, que lo consiguieron

Fatna pasó una semana en el Hospital Universitario de Ceuta y, cuando el pasado miércoles le dieron el alta, pasó “el día entero por la calle” hasta que alguien le informó de un campamento, montado por los propios vecinos, que daba cobijo a mujeres y niñas en la barriada de Sidi Embarek. Tras pasar varios días en el campamento improvisado, la joven ha sido acogida este domingo por la Asociación Cardijn, a través de Cáritas

Abdeselam Mohamed, presidente de la barriada, dice que hay “alrededor de doscientas personas” en el campamento entre mujeres, sus hijos y niñas menores de edad que duermen al raso de la pista de fútbol habilitada por los ceutíes de la zona. “Esto se organizó prácticamente desde el día más fuerte de la entrada. Empezaron a venir chicas buscando refugio, casa, incluso alquiler. Con los días se incrementó el número. Algunas cuentan que fueron amedrentadas, otras que las intentaron violar y, en algunos casos, que lo consiguieron”, lamenta el líder vecinal, uno de los activistas más conocidos de la localidad. La policía está investigando algunos casos de violaciones, según han informado varios medios citando a la delegación del Gobierno y fuentes sanitarias.

Además, Abdeselam denuncia que la situación es insostenible en lo sanitario: “Es un foco de insalubridad, al no tener baño, ni un lugar donde realmente las mujeres puedan asearse en condiciones, bajan al monte a hacer sus necesidades y están pillando infecciones”.

Como también sucede en la cercana barriada del Príncipe Alfonso, donde la asociación de vecinos ha organizado otro campamento para mujeres, son los propios ciudadanos los que atienden las necesidades de los migrantes y se encargan de hacer turnos para garantizar la seguridad. “Unos pueden dos horas, otros diez, hacemos lo que podemos”, detalla el activista, que se ha puesto en contacto con la delegación del Gobierno y con la ciudad autónoma de Ceuta para que aporten soluciones lo antes posible.

“Hay que decir que la Consejería de Servicios Sociales ha hecho lo que ha podido poniéndonos unos grifos, pero es del todo insuficiente. De la Delegación no hemos obtenido respuesta. Nosotros pedimos reubicar a estas mujeres en un sitio donde puedan tener duchas y estar seguras”, abunda el líder vecinal, que agradece a su vez que la ONG Luna Blanca haya aportado comida “desde el minuto uno”.

Cuando aún falta un buen rato para la hora del almuerzo, cuatro jóvenes se entretienen con un estuche de maquillaje. Lo hacen sentadas sobre las alfombras usadas habitualmente para el rezo que cubren buena parte del suelo de la pista polideportiva. Hace mucho calor. Una de ellas es Nayima, de 20 años y natural de la localidad de Oued Lau, al sur de Tetuán, en la franja mediterránea del norte del país.

Allí vivía con sus padres, “pero son muy mayores y no trabajan, por lo que no podían mantener la casa”, relata. Entró a Ceuta en el momento de más trasiego y vivió escondida por los montes “sin comida” durante varios días y “huyendo de los militares” por miedo a que la devolvieran a Marruecos.

La Consejería de Servicios Sociales ha hecho lo que ha podido poniéndonos unos grifos, pero es del todo insuficiente. De la Delegación no hemos obtenido respuesta. Nosotros pedimos reubicar a estas mujeres en un sitio donde puedan tener duchas y estar seguras

Aún más se explaya una de sus acompañantes en la pista de Sidi Embarek. Una chica de pelo castaño rizado también se entretiene con los productos cosméticos que han podido conseguir. Se llama Aicha, tiene 22 años y es de Tetuán. “La gente no nos molestó tanto, pero los militares y la policía, sí. Además, no nos aceptaban los dirham en las pocas tiendas que había abiertas y durante varios días no conseguimos comer”, lamenta.

Sin embargo, no se arrepiente de haber dejado Marruecos. “Estaba trabajando en un restaurante como cajera y cuando escuché lo de la entrada me fui de allí dejando el empleo en el momento”, afirma, indicando que con el sueldo no le daba para vivir en condiciones.

Mientras hablan y hacen tiempo, los voluntarios baldean la zona de aseo improvisada, tratando de empujar los restos biológicos a un sumidero ubicado bajo los desbordados contenedores de basura. Enfrente de ellos hay una montaña de ropa donada por un vecino y en la zona que da al monte, varias mujeres cuelgan toallas en una cuerda para que sequen.

Imágenes que casan con la denuncia de este viernes de varias ONG, entre ellas la asociación Elin que, en una rueda de prensa celebrada en ese mismo punto, el campamento de Sidi Embarek, afeaba el “silencio institucional” y pedía que se pudieran habilitar instalaciones locales, como polideportivos, para sacar a las miles de personas que, estiman, aún duermen en la calle pasada más de una semana tras la “mayor crisis humanitaria de la historia contemporánea de la Ciudad”. El Gobierno ha habilitado esta semana un colegio para acoger a decenas de menores, pero aún quedan muchas personas en la calle.