THE GUARDIAN

Los refugiados que luchan contra los incendios en el Sáhara

Nick Roll

Bassikounou (Mauritania) —

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Ahmedou Ould Boukhary sabe que en cualquier momento, de día o de noche, puede recibir la llamada de las autoridades locales de Bassikounou, un pueblo en el sudeste de Mauritania. Alguien ha visto un incendio en uno de los pueblos ubicados en el borde del Sáhara. ¿En cuánto tiempo podrán llegar sus hombres?

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Boukhary lidera la Brigade Anti-Feu (la Brigada Anti-Incendios), una fuerza voluntaria de alrededor de 500 refugiados malienses que viven en el campamento M’bera, cerca de la frontera con Mali, a 18 kilómetros del pueblo. Cuando llega la alerta, equipos de entre 50 y 70 hombres se suben a las partes traseras de camionetas y salen del campamento a toda velocidad para luchar contra las llamas. A veces viajan más de 30 kilómetros para apagar incendios. 

Con poco más que hachas y ramas de árboles, la brigada ayudó a apagar 36 incendios en el campamento y sus alrededores durante la temporada más seca, que se extiende desde octubre hasta junio. Los incendios en general llegan después de las lluvias, cuando los matorrales, llenos de vegetación, se convierten poco a poco en un polvorín.

“Agotador y arriesgado”

Durante un simulacro reciente, los camiones van a toda velocidad hacia el desierto. Cuando frenan, los hombres saltan y empiezan a dar hachazos a un árbol pequeño, luego se reparten sus pocas ramas para usar como escobas improvisadas. Forman una fila, y empiezan a dar golpes al suelo como si estuvieran apagando un incendio de verdad. El polvo y la arena forman una nube en el aire caliente, que se llena del sonido de gritos animados. Sus herramientas quizá sean modestas, pero las ramas, si se usan bien, son suficientes para apagar las llamas de muchos matorrales. 

“Es un poco agotador y arriesgado”, dice Mine Hamada, uno de los líderes de la brigada. “Tenemos el coraje como para no tener miedo. Somos valientes; vamos a medianoche, a la una de la madrugada, vamos a la hora que sea. Vamos a los matorrales. Hay víboras, hay de todo, pero atacamos los incendios”, asegura. 

La llegada de miles de refugiados, que desde marzo huyen de la creciente violencia e inseguridad en Mali, ha reducido la cantidad de alertas este año. El ganado que traen se ha comido muchos de los matorrales y árboles que podrían haber sido una amenaza de incendio. Entre octubre de 2020 y junio de 2021, los equipos han apagado 58 incendios. 

Prevenir incendios

Fundada en 2013 por una iniciativa conjunta entre la ONG de Mauritania SOS Desert, las autoridades locales, y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), la brigada es uno de varios grupos de voluntarios formados en M’bera desde que se estableció el campamento hace diez años. El campo aloja a alrededor de 80.000 malienses. 

Además de apagar el fuego, la brigada de refugiados intenta mitigar el riesgo de otros incendios talando árboles y matorrales para crear cortafuegos entre áreas de vegetación. Los equipos también plantan árboles para reemplazar los talados para construir hogares en el campamento y para cocinar. Estos esfuerzos contribuyen a la Gran Muralla Verde, un enorme proyecto de reforestación que busca cultivar una barrera de 4.350 millas de largo para combatir la degradación ambiental del Sahel. 

Agradecer la acogida

Milagrosamente, los participantes de las brigadas solo han resultado heridos en una ocasión en los últimos nueve años, dice Hamada. En medio de los fuertes vientos, un hombre cayó sobre el incendio que combatía. Sus colegas pudieron sacarlo antes de que pudiera sufrir lesiones de mayor gravedad. 

Los voluntarios dicen que realizan este peligroso trabajo, por el cual muchas veces pasan horas en el territorio, porque quieren proteger el área en donde viven. Pero también lo hacen por gratitud, para compensar a sus anfitriones mauritanos los años que han pasado allí como refugiados. 

“Tenemos que a ayudar a les adoptants”, dice Boukhary, en referencia a los mauritanos locales que, al aceptar a los malienses en su país, él sugiere que los han “adoptado”. “Intervenimos para ayudarlos. Porque somos refugiados en su territorio. Nadie nos pidió que hiciéramos una cosa u otra. La iniciativa es nuestra”, reconoce. 

Traducción de Patricio Orellana

Ahmedou Ould Boukhary sabe que en cualquier momento, de día o de noche, puede recibir la llamada de las autoridades locales de Bassikounou, un pueblo en el sudeste de Mauritania. Alguien ha visto un incendio en uno de los pueblos ubicados en el borde del Sáhara. ¿En cuánto tiempo podrán llegar sus hombres?

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Boukhary lidera la Brigade Anti-Feu (la Brigada Anti-Incendios), una fuerza voluntaria de alrededor de 500 refugiados malienses que viven en el campamento M’bera, cerca de la frontera con Mali, a 18 kilómetros del pueblo. Cuando llega la alerta, equipos de entre 50 y 70 hombres se suben a las partes traseras de camionetas y salen del campamento a toda velocidad para luchar contra las llamas. A veces viajan más de 30 kilómetros para apagar incendios. 

Con poco más que hachas y ramas de árboles, la brigada ayudó a apagar 36 incendios en el campamento y sus alrededores durante la temporada más seca, que se extiende desde octubre hasta junio. Los incendios en general llegan después de las lluvias, cuando los matorrales, llenos de vegetación, se convierten poco a poco en un polvorín.

“Agotador y arriesgado”

Durante un simulacro reciente, los camiones van a toda velocidad hacia el desierto. Cuando frenan, los hombres saltan y empiezan a dar hachazos a un árbol pequeño, luego se reparten sus pocas ramas para usar como escobas improvisadas. Forman una fila, y empiezan a dar golpes al suelo como si estuvieran apagando un incendio de verdad. El polvo y la arena forman una nube en el aire caliente, que se llena del sonido de gritos animados. Sus herramientas quizá sean modestas, pero las ramas, si se usan bien, son suficientes para apagar las llamas de muchos matorrales. 

“Es un poco agotador y arriesgado”, dice Mine Hamada, uno de los líderes de la brigada. “Tenemos el coraje como para no tener miedo. Somos valientes; vamos a medianoche, a la una de la madrugada, vamos a la hora que sea. Vamos a los matorrales. Hay víboras, hay de todo, pero atacamos los incendios”, asegura. 

La llegada de miles de refugiados, que desde marzo huyen de la creciente violencia e inseguridad en Mali, ha reducido la cantidad de alertas este año. El ganado que traen se ha comido muchos de los matorrales y árboles que podrían haber sido una amenaza de incendio. Entre octubre de 2020 y junio de 2021, los equipos han apagado 58 incendios. 

Prevenir incendios

Fundada en 2013 por una iniciativa conjunta entre la ONG de Mauritania SOS Desert, las autoridades locales, y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), la brigada es uno de varios grupos de voluntarios formados en M’bera desde que se estableció el campamento hace diez años. El campo aloja a alrededor de 80.000 malienses. 

Además de apagar el fuego, la brigada de refugiados intenta mitigar el riesgo de otros incendios talando árboles y matorrales para crear cortafuegos entre áreas de vegetación. Los equipos también plantan árboles para reemplazar los talados para construir hogares en el campamento y para cocinar. Estos esfuerzos contribuyen a la Gran Muralla Verde, un enorme proyecto de reforestación que busca cultivar una barrera de 4.350 millas de largo para combatir la degradación ambiental del Sahel. 

Agradecer la acogida

Milagrosamente, los participantes de las brigadas solo han resultado heridos en una ocasión en los últimos nueve años, dice Hamada. En medio de los fuertes vientos, un hombre cayó sobre el incendio que combatía. Sus colegas pudieron sacarlo antes de que pudiera sufrir lesiones de mayor gravedad. 

Los voluntarios dicen que realizan este peligroso trabajo, por el cual muchas veces pasan horas en el territorio, porque quieren proteger el área en donde viven. Pero también lo hacen por gratitud, para compensar a sus anfitriones mauritanos los años que han pasado allí como refugiados. 

“Tenemos que a ayudar a les adoptants”, dice Boukhary, en referencia a los mauritanos locales que, al aceptar a los malienses en su país, él sugiere que los han “adoptado”. “Intervenimos para ayudarlos. Porque somos refugiados en su territorio. Nadie nos pidió que hiciéramos una cosa u otra. La iniciativa es nuestra”, reconoce. 

Traducción de Patricio Orellana

Ahmedou Ould Boukhary sabe que en cualquier momento, de día o de noche, puede recibir la llamada de las autoridades locales de Bassikounou, un pueblo en el sudeste de Mauritania. Alguien ha visto un incendio en uno de los pueblos ubicados en el borde del Sáhara. ¿En cuánto tiempo podrán llegar sus hombres?

La Unión Progresista de Fiscales denuncia la deportación de inmigrantes malienses desde Canarias

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Boukhary lidera la Brigade Anti-Feu (la Brigada Anti-Incendios), una fuerza voluntaria de alrededor de 500 refugiados malienses que viven en el campamento M’bera, cerca de la frontera con Mali, a 18 kilómetros del pueblo. Cuando llega la alerta, equipos de entre 50 y 70 hombres se suben a las partes traseras de camionetas y salen del campamento a toda velocidad para luchar contra las llamas. A veces viajan más de 30 kilómetros para apagar incendios.