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ANÁLISIS

El dinero italiano se hace fuerte en España

13 de septiembre de 2026 21:20 h

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Empresas italianas siguen tomando posiciones en sectores estratégicos españoles (energía, telecos, prensa, agroalimentación o finanzas), mientras las compañías locales siguen lejos del mercado transalpino.

La competición entre España e Italia es un divertimento en todas las disciplinas, desde las deportivas a las económicas. José Luis Rodríguez Zapatero llegó a decir en diciembre de 2007 que habíamos superado a Italia en PIB per cápita por primera vez en la historia moderna. Meses después, en julio de 2008, España ganaría la Eurocopa de fútbol. La Roja eliminó a penaltis a L´Azzurra en cuartos de final y el entonces presidente de España se lanzó a hablar del “sorpasso” a Italia y su nuevo objetivo, alcanzar a Francia. La realidad es que a la vuelta de aquel verano quebró Lehman Brothers y la crisis financiera saltó de Estados Unidos a Europa, y España fue uno de los países más afectados por el enorme endeudamiento acumulado, especialmente en el sector inmobiliario. La bonanza fue tan efímera que casi pareció un espejismo estadístico. Veinte años después, el PIB per capita de España está 34.210 euros y el de Italia en 38.310.

Pero hay algo que es difícil encontrar en las estadísticas más frecuentes y que se palpa cuando se viaja. Italia tiene polígonos industriales en cualquier lado, con un tejido de empresas mucho más amplio y rico que el español, y las familias cuentan con un fondo de armario más profundo que aquí; se nota en que acumulan más patrimonio. La Encuesta Financiera de las Familias que elabora el Banco de España dice que la riqueza neta media de las familias ronda 345.000 euros, cien mil euros menos que en Italia. Además, en el país vecino hay una mayor concentración de dinero, ya que el 10% de las familias, los ricos, acumula el 60,6% de esa riqueza, frente a un 52,9% en España.

El hecho de que haya más empresas y más familias ricas explica el enorme peso que Italia está cogiendo en España, además de que seguramente son mucho más osados. En las dos últimas décadas, compañías italianas han ido realizando adquisiciones en España de una manera silenciosa, hasta el punto de ser hoy claves en sectores tan estratégicos como energía, telecomunicaciones, infraestructuras, medios de comunicación o servicios financieros. Con el añadido, de que si se mira la incursión de empresas hispanas en el país de la bota lo que se encuentra es un páramo. Los protagonistas de este asalto son familias ricas, como los Benetton, Berlusconi, Bonomi o Agnelli, pero también al propio Estado.

Este proceso de compras no para. La semana pasada, la empresa del juego italiana Lottomatica y la española Cirsa acordaron su fusión, que en la práctica significa que la italiana se hace con el control de la compañía con sede en Terrassa (Barcelona). Es una operación que ha saltado en el radar porque ambas cotizan en Bolsa, con un valor agregado de unos 8.500 millones de euros, lo que obliga a ser transparentes. Al tiempo, Deoleo, el principal grupo español del sector del aceite, está a punto de caer también bajo manos italianas. El grupo transalpino Coricelli habría presentado la mejor oferta, alrededor de 500 millones de euros, para hacerse con el control de la empresa que envasa el Aceite Carbonell y Hojiblanca, en España, y Bertolli o Carapelli en Italia. Los actuales dueños de Deoleo, los fondos CVC y Alchemy, carecen de sentimiento patrio y venderán al mejor postor, pese a que el aceite sea clave para la región más grande de España, Andalucía.

En realidad la toma de control de Cirsa y, eventualmente, de Deoleo, son una anécdota dentro del despliegue de intereses que Italia ha realizado en España. La operación más grande y estratégica realizada desde aquel país ha sido la compra del viejo monopolio eléctrico (Endesa) por Enel, holding público italiano que conserva el 70%. Esta operación supuso una inversión de 36.000 millones de euros entre 2007 y 2009, que ya ha recuperado en su totalidad con la venta de negocios en Latinoamérica y los dividendos que ha cobrado de la filial española.

También son muy llamativas, y poco conocidas para el gran público, las inversiones en medios de comunicación. La familia Berlusconi, cuyo progenitor, Silvio Berlusconi, llegó a ser primer ministro de Italia, controla Mediaset (Telecinco, Cuatro y otros canales menores) a través del holding MediaForEurope, con intereses en compañías audiovisuales en diversos países. Igualmente, el empresario italiano Urbano Cairo se ha hecho con la propiedad del grupo editorial Unedisa, propietario de periódicos tan relevantes como El Mundo, Expansión o Marca. Dos grupos con enorme fuerza en la creación de opinión en España.

La familia italiana Benetton también ha apostado fuerte por España. Sociedades controladas por ellos como Mundys y Edizione son accionistas clave de grandes empresas como la compañía de autopistas Abertis (que la controla al 50% con la española ACS) y Cellnex (10,25%), propietaria de torres de telefonía por toda Europa, así como de la señal de televisión en España.

En la industria del automóvil aparece también uno de los apellidos más ilustres del empresariado italiano: los Agnelli. Aquellos que en su día adquirieron Pegaso para convertirla en Iveco, son actualmente los mayores accionistas de Stellantis. John Elkan, nieto de Gianni Agnelli, preside este holding que integra marcas como Chrysler, Fiat, Peugeot, Citroën, Jeep, entre otras, y cuenta con plantas de producción muy relevantes en Vigo y Zaragoza.

Mientras todo esto sucedía, las empresas españolas no han conseguido hacerse hueco allí. Lo intentaron BBVA, con la Banca Nazionale del Lavoro, que acabó en manos de los franceses de BNP; el Santander con el banco SanPaolo, y Telefónica con Telecom Italia. No hubo forma y manera. Tanto rechazo a los grandes financieros españoles no impidió que se instalara aquí con fuerza la aseguradora Generali, Reale Mutua o el banco Mediolanum.

Estas posiciones de Italia en España jugarán un papel clave cuando avance la integración empresarial dentro de los grandes países de la Unión Europea y cada país recuente sus tarjetas del Monopoly. La empresa española solo podrá enseñar Portugal.