Los editores de CLABE alertan de los riesgos del nuevo medidor de audiencias digitales
El principal motivo de alerta para los editores radica en la equiparación de las audiencias obtenidas en medios propios —webs, newsletters y aplicaciones— con el consumo generado en plataformas de terceros y redes sociales
Jóvenes leyendo teléfonos móviles EUROPA PRESS / UFV
El Club Abierto de Editores (CLABE), entidad que representa a 226 grupos editoriales de prensa y revistas, ha mostrado sus reservas ante el nuevo sistema de medición de audiencias digitales e impactos publicitarios que dibuja el pliego del concurso convocado por la AIMC, la organización que elabora el Estudio General de Medios (el EGM) y que busca ahora una nueva herramienta para comparar las métricas entre medios. CLABE reconoce y comparte la necesidad de adaptar las métricas a un ecosistema heterogéneo lleno de nuevos formatos y redes de distribución; pero en un comunicado firmado por su director general, Juan Zafra, advierte de los riesgos metodológicos de integrar todos los consumos en una métrica unificada.
El principal motivo de alerta para los editores radica en la equiparación de las audiencias obtenidas en activos editoriales propios —como webs, newsletters y aplicaciones— con el consumo generado en plataformas de terceros y redes sociales. Desde CLABE señalan que no es comparable una visita controlada editorialmente con la interacción en entornos ajenos, los cuales están gobernados por consumos “fragmentados, fugaces y fuertemente dependientes de algoritmos volátiles”. “Medir más no puede significar mezclar sin diferenciar”, señala la nota de CLABE.
Los editores advierten de que estos sistemas de recomendación externos tienden a “premiar contenidos emocionales, agresivos o polarizadores”, por lo que sumar estos datos de forma indiscriminada supondría una distorsión profunda en la comparabilidad entre los distintos medios de comunicación. En este sentido, la agregación de cifras podría crear incentivos perversos que prioricen las estrategias de distribución basadas en el clickbait o el rendimiento algorítmico, penalizando la calidad y el valor del trabajo periodístico.
Esta falta de diferenciación también supone una grave amenaza en el terreno de la publicidad institucional. Las administraciones públicas, señalan los editores, necesitan disponer de métricas que sean transparentes y homogéneas para garantizar que sus campañas de inversión se basen en la calidad informativa y la pluralidad. Mezclar los inventarios editoriales con plataformas donde abunda la polarización podría “dificultar enormemente esa evaluación y generar importantes problemas de trazabilidad”.
Para evitar este escenario, la asociación propone que el impacto en las redes sociales no se sume de forma global, sino que se presente separado del de cada web de noticias. Asimismo, plantean consolidar la métrica de Audiencia Diaria como el estándar definitivo del mercado, aplicando correcciones para eliminar los picos anómalos de tráfico (tanto de subida como de bajada) que suelen estar originados por factores externos al medio. Finalmente, exigen que la medición censal sea accesible para todos los medios que integren los ránkings, eliminando así las barreras económicas que hoy en día discriminan a muchas publicaciones locales y especializadas.