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Los expertos descartan un problema de salud pública con las garrapatas en Castilla-La Mancha

Imagen de una garrapata

Pilar Virtudes

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Con la llegada del calor y los meses de verano, proliferan los insectos y entre ellos algunos que pueden transmitir enfermedades al ser humano.

Recientemente, desde la Asociación de Jóvenes Agricultora (ASAJA) alertaban de los “problemas para la salud pública” tales como el aumento de las garrapatas debido a la sobreabundancia de conejos en el campo.

Este lunes Iván Sánchez, portavoz del Grupo Parlamentario Vox en las Cortes de Castilla-La Mancha, se ha hecho eco de estas afirmaciones elevando todavía más el tono. El diputado ultra habla incluso de “plaga de garrapatas en los municipios brutal” que “se nos van a comer a nosotros cuando salimos a dar una vuelta” por el campo.

¿Cuánto de cierto tiene esta última afirmación? ¿Cuánto de alarma social justificada o no? Fuentes de la Consejería de Sanidad, donde reside la competencia de Salud Pública de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, desmienten tales afirmaciones. “No hay impacto en problemas infecciosos por transmisión de garrapatas”, aseguran.

El aumento en la presencia de garrapatas se produce cada año coincidiendo con los meses de calor en la comunidad autónoma.

Francisco Ruiz Fons, científico titular del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) y miembro del IREC (Instituto de Recursos Cinegéticos de Castilla-La Mancha) explica que “este año venimos de un invierno lluvioso y cálido y ahora está el campo lleno de garrapatas como hacía muchísimo tiempo que no veíamos”. Se ha podido constatar gracias a las labores de control que anualmente se llevan a cabo a través del Plan de Vigilancia Entomológica, por encargo de la Dirección General de Salud Pública. Se vigilan tanto la presencia de garrapatas como de los mosquitos.

Pero una cosa es que haya “muchísimas”, dice, y otra que eso sea un problema de salud pública. Actualmente, asegura, “no tenemos un problema grave con las garrapatas en el caso de fiebre hemorrágica porque no hemos tenido una barbaridad de casos, aunque son muy llamativos”.

Según los datos que ofrece, “en España ha habido unos 20 casos con seis fallecidos por este virus desde el 2013”. En otros países como Turquía tiene casi 1.000 casos de este enfermedad al año pero “con la letalidad que tiene este virus, tenemos que estar atentos”, advierte.

Más allá de eso, el investigador advierte: “Son un problema de sanidad animal por las infecciones que le transmiten a las vacas, ovejas y cabras”.

Este año se ha puesto enmarcha una aplicación por parte del Ministerio de Sanidad denominada ‘Garrapata alert’ para el móvil y que sirve para enviar fotos con ubicación de dónde se ha encontrado una garrapata. “Detrás estamos los expertos que identificamos esa garrapata y también hay posibilidad de que se pueda enviar para su análisis”.

El científico reconoce que ha crecido el número de garrapatas asociadas en particular a ciervos y jabalíes. Las hay de muchos tipos, y unas son más peligrosas que otras. En rango de 'peligrosidad' las que se asocian al conejo no se encuentran entre las peores para el ser humano. “El conejo tiene la suya propia, más pequeña, que vive en las madrigueras y las encuentras también en los depredadores de los conejos”.

Sin embargo, añade, “donde hay confluencia de mucho conejo con ganado en vida libre y no se hacen tratamientos muy efectivos contra la garrapatas o allí donde convive con jabalí, con ciervo o con corzo, el conejo suele participar del mantenimiento de un tipo de garrapata que resulta ser muy importante desde el punto de vista epidemiológico si hablamos de personas. Es del tipo que transmite el virus de la fiebre hemorrágica del Crimea-Congo”.

Sobre esta cuestión, detalla que los estudios recientes realizados por el IREC, “indican que el conejo sí participa del mantenimiento de la garrapata pero no colabora en el mantenimiento del virus. Encontramos un 80% de ciervos con anticuerpos frente al virus y en conejo menos de 1%”, asegura.

Según Francisco Ruiz, “las especies que más han proliferado en España en los últimos 40 años son las que están en los jabalíes y los ciervos. Hay muchas evidencias que nos indican que antes las garrapatas que estaban asociadas a ellos eran menos abundantes”.

¿Qué precauciones deben tomarse?

La época de abundancia de las garrapatas comienza en abril y se alarga hasta finales de julio, porque con la canícula y el calor extremo de agosto baja la incidencia. En estos meses, “hay que ser precavidos”.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que las garrapatas no están por todas partes. Solo las encontramos en aquellos lugares donde se concentran los animales: “Donde hay mucho conejo puede haber mucha garrapata de conejo, donde hay muchos ciervos y jabalíes puede haber muchas garrapatas asociadas”, detalla.

Este experto da consejos para evitar incidencias cuando salimos al campo: “Lo recomendable es llevar ropa clara para que se vea si se sube una garrapata; pantalón largo con calcetines largos, camiseta que no sea de tirantes que evite que expongamos muchas parte de nuestro cuerpo”, y por supuesto una vez que lleguemos a casa sugiere “una revisión absoluta de todo el organismo, los rincones, las axilas, ingles, cuero cabelludo, etc”.

“La garrapata no nos pica en el momento porque necesita un proceso de varias horas para llegar a engancharse a la piel y empezar a picar, pero las tenemos que detectar lo antes posible”. En el caso de detectar su presencia, lo recomendable es acudir inmediatamente ir al centro de salud para que la extraigan, y si no tenemos uno cerca, extraerla con unas pinzas. “Es importante es quitarla lo antes posible porque cuanto antes la quitemos, antes evitaremos que nos transmita una infección”.

Una vez hecho esto, no hay que destruirla, sino llevarla a un centro de salud para que pueda ser estudiada. “Así nos llega a nosotros, la podemos analizar y estar pendientes de si tiene algún patógeno o por lo menos recopilar la información”, comenta el científico.

¿Y la leishmaniosis?

Desde ASAJA también se alertaba por la posibilidad de que la proliferaciones de conejos pueda incidir en el aumento de la Leishmaniosis.

Según Ruiz, “el problema del conejo es que a pesar de que es una especie considerada plaga en zonas agrícolas, se encuentra en peligro en otras zonas donde antes era abundante. Se estima que el 80% de los conejos que existían en España hace 40 o 50 años se han perdido, pero actualmente se ha podido comprobar que son cada vez más abundantes en zonas agrícolas donde dan muchos problemas a la agricultura”.

Es en estas zonas, dónde según señala, “puede jugar un papel en el mantenimiento de algunas infecciones que luego pueden transmitirse a las personas. Es el caso de la leishmaniosis, que en España esta causada por un protozoo que los conejos son capaces de mantener y transmitir a los flebótomos (pequeños mosquitos). Después nos pueden transmitir la infección a nosotros u otros animales como los perros”.

Esta, dice, es una “enfermedad endémica en España”. En Castilla-La Mancha muchos de los casos ocurren en la zona de Ciudad Real y Toledo y también hay casos, añade, “en el Levante, Islas Baleares, Comunidad Valenciana y Murcia”.

Durante el brote que tuvo como epicentro Fuenlabrada desde los años 2008-2009 y hasta el 2014 “se vio que una zona donde había muchas liebres y mucho conejo, que se había cerrado como parque, fue la causa del brote de 800 casos de leishmaniosis en Madrid”.

Además, Franciso Rúiz asegura que han comprobado que “una zona con muchos conejos tiene una incidencia más alta de leishmaniosis en personas. En Castilla-La Mancha lo acabamos de ver en unos datos que no tenemos publicados que existe una relación potencial entre esto”.

Los datos le llevan a afirmar que “evidentemente cuanto más conejo hay, más fácil es para un flebótomo (insecto) picar a los conejos y que haya más incidencia en las personas, ya que se contagia por vía del vector,: si te comes un conejo infectado no pasa nda. La infección la transmite el insector que pica y chupa sangre, que es más pequeño que un mosquito y que es abundante en ambientes rurales y granjas de ovino”. De ahí que, zanja, “es posible que la gente que vive en zonas donde hay mucho conejo este expuesta a este patógeno”.

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