El enclave romano de Cuenca que se encuentra entre los parques arqueológicos mejor conservados de España
En la provincia de Cuenca, a pocos kilómetros de la localidad de Saelices, los restos arqueológicos de Segóbriga ayuda a entender el pasado romano desde el propio terreno. El yacimiento ocupa el cerro de Cabeza de Griego, un punto elevado desde el que se domina el valle del río Gigüela y que ya estaba habitado antes de la llegada de Roma. Hoy forma parte de los parques arqueológicos de Castilla-La Mancha y mantiene una lectura clara de lo que fue una ciudad antigua.
El interés del lugar está, sobre todo, en que no hay una población actual levantada sobre sus restos. Eso permite seguir parte de su trazado, reconocer accesos, situar edificios principales y comprender cómo se distribuían los espacios públicos. Calles, murallas, teatro, anfiteatro, foro, termas, necrópolis y restos del circo forman parte de un recorrido que no se limita a enseñar ruinas aisladas.
Segóbriga nació a partir de un asentamiento de la Edad del Hierro y, tras la conquista romana, acabó integrada en la organización de Hispania. Su desarrollo se explica por su posición en las comunicaciones interiores y por el peso del lapis specularis, un yeso traslúcido utilizado como cierre de ventanas. En época de Augusto, la localidad obtuvo rango municipal y comenzó una etapa de obras que dio forma a buena parte de los edificios que hoy se visitan.
El enclave romano de Segóbriga
La antigua Segóbriga estuvo rodeada por una muralla de unos 1.300 metros, construida hacia el 50 a. C. Buena parte de ese perímetro todavía se reconoce en el terreno, aunque los sectores excavados con más detalle se encuentran en el lado norte, cerca del teatro y del anfiteatro. Las puertas se adaptaban a la forma del cerro, por lo que el acceso no respondía solo a una cuestión defensiva, sino también a la propia pendiente del lugar. La entrada norte tuvo carácter monumental y comunicaba con el área del foro.
El foro era además el centro de la vida pública. Como la ciudad se asentaba sobre una elevación, hubo que salvar desniveles mediante obras. Una de esas soluciones fue el criptopórtico, construido en época de Augusto para sostener la plaza superior y permitir que el espacio cívico tuviera una cota estable. En torno a ese ámbito se situaban edificios administrativos, religiosos y comerciales.
El teatro es uno de los puntos más reconocibles del parque. Su construcción comenzó en época de Tiberio y quedó inaugurado en tiempos de Vespasiano, hacia el año 78 d. C. Aunque no fue uno de los teatros de mayor tamaño de Hispania, conserva un graderío que permite entender cómo se organizaba el público. La grada se dividía en tres zonas, separadas por corredores, de acuerdo con la jerarquía social de la población.
Frente a ese edificio se encuentra el anfiteatro, levantado también en época de Vespasiano. Ambos flanqueaban una de las entradas principales y daban al acceso un carácter representativo. El anfiteatro tiene planta elíptica irregular, mide unos 75 metros de largo y pudo acoger a unas 5.500 personas. Una parte fue excavada en la roca y otra se construyó con muros de cantería. En el centro quedaba la arena, separada de las gradas por un podio.
La visita continúa por espacios vinculados a la vida cotidiana. Las termas del teatro ocupaban unos 350 metros cuadrados junto a la muralla norte y una calle de orientación este-oeste. Fueron construidas en la segunda mitad del siglo I a. C. y conservan restos de salas destinadas al baño, vestuario, sauna seca, estancia caliente con hypocaustum y letrinas. Más adelante, la ciudad contó con termas monumentales, de mayor tamaño y con áreas para ejercicio y baño.
El crecimiento de Segóbriga estuvo ligado al lapis specularis. Ese material se extraía en el territorio próximo y tuvo importancia en la economía local. La presencia del aula basilical, situada junto al foro y la vía principal, se relaciona con operaciones comerciales. También se conserva la conocida como casa del procurador minero, cerca de las termas monumentales, donde apareció parte de un mosaico de teselas blancas y negras que hoy se guarda en el centro de interpretación.
Fuera del recinto amurallado se encontraban las necrópolis, colocadas junto a las vías que salían del núcleo urbano. También en el exterior se levantó el circo, situado en una terraza al noroeste, cerca del anfiteatro. Fue construido a mediados del siglo II d. C. para las carreras de carros tirados por caballos. Aunque no se conserva completo, las excavaciones han permitido documentar parte de su planta, zonas de graderío y espacios de salida.
El valor patrimonial de Segóbriga no es reciente. Las antiguas ruinas de Cabeza de Griego fueron declaradas monumento histórico-nacional por decreto de 3 de junio de 1931, lo que supone su consideración actual como Bien de Interés Cultural. Décadas después, los trabajos arqueológicos y de restauración permitieron poner en valor los principales edificios. En 1975 se inauguró el Museo de Segóbriga, hoy Museo de los Epígrafes, que funcionó como museo de sitio hasta la apertura del parque arqueológico.
El recorrido actual parte del centro de interpretación, desde donde se accede al yacimiento por caminos señalizados y pavimentados. La visita permite seguir la evolución de un lugar que fue castro, ciudad romana, sede episcopal en época visigoda y, más tarde, un asentamiento cada vez más reducido. Tras la Reconquista, la población acabó desplazándose hacia el actual Saelices, mientras el viejo cerro quedó asociado al nombre de Cabeza de Griego.
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