ENTREVISTA AUTORA DE 'DÉFICIT'
Emma Holten: “El gran pecado de la economía es pensar que el valor puede reducirse a una cifra”
En 2020, la revista danesa Mandag Morgen publicó un artículo titulado Las mujeres todavía son un negocio deficitario para las arcas del Estado. Las mujeres, sostenía el texto, reciben más de lo que aportan: cogen permisos por maternidad, pasan más tiempo en casa cuidando y tienden a ocupar puestos peor remunerados y a tiempo parcial. Por aquel entonces, la consultora y experta en género Emma Holten (Copenhague, 1991) se recuperaba de un ingreso hospitalario debido a una enfermedad autoinmune. ¿Estaban las personas que la habían cuidado generando déficit por haber empleado tanto tiempo en atenderla? “Al parecer, el trabajo que desempeñaban no generaba un valor significativo, cosa que me sorprendió: me habían salvado la vida. Empecé a preguntarme cómo se determinaba el valor en la sociedad. Solo se podía acudir a un lugar: la ciencia económica”, relata Holten. Así nació Déficit. Cómo repensar la economía desde el valor de los cuidados (Seix Barral), un libro en el que la experta reconstruye la historia del pensamiento económico para explicar cómo el machismo se cólo en la manera en la que entendemos aún hoy el bienestar, el valor o el crecimiento.
Su libro surge de la indignación ante un artículo en la prensa danesa en el que se afirmaba que las mujeres somos una carga económica para el sistema porque recibimos más de lo que aportamos, a pesar de que, por ejemplo, somos las principales responsables de todo el trabajo de cuidados no remunerado. ¿Qué ideas económicas hemos interiorizado que permiten que se afirme algo así, tal y como se hizo en ese artículo?
Hemos concedido a los economistas el monopolio a la hora de decidir cómo medir el valor. Y la forma en que lo hacen es a través de los precios. Así pues, si algo no se paga, no se considera una contribución social, y si se paga poco, se considera poco importante. Los cuidados suelen ser gratuitos o mal remunerados, por lo que las mujeres aparecen en las estadísticas como contribuyentes de escaso valor. Pero no creo que el precio refleje el valor. En cambio, deberíamos interesarnos por lo que el trabajo crea y lo eso que significa para las personas.
¿Cómo se coló el machismo en el pensamiento económico moderno? En el libro sostiene que el problema estuvo en cómo comenzó a entenderse la libertad, el individuo, el progreso... y no tanto en cómo se concebía a las mujeres.
Sí, el individuo en economía se concibe como un ser muy independiente, muy racional y muy orientado hacia sus propios intereses. En un mundo en el que las personas se presentan así, el cuidado desaparece. En los modelos macroeconómicos no hay niños, ni enfermedades, ni muerte, ni dependencia de otros. Esto tiene su origen en la Ilustración, en lo que, en mi opinión, es un miedo a afrontar las propias vulnerabilidades. Estos hombres querían parecer poderosos, así que ocultaron todas las formas en las que necesitaban a los demás. Y las personas que los mantenían con vida solían ser mujeres que se dedicaban al cuidado. Esa teoría económica no comprende realmente lo que supone crear a un ser humano, ni lo que significa el cuidado para la riqueza, la alegría y una sociedad próspera. La economía moderna tiende a pensar que, si nos hacemos ricos, entonces seremos felices. Pero lo que vemos cada vez más es que la comunidad, la salud, la igualdad y la plenitud emocional no surgen por sí solas, sino que hay que cuidarlas y darles prioridad política, al igual que a la industria o la productividad.
Esta concepción de la libertad —incluida la libertad económica— como algo que se refiere exclusivamente al individuo, en contraposición a los lazos sociales, la solidaridad colectiva y la interdependencia, ¿no guarda un parecido sorprendente con lo que la extrema derecha defiende actualmente en distintas partes del mundo?
Sí, no creo que sea una coincidencia que nuestro interés por los cuidado esté en auge en este momento porque en todo el mundo ha vuelto el modelo del 'hombre fuerte'. Quería demostrar que defender los cuidados es también defender el derechos de los hombres a estar cerca de los niños, a establecer vínculos afectivos, a ser vistos como seres sensibles. No podemos tener un feminismo que idealice la vida de los hombres cuando nos encontramos en una situación en la que los hombres se están radicalizando por la rabia y la frustración que les provoca su situación.
"Necesitamos economías más centradas en las relaciones y el descanso, y menos en el consumo
Adam Smith y su 'mano invisible' son probablemente el teórico y el concepto más citados en nuestra economía contemporánea, pero usted señala la manipulación interesada de esa idea. ¿De qué manera se ha distorsionado y cómo se relaciona esto con la tesis de su libro?
Creo que volver a Adam Smith me ha hecho querer hacerle justicia. Sus teorías se han utilizado para justificar los mercados sin regulación, la 'belleza' del capital. ¡Pero él nunca escribió eso! Nos enseñan que la economía es como la física o la química, pero hay una larga y agitada historia de grupos de presión, intereses económicos y poder que ha determinado cómo se han enseñado las “teorías”. Cuando leas sobre economía, pregúntate siempre: ¿qui bono?, a quién beneficia.
¿Es necesario fijar un precio para valorar algo, o se trata precisamente de una premisa artificial que sigue impidiéndonos valorar aquellas cosas que no tienen un precio de mercado?
Para mí, el gran pecado de la economía es pensar que el valor puede reducirse a una cifra o a un ejercicio científico. La cuestión es esta: el valor es político. Lo que valoras refleja qué tipo de sociedad quieres, cómo ves a las personas y qué es importante para ti. No se le puede preguntar a un burócrata qué es valioso; deberíamos preguntárselo a los ciudadanos. Pero ya no lo hacemos y creo que por eso hay tanta gente enfadada.
Uno de los principios de la economía feminista, y que se repite a lo largo de su libro, es que el trabajo de cuidados debe ponerse en primer plano y valorarse, pero ¿cómo?
Haciendo que sea posible llevarlos a cabo. En este momento, casi todos los políticos se ven obligados a utilizar teorías económicas en las que es imposible valorar el cuidado. Están presentes en la legislación de la UE, en la universidad, en los departamentos económicos del Estado. Pero son una elección. Cuando construimos los estados del bienestar en Europa, no pensábamos como lo hacemos hoy. Si lo hubiéramos hecho, nunca habríamos tenido un estado del bienestar.
En este momento, casi todos los políticos se ven obligados a utilizar teorías económicas en las que es imposible valorar el cuidado. Están presentes en la legislación de la UE, en la universidad, en los departamentos económicos del Estado. Pero son una elección. Cuando construimos los estados del bienestar en Europa, no pensábamos como lo hacemos hoy. Si lo hubiéramos hecho, nunca habríamos tenido un estado del bienestar
Una propuesta muy debatida hace unas décadas fue el salario del ama de casa, una propuesta de algunas feministas para reivindicar un sueldo para las cuidadoras domésticas y que muchas otras rebatieron para evitar, entre otras cosas, que se reprodujera la división sexual del trabajo, es decir, que las mujeres siguieran a cargo de los cuidados por salarios seguramente muy bajos. ¿Qué opina?
Soy más partidaria de jornadas laborales más cortas para todos, independientemente del género. Creo que el trabajo remunerado es importante: para la independencia, la comunidad y el sentido de contribución. Preferiría que los hombres estuvieran más en casa. El salario de ama de casa nunca será tan alto como un sueldo, por lo que serán más vulnerable a la violencia y tendrán más dificultades para divorciarse y eso me preocupa.
En muchas ocasiones, la brecha salarial o la falta de mujeres en puestos de poder se atribuye al hecho de que las mujeres no queremos ocupar esos lugares, pero ¿no deberíamos plantearnos cómo son realmente esos puestos y qué sacrificios y condiciones conllevan?
Creo que cada vez más hombres tampoco querrán ocupar esos puestos. Si comparo a una enfermera que trabaja a tiempo parcial con un hombre que ocupa el puesto más alto de una empresa, no tengo nada claro quién de los dos lleva una vida más significativa y digna. Pero uno de ellos es más rico en dinero, eso está claro. Ningún trabajo debería alejarte de tu familia. En este momento, muchos puestos lo hacen. También hemos creado un tipo de masculinidad en la que tener un trabajo así te da dignidad, estatus y respeto. Eso nos dice mucho. Tenemos una cultura que obliga a las mujeres a quedarse en casa y otra que obliga a los hombres a salir de ella. Ambas son una tragedia en sí mismas. Creo que, sin duda, ha habido un apoyo más fuerte a un feminismo en el que las mujeres imitan la vida de los hombres. Pero, claro, eso se debe a que aumenta el PIB y el número de trabajadores. Me interesa mucho más una sociedad en la que los hombres tengan acceso a lo que las mujeres han tenido tradicionalmente. Necesitamos economías más centradas en las relaciones, el tiempo libre, el descanso y la familia, y menos en el consumo de productos.
Si comparo a una enfermera que trabaja a tiempo parcial con un hombre que ocupa el puesto más alto de una empresa, no tengo nada claro quién de los dos lleva una vida más significativa y digna. Pero uno de ellos es más rico en dinero, eso está claro. Ningún trabajo debería alejarte de tu familia. En este momento, muchos puestos lo hacen
La economía feminista ha criticado el PIB por haberse convertido en el indicador económico clave. ¿Cuáles son las limitaciones del PIB?
En primer lugar, no puede medir todo aquello que no tiene un precio. Esto ha supuesto un desastre tanto para la naturaleza como para los cuidados no remunerados. En este momento, parece que cuanto menos cuidados no remunerados realizamos y menos naturaleza sin explotar tenemos, más pobres somos. Por supuesto, eso no puede ser cierto. La siguiente cuestión es que utiliza los precios para medir el valor. Así, una persona que gana 10.000 euros se considera más valiosa que alguien que gana 1.500. En la economía feminista nos interesa lo que el trabajo aporta, no lo que cuesta. Muchas personas que ganan mucho dinero están destruyendo valor, no creándolo.
En su libro, analiza cómo Dinamarca ha intentado “ponerle un precio a la naturaleza” creando lo que se conoce como “PIB verde”. ¿Por qué resulta problemático este enfoque y cómo se relaciona con el trabajo de cuidados?
En economía siempre existe el sueño de encontrar el precio perfecto y, con ello, encontrar el valor perfecto. Se trata de un callejón sin salida. Cualquier servicio, ya sea la naturaleza o los cuidados, es multidimensional. Afecta al planeta, a los seres humanos, a los lugares de trabajo. No debemos tener miedo de esta complejidad. La economía consiste en comprender las relaciones y cómo funcionan las cosas en conjunto. No en cómo aislarlas unas de otras. Y un economista nunca puede decirnos qué es valioso. Esa es una cuestión democrática.