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ANÁLISIS

SpaceX, Anthropic y OpenAI quieren que sus salidas a bolsa les concedan el dominio tecnológico del siglo XXI

5 de junio de 2026 22:21 h

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Durante décadas, las revoluciones tecnológicas siguieron un patrón reconocible. Primero llegaba la innovación, después el entusiasmo, más tarde el dinero. Sin embargo, la IA está alterando esta normal evolución de los acontecimientos, hasta el punto de constatar que las futuras batallas por el cetro tecnológico del planeta no se librarán en laboratorios ni en centros de investigación, sino en los mercados de capitales.

En cuestión de semanas, tres multinacionales de nuevo cuño, surgidas en el último decenio, pero a las que Wall Street les ha concedido un papel digital estelar y reservado un lugar en el club de las Siete Magníficas –Nvida, Microsoft, Apple, Alphabet, Amazon, Meta y Tesla– las emblemáticas bigtechs estadounidenses, registrarán sus actas de nacimiento como empresas cotizadas. Pese a que SpaceX, Anthropic y OpenAI no acuden al mercado para acaparar unos flujos de capital que, por su tamaño, quedaban hasta ahora reservados a las partidas presupuestarias estatales.

La operación de SpaceX, por ejemplo, podría recaudar hasta 86.000 millones de dólares, según la compañía de Elon Musk asumidos por la práctica totalidad de firmas de inversión. Una cifra similar a las partidas anuales de ministerios de gasto como los que gestionan las infraestructuras en las potencias industrializadas y que supera con creces a los presupuestos anuales promedio de las naciones en desarrollo. Incluso de varios mercados emergentes. 

Si las planificaciones corporativas se cumplen, SpaceX debutará presumiblemente el próximo 12 de junio en el parqué neoyorquino. Después de fijar el precio de su oferta la jornada precedente, con una valoración que el consenso valora en 1,8 billones de dólares, cantidad algo por debajo del PIB español. Anthropic, que ha iniciado los trámites regulatorios ante la SEC, aspira a superar el billón de dólares, casi el calibre de la economía polaca. Mientras OpenAI prepara su operación, en meses, tras calcular un valor de 850.000 millones; algo más que el PIB irlandés.

Tomadas desde un prisma individual, cada una de estas salidas a bolsa sería histórica. Pero si se observa conjuntamente, ganan en relevancia, porque esta Triple Corona representa el gran salto transformador de la IA hacia una nueva clase de activos. La primera oleada de esta revolución tecnológica estuvo dominada por aplicaciones capaces de crear texto, imágenes o códigos. Pero la segunda exige construir la infraestructura que debe alimentar sus sistemas. Desde centros de datos gigantescos, hasta redes eléctricas reforzadas, chips avanzados con elevadas capacidades de almacenamiento y conectividades universales.

Triple salto bursátil y ¿primer billonario?

La magnitud de este fenómeno en ciernes deja, sin embargo, una profunda paradoja. Esta triada de potenciales bigtechs no busca liquidez porque carezcan de ella, sino porque los cientos de miles de millones de dólares de los que disponen no son suficientes para financiar la competitiva y más costosa carrera tecnológica de la historia moderna. De modo que sus inversores no desean avalar sus aplicaciones. Más bien, pretenden invertir en la nueva arquitectura económica global.

SpaceX saldrá a bolsa a un precio de 135 dólares por acción. De subir apenas un 1,2%, hasta los 136,6 dólares, la fortuna de Musk le convertiría en el primer billonario de la historia. Hay muchas opciones de que lo consiga. JP Morgan ha convocado a 2.500 grandes patrimonios para acordar una oferta excepcional de adquisición de valores SpaceX en sus carteras y fondos de inversión. Mientras Anthropic ha elegido a Morgan Stanley y Goldman Sachs para liderar su OPV, prevista para octubre, al tiempo que estrecha sus lazos con Nvidia a través de un acuerdo con SpaceX para usar unos 325.000 circuitos integrados de alta gama del fabricante de chips californiano en sus servicios de computación para IA.  

En paralelo, desde China también se mueven fichas. DeepSeek, la start-up que logró zarandear los mercados en febrero de 2025 por la calidad de su IA hasta generar una preocupación general de las bigtechs americanas con Trump recién aterrizado en la Casa Blanca, está en la fase final de un acuerdo para recaudar hasta unos 7.400 millones de dólares. La mayor ronda de financiación conocida en la historia bursátil del gigante asiático, informa Bloomberg.

Para Matthew Kennedy, estratega de OPVs (oferta pública de acciones, que es como se conocen las salidas a Bolsa) en Renaissance Capital, la cuestión central no gira en torno a cuánto dinero recaudarán, sino en sus plácets de mercado. Sus estrenos les darán impulso para marcar el rumbo y la velocidad que tomará Wall Street con los valores vinculados a la IA, y condicionará la narrativa de los inversores, inmersos en un mar de dudas sobre si sus billonarias inyecciones de capital recibidas justificarán las predicciones de productividad y rendimiento de sus proyectos. Estas cartas de navegación —asegura Kennedy— son relevantes porque, por primera vez desde el auge de Internet varias tecnológicas con unas capitalizaciones cercanas al billón de dólares accederán simultáneamente a los grandes centros de negociación de valores. En un momento en el que Wall Street rebosa apetito por el riesgo.

De Marte a los centros de datos orbitales

La más espectacular de estas operaciones será, previsiblemente, la de SpaceX. Fundada en 2002 por Elon Musk, forma parte de la mitología de Silicon Valley. A raíz de un viaje de Musk a Rusia para adquirir viejos misiles balísticos y convertirlos en lanzaderas espaciales de bajo coste. Pese a que la negociación fracasó, durante su vuelo de regreso calculó la factura de fabricar cohetes baratos. Varios años de pérdidas y lanzamientos fallidos después, la firma sobrevivió. Gracias a un contrato de la NASA en 2008, a la puesta en órbita de Starlink, el principal operador mundial de viajes espaciales y a la integración en su estructura de xAI, su firma de IA.

En la actualidad, a los ojos de los inversores, su emporio espacial combina satélites, IA y negocios vinculados a Defensa, telecomunicaciones y centros de datos orbitales. El mercado no sólo está comprando cohetes, sino la visión muskiana de la infraestructura tecnológica que reclaman los avances del Siglo XXI.

Sin embargo, la OPV también destila incertidumbre. El folleto preliminar no descarta posibles pérdidas multimillonarias asociadas al negocio de la IA y una concentración de poder corporativo sin precedentes. Musk conservará alrededor del 85% de los derechos de voto y recibir incentivos de hasta 760.000 millones de dólares, lo que limita la influencia de los accionistas minoritarios. Además de presuntos conflictos de intereses, ya detectados por Bloomberg, que apunta a varios altos cargos del Gabinete Trump que compraron participaciones en SpaceX o xAI mientras la firma acumulaba contratos federales millonarios. Por si fuera poco, el modelo que representan SpaceX, Anthropic y OpenAI acelera procesos de automatización que, para Boston Consulting Group, podrían reducir miles de empleos técnicos y profesionales en los próximos años.

OpenAI: el laboratorio que cambió la historia

Si SpaceX simboliza la infraestructura física, OpenAI es el icono de la IA como fenómeno masivo y global. La compañía nació en 2015 de la mano de Sam Altman, Greg Brockman, Ilya Sutskever y... Elon Musk –entre otros– sin aparente pecado original. Porque se concibió como entidad sin ánimo de lucro. Con la misión de evitar que la IA avanzada estuviera en manos de un ramillete de firmas.

Pero el altruismo dejó paso a la ambición. El diseño de modelos sofisticados requiere recursos financieros imposibles de obtener con métodos tradicionales, justifican ahora sus ejecutivos. De ahí que OpenAI creara una estrategia de negocio híbrida capaz de captar miles de millones de dólares y atraer socios estratégicos. Hasta el 30 de noviembre de 2022, fecha del lanzamiento de ChatGPT. Ninguna aplicación había alcanzado una devoción social tan fulgurante. En cuestión de meses, la empresa pasó de ser un laboratorio tecnológico a personificar la revolución de la IA. Su salida a bolsa adquiere un significado especial. Será la primera vez que Wall Street valorará directamente a la firma que había provocado el cambio de paradigma de la IA. Aunque deberá demostrar que su liderazgo puede generar rentabilidades sostenibles.

Adrian Cox, analista de Deutsche Bank Research, y sus colegas de HSBC ponen el dedo en la llaga al señalar los pros y los contras de la maniobra bursátil de Altman. “Una valoración superior al billón convertiría a OpenAI en una de las 15 compañías más valiosas del mundo desde el primer día de cotización, un hito sin parangón”, admite Cox. Pero, al mismo tiempo –dicen en HSBC– OpenAI podría perder hasta 14.000 millones de dólares y precisar otros 200.000 millones antes de 2030 para sostener su expansión.

Anthropic: la escisión que desafió al líder

La historia de Anthropic también tiene ínfulas de grandeza. Surgida en 2021 por exingenieros de OpenAI liderados por Dario y Daniela Amodei, que defendían un enfoque de mayor prudencia en el desarrollo de modelos avanzados, su escisión de esta última se calificó de distanciamiento intelectual. Los Amodei no dudaron del potencial de la IA, pero sí de su celeridad.

Sin embargo, su apuesta cayó también en saco roto. Claude, su plataforma de IA de rendimiento inmediato, se propagó entre las grandes empresas, mientras Mythos, su nueva generación de ciberseguridad, ha despertado un inusitado interés de gobiernos y entidades financieras.

La reciente negociación para facilitar el acceso de Mythos a empresas e instituciones de la UE refleja hasta qué punto el valor de la compañía trasciende del ámbito comercial. Bruselas teme que las ciberamenazas no procedan solo de grupos criminales o servicios de inteligencia, sino de sistemas de IA capaces de identificar vulnerabilidades y explotarlas en tiempo real. Mandeep Singh, director de investigación tecnológica de Bloomberg Intelligence, alerta de que el principal riesgo reside en “la creciente interconexión entre sistemas financieros, infraestructuras digitales y modelos avanzados de IA”. En un escenario extremo, “un ataque automatizado sería capaz de dañar simultáneamente redes de pagos, energía y banca, en una especie de ”cascada de alcance universal“.

Jay Ritter, director de la IPO Initiative de la Universidad de Florida, considera que el verdadero examen para Anthropic y OpenAI se producirá cuando se analicen sus cuentas de resultados en sus fases de madurez. A su juicio, ambas ostentan estructuras de costes gigantescas y demandas permanentes de capital. Advertencia que comparte Harrison Rolfes, de PitchBook: “el mercado está valorando unos negocios sin arquitectura visible y apostando por ingresos futuros”, lo que rememora la crisis de las puntocom.