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La acidez de estómago constituye uno de los problemas digestivos más comunes en España. Se da en un 30% de los españoles al menos una vez a la semana, según datos de la Federación Española del Aparato Digestivo (FEAD), que matiza que, cuando esta molestia se sufre más de dos días a la semana, debe considerarse como un síntoma de la Enfermedad de Reflujo Gastroesofágico (ERGE).
Cuando la acidez es puntual, puede ser consecuencia de haber comido mucho o de haberlo hecho demasiado rápido. Pero también puede deberse a otras causas como el estrés o hábitos de vida poco saludables, como el tabaco, el consumo de alcohol o la obesidad.
Qué son los antiácidos
Los antiácidos ofrecen una respuesta rápida a comidas copiosas y digestiones pesadas, cuando aparece una sensación de ardor en la boca del estómago y en el pecho. Además, pueden obtenerse sin receta médica, lo que simplifica mucho disponer de ellos en cualquier momento.
Los antiácidos elevan el pH del estómago para neutralizarlo, lo que conlleva un alivio rápido del ardor. Las moléculas, al entrar en contacto con el ácido clorhídrico, los transforman en un nuevo compuesto químico no ácido, en la mayoría de los casos en sal y agua.
Lo importante de estos productos son sus ingredientes activos. Los hay con bicarbonato y sales; almalgato y magaldrato; pantoprazol; antiflatulentos; magnesio y aluminio; antagonistas H2. Todos ellos alcalinizan el pH gástrico de una forma particular.
Pero, ¿podemos tomarlos todos los días? ¿Pueden aparecer efectos secundarios?
Los efectos de un mal uso de los antiácidos
La efectividad de los antiácidos es clave cuando se toma en casos puntuales (menos de cuatro veces al mes). Son de acción rápida (suelen actuar en menos de 15 minutos), pero temporal (duran menos de una hora).
Muchos de los efectos secundarios de los antiácidos proceden de no tomarlos según las indicaciones que aparecen en el prospecto. La forma correcta de usarlos es hacerlo solo en momentos concretos, de forma ocasional y en las dosis recomendadas.
De no ser así, aumenta la posibilidad de que aparezcan efectos adversos como los siguientes:
- Diarrea: los antiácidos que contienen magnesio actúan rápidamente. Es, después del carbonato de calcio, el antiácido con un poder neutralizante de ácido mayor. Pero su uso excesivo puede causar diarrea, que suele ser leve y acaba cuando se suspende el medicamento. Esto ocurre porque el hidróxido de magnesio aumenta la cantidad de agua en los intestinos.
- Estreñimiento: es uno de los síntomas más comunes del uso excesivo de antiácidos, sobre todo de calcio y aluminio. Este síntoma suele permanecer mientras se toman los antiácidos, por lo que es importante cambiar a un medicamento distinto.
- Disminución de la absorción de otros fármacos: los antiácidos también pueden interferir con la función de otros medicamentos. Por tanto, es importante usarlos con precaución, sobre todo aquellas personas con dolencias crónicas como insuficiencia cardíaca, insuficiencia renal, personas con dietas bajas en sodio o con hiperparatiroidismo. Por ejemplo, y debido a que la mayoría contiene calcio, esto anularía la absorción de un suplemento de hierro. También se reduce la absorción de ciertos antibióticos. Es aconsejable tomar cualquier otro medicamento una hora antes o cuatro horas después de tomar los antiácidos.
- Retención de líquidos: cuando el antiácido es a base de calcio o sodio, actúa neutralizando los ácidos estomacales. Pero si se usan de forma prolongada, aumenta la retención de líquidos y sube la presión arterial. Por tanto, debe evitarse en personas con hipertensión o cardiopatías.
- Hipercalcemia: el carbonato de calcio es un antiácido de acción rápida y es el que mayor poder neutralizante tiene. Pero tomar demasiados preparados con calcio puede provocar una “sobredosis” de calcio, lo que se traduce en la aparición de síntomas como náuseas, vómitos, y cálculos renales.
- Acumulación de aluminio: las personas con enfermedad renal deberían evitar tomar antiácidos, sobre todo los que contienen aluminio, porque su función renal, que está deteriorada, puede favorecer la acumulación de un nivel tóxico de aluminio en el torrente sanguíneo.
- Más acidez: el consumo excesivo de antiácidos durante un periodo de tiempo prolongado aumenta el riesgo de que consigamos justo el efecto rebote, es decir, más acidez. Como ya explicábamos en este artículo, en cantidades excesivas de bicarbonato de sodio, el estómago produce mayor cantidad de ácido para compensar que ha sido neutralizado por la sustancia básica. Esto nos llevará a tomar más bicarbonato que, a la vez, hará que el estómago produzca más ácido.
Tomar antiácidos cuando sufrimos acidez estomacal no es contraproducente, pero solo deberían ser una solución temporal porque no están destinados a un uso diario y continuado. Debe tenerse en cuenta que no obtenemos más eficiencia aunque tomemos más de lo indicado.
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