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“Mi novio me dejó con un mensaje escrito por ChatGPT”: por qué resulta tan difícil abordar una ruptura

Andrea Proenza

5 de mayo de 2026 21:33 h

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“Lo siento. No puedo. No me odies”. Estas son las escuetas palabras, redactadas sobre un post-it, con las que Berger rompe con Carrie antes de abandonar su casa en medio de la noche en la sexta temporada de Sexo en Nueva York. A la mañana siguiente, cuando Carrie se lo cuenta a sus amigas, no puede creer lo sucedido y recuerda los tiempos en los que el hecho de que alguien rompiera contigo por teléfono era lo peor que te podía pasar. De eso está muy al tanto Taylor Swift, que vivió una ruptura en 2008 por parte de Joe Jonas, que la dejó a través de una llamada de, exactamente, 27 segundos, que se convirtió en un hito de la cultura popular.

Con el paso del tiempo, el abandono amoroso ha ido adoptando distintas formas: cartas, telegramas, fax, emails, post-its o whatsapps. Pero, a todos ellos, se ha sumado recientemente otra tendencia: utilizar la inteligencia artificial. Ya no solo evitamos la confrontación del cara a cara, sino que también evitamos implicarnos en el propio acto de enunciación, y dejamos que sea una interfaz la que seleccione las palabras por nosotros.

Si las rupturas son algo tan habitual del vínculo amoroso como el enamoramiento, ¿por qué nos sigue costando tanto hacerles frente? Y, ¿qué dice de nosotros —y qué se pierde en el vínculo— cuando la ruptura deja de ser un acto compartido para convertirse en un mensaje mediado? 

Evitación del cara a cara 

Cuando se lo enseñé a amigas, varias de ellas me lo dijeron sin que yo les dijera nada. Era muy ambiguo, redundaba en las mismas ideas, era un texto muy largo y decía cosas que no significaban nada”, así relata Silvia (nombre ficticio), de 38 años, el mensaje que recibió hace pocas semanas del hombre con el que estaba saliendo. Esa fue la constatación —sin llegar a conseguir una confirmación total porque acto seguido la bloqueó— de que la persona con la que estaba saliendo acababa de romper con ella por WhatsApp y, además, con un mensaje que no había escrito por sí mismo. “Creo que le dijo a ChatGPT —que además sé que lo usaba mucho para currar— que redactara un mensaje de ruptura que sonara suave, educado, poco machista… Como si le hubiera pedido ayuda a un psicoanalista o a una amiga”, reflexiona.

Que a Silvia la dejaran a través de un mensaje es algo muy habitual en nuestra sociedad contemporánea. Celia Betrián, psicóloga especializada en relaciones, autoestima y sexualidad, explica que esta creciente tendencia en los últimos años a evitar las rupturas cara a cara proviene de una necesidad por evitar la incomodidad. “Toda ruptura es un cambio. Es muy incómodo, nos invita a mirar hacia adentro, a responsabilizarnos, a ser fuertes porque nuestro cuerpo quiere volver con esa persona. Elegir no hacerlo a la cara tiene que ver con ese miedo al conflicto, a responsabilizarse, a querer evitar la incomodidad de tener que decir algo mirando directamente a la otra persona”, explica.

Elegir no hacerlo a la cara tiene que ver con ese miedo al conflicto, a responsabilizarse, a querer evitar la incomodidad de tener que decir algo mirando directamente a la otra persona

Ante la dificultad para habitar situaciones incómodas, la tecnología se va convirtiendo en la aliada perfecta para gestionar —o directamente evitar— ese momento. Esta es la premisa de la que parte Dolor exquisito (Ediciones Comisura, 2026), la obra experimental de Sophie Calle en la que, a partir del intenso dolor generado por el telegrama de ruptura recibido durante su estancia en Japón por parte del hombre con el que está saliendo, decide iniciar un proyecto artístico con el que busca diseccionar ese dolor. En las dos partes que conforman su obra, Antes del dolor y Después del dolor, Calle muestra la evolución de un duelo amoroso que nace de la incomprensión ante la falta de claridad y la distancia de la otra persona. “Lo interesante aquí tiene que ver con el hecho de que en un contexto de vulnerabilidad como lo son la ruptura y el consiguiente duelo amoroso, Calle se sitúa en un lugar de agencia gracias a la actividad creativa y opta por narrar su historia intercalándola con testimonios de otras personas vinculados a experiencias muy dolorosas”, explica Sandra Ramos, profesora de literatura y filosofía e investigadora independiente.

Sin embargo, Ramos destaca el hecho de que, al contrario que en la historia de Calle, cuando este proceso se externaliza con la mediación de una inteligencia artificial, tanto la persona que busca aferrarse a algo ante el abandono, como la que busca autoafirmarse al poner fin a una relación, están menos presentes en el texto. 

Esa incapacidad para encontrar a la persona en el texto también se produjo en el caso de Laura, de 39 años. En su caso, al igual que en el de Sophie Calle, la relación también estaba atravesada por la distancia, lo que provocó un desgaste de la misma. Después de que decidieran dejarlo, Laura recibió un mensaje del hombre con el que estaba saliendo a modo de “despedida”. “Era el típico mensaje que le preguntas a la IA sobre cómo dejar a alguien con quien tienes una relación a distancia. Estaba lleno de frases hechas y, ya después, y sabiendo que él utilizaba la IA para escribir mensajes, dije: yo creo que esto también está hecho con IA”, explica. 

Era el típico mensaje que le preguntas a la IA sobre cómo dejar a alguien con quien tienes una relación a distancia. Estaba lleno de frases hechas

O en el caso de Cristina, de 31 años, que no se encontró ante la tesitura de que alguien rompiera con ella con un mensaje de estas características —en esa relación fue ella quien decidió romper por una serie de desencuentros—, sino que la otra persona intentó convencerla de no dejarlo a través de un mensaje por Instagram redactado con IA. “No se metía en nada concreto en el tema de la discusión que habíamos tenido y estaba lleno de tópicos. Ya me dio la sensación, pero, además, en ese momento Instagram daba la opción de pinchar en el mensaje y salía como un aviso de que [el mensaje] podía estar redactado con IA. Me quedé muerta”. 

Cuando una persona decide utilizar la inteligencia artificial para redactar un mensaje vinculado con lo afectivo, Betrián —psicóloga— explica que es peligroso porque “nos está alejando de ser auténticos, de ser espontáneos, de expresar lo que realmente sentimos. La herramienta siempre va a buscar esa presunta perfección, que no haya fallos. Y somos personas, no hay ningún problema en que lo expresemos tal y como lo estamos sintiendo”. Pero, además, asegura que también produce un impacto en la persona que recibe el mensaje: “Aparece el desconocimiento por no saber bien con quién te estás vinculando y quién hay detrás de la pantalla. Te preguntas: ¿por qué no me habla mi pareja?”.

La desaparición del yo

Ante el desdén que provoca el hecho de que un vínculo amoroso se produzca —o termine— a través del texto escrito, Sandra Ramos, que ha investigado en profundidad la escritura como acto erótico, habla de las bondades de la carta. “Me gusta pensar que la carta, o el texto escrito que tiene por interlocutor a un tú es un adentro, un lugar de intimidad cuyo acceso parcial permitimos al otro (aunque sea para declarar nuestro deseo de alejarnos). Hacer esto presupone un trabajo en diversos sentidos: emocional, reflexivo y lingüístico. Al escribir reconocemos nuestra vulnerabilidad, nos mostramos al tiempo que reconocemos la vulnerabilidad del otro”, reflexiona.

En esta vulnerabilidad, a veces el “yo” también puede desaparecer. De hecho, a Ramos le parece interesante confrontar la “desaparición del yo” que se produce en la inteligencia artificial con el trabajo de la escritora Marguerite Duras. La investigadora remite a la obra La vida material (Alianza, 1987), en el que la francesa dice: “Escribo para desplazarme de mí al libro. Para aligerarme de mi importancia. [...] A medida que escribo, existo menos”. En el caso de Duras, “nos hallamos ante un yo que coquetea con la fantasía de dejar de decirse para abrirse a algún otro (el amado, Dios, las cosas que queremos nombrar a través de las palabras). En el segundo caso se trata de un texto compuesto por huellas de textos de otros yoes que no pueden rastrearse, el cual carece de genealogía, de historia”, explica.

La IA nos permite redactar adioses aplicables a todas las relaciones y, por tanto, insuficientes para cualquiera de ellas

En esto concuerda Elena Pastor, filóloga y poeta, autora de las apañadas (ediciones en el mar, 2024), quien explica que “el lenguaje es una parte imprescindible de las relaciones. Y, entretejido con los recuerdos, los espacios compartidos y los olores de las otras, contribuye a configurar los universos particulares en los que se desarrollan cada uno de nuestros vínculos. La forma en la que nuestro idiolecto —la manera particular de usar la lengua de cada persona— moldea sus bordes, incluye nuevos conceptos y juega con las palabras ante la interacción con otros idiolectos es, sin duda, un rasgo identitario de cada una de nuestras relaciones”.

Esos paralelismos que se muestran en los diversos textos generados con IA —llenos de frases hechas y tópicos— rompen con el idiolecto al generar una despersonalización y, por tanto, una homogeneización del lenguaje afectivo. “Delegar en la IA en estos casos es anteponer la corrección y la adecuación a la norma —una norma tan ajena como poco representativa de todo lo que se salga del marco del amor blanco, burgués y cisheterosexual orientado al matrimonio y la descendencia— a aquello que caracteriza al vínculo: el olor a champú que deja el pelo de tu ex en cada estancia, la forma en la que pronuncia las eses o el apodo con el que te nombra en la intimidad. La IA es correcta, pero foránea a la cotidianidad compartida, al sonido de las voces entrelazadas y al temblor en la voz ante una despedida”, continúa Pastor.La IA nos permite redactar adioses aplicables a todas las relaciones y, por tanto, insuficientes para cualquiera de ellas”, concluye.